Mantener la unión familiar y fortalecer los lazos

En la quinta “Don Pepe" se celebró el encuentro bautizado con el nombre “Casals fest", que se viene desarrollando en forma ininterrumpida desde 2017. Este fue un evento especial porque el reencuentro se produjo después de todo lo vivido tras la pandemia.

30/11/2021 18:03

El sábado 20 de noviembre, en la quinta “Don Pepe”, que lleva ese nombre en honor a uno de los hijos de quienes dieron origen a esta gran familia, se celebró el encuentro bautizado con el nombre “Casals fest”, que se viene desarrollando en forma ininterrumpida desde 2017.

Este fue un evento especial porque el reencuentro se produjo después de todo lo vivido tras la pandemia. Del mismo participó parte de la familia que pudo venir desde Buenos Aires, Paraguay y de otras localidades de Misiones y de Corrientes. En el año 2020, la convocatoria fue una semana antes del cierre total de actividades por la pandemia. La familia Casals reconoce sus orígenes en Rómulo Casals, bisabuelo de estos primos organizadores, oriundo de Barcelona, España, que llegó a la Argentina, en 1852. Se instaló en la localidad correntina de Alvear, donde formó su hogar con Epifania Vergara, una sombrerera de familia de “catalanes”. Tuvieron cinco hijos y explotaban un comercio. Luego decidieron trasladarse a Misiones. Llegaron a Posadas en 1912.

 

De los primeros maestros

Emilio Germán Casals, nacido en 1893, fue uno de los primeros maestros que se recibió en Posadas. Formó pareja con Leonor Magaldi. Estos son bisabuelos y abuelos de los primos Casals que hoy sostienen el encuentro para que sus familias afiancen sus lazos y los fortalezcan.

Los Casals, ya en estas tierras misioneras, eran en su mayoría correntinos que vinieron para ocupar cargos en las escuelas de Misiones.

Emilio German Casals y Leonor Magaldi, se casaron en 1920, en la iglesia catedral de esta ciudad. Eran hijos de: Rómulo Casals, que llegó desde España en 1852, y de Miguel Magaldi, que vino desde Italia, como carpintero ebanista, en 1888. Se radicaron en Misiones para toda la vida. Recordaron que para obtener el consentimiento y poder casarse, el que tuvo que “pedir la mano” de la novia, fue el profesor de inglés Spechen.

Después de contraer matrimonio, Emilio y Leonor tuvieron varios hijos: los tíos “Toto”, “Pepe”, “Nene” y “Titito”, y las tías, “Porota”, “Ñata”, y “Lulita”, padres de los primos unidos que sostienen estos encuentros.

Emilio se desempeñaba como director y maestro de la Escuela N° 20, de San José. Después fue traslado hacia Apóstoles, cerca del arroyo Chimiray. En esa zona, había comprado una chacra que era propiedad de la familia Derkarch, donde hizo plantar arroz, yerba mate y mandó construir el horno para fabricar ladrillos con malacate. Emilio tenía noción de estas cosas porque había asistido a la escuela de agricultura para la práctica de los cultivos.

A estos descendientes se sumaron apellidos de parientes como Piró, Blanco, Claro, Codino, González y otros tantos más que por estar unidos celebran el encuentro tradicional. El objetivo de los primos Casals es seguir manteniendo la unión familiar y fortalecer lazos de las nuevas generaciones, con estos encuentros donde comparten anécdotas, risas, baile y muchos recuerdos, convencidos que la familia “es lo primero” y así dejar como legado la unión y el amor familiar a sus hijos y nietos.

Quienes estuvieron al frente de la organización en esta oportunidad fueron los primos: Moñi, Emilio, Carlos, Alberto, José Luis, Luisa, Alicia, René, Neluca, Tucu, Analía y Beatríz.

 

 

Maestra de monte

Nélida Concepción “Porota” Casals de Blanco, nació en Posadas en 1921, y era la mayor de sus hermanos.

En una oportunidad, ahondando en los recuerdos, dijo: “Soy sólo maestra de monte” haciendo alusión a la profesión que ejerció en el interior de Misiones, como otros varios de su familia.

Contó que le otorgaron el diploma docente en 1940. “La escuela Normal estaba en Entre Ríos y San Lorenzo y nos parecía lejos, como en el ‘quinto infierno’, porque los caminos eran polvorientos y en los días de lluvia, por el barro pegadizo de la tierra colorada, usábamos unas botas cortas arriba del zapato, tipo goma blanda. Esquivábamos los arroyos, y subíamos al colectivo-bañadera, de Agustín Alvarenga”. Pero, aún así, “éramos felices. Nos divertíamos con lo poco que había. Por ejemplo, antes que oscurezca, dábamos la vuelta del perro con las chicas, alrededor de la plaza 9 de Julio, tomando un helado”.

Por un buen tiempo, “Porota” fue personal único en una escuelita de madera, pero “procuré con amor y vocación firme de docente, sacar de la obscuridad, de la ignorancia a esos tiernos niños, que me miraban con ojitos azules y deseos de saber leer y escribir, de tomar la tiza y garabatear palabras. Con qué alegría por las noches clavaba las rodillas y, en cuclillas, decía con el corazón palpitante, gracias Dios mío y gracias a mi padre, ya somos dos “¡sólo unos maestros de monte!”.

Fiel a las enseñanzas que le inculcó su padre, un maestro con trayectoria importante en las escuelas rancho, Nélida siguió sus pasos. Es que Emilio Germán Casals, nacido en 1893, fue uno de los primeros maestros que se recibieron en Posadas. Para ella, su progenitor fue un héroe anónimo, que con los ladrillos que fabricaba hizo construir una escuelita en inmediaciones de sus yerbales y arroceras. Además, fabricaba ladrillos para brocales y pozos de agua.

A su abuelo Rómulo Casals, lo recordaba como un hombre alegre, embebido de romanticismo, lleno de ternura, que sabía tocar el violín. “Me decía ‘Porota, la niña bonita’, mientras se hamacaba en el sillón y yo hacía lo mismo en otro más chiquito, porque había que tener modales de princesa”, había señalado la mujer, que se consideraba “sarmientista al máximo” y daba “gracias a Dios por todo lo que me dio”.