El día que el peronismo se “quedó” con La Prensa

El 18 de abril de 1951, el histórico diario quedaba por ley en manos de la CGT y del sindicato de canillitas.

18/04/2021 12:01

La histórica sede del diario La Prensa, hoy Casa de la Cultura

 

“La Prensa” es un diario porteño fundado en 1869 por el rico estanciero y político argentino José C. Paz, cuya línea editorial históricamente representó las ideas del liberalismo y del conservadurismo. A principios de 1951, enfrentó un conflicto laboral con el Sindicato de Vendedores de Diarios, que reclamaba medidas para proteger a los “canillitas”, en muchos casos niños afectados por el abuso laboral y la explotación.​

El sindicato dispuso una huelga durante la cual no vendían el diario, exigiendo que los canillitas recibieran una participación sobre los ingresos por avisos clasificados. Durante el conflicto, un grupo agresor nunca identificado atacó a balazos el diario, matando a uno de sus trabajadores.​

La Confederación General del Trabajo (CGT), aprovechó este conflicto y exigió la expropiación del diario. La Cámara de Diputados designó una comisión bicameral que debería intervenirlo.

La Ley 14.021, sancionada el 12 de abril de 1951 por mayoría abrumadora de diputados y senadores, entró en vigencia 6 días después, cuando se hizo cargo del periódico la CGT y el Sindicato de Vendedores de Diarios. En 1955 quedó derogada por el Decreto Ley Nº4.360.

En la Cámara de Diputados el argumento central verbalizado para justificar la expropiación fue que “La Prensa es un diario al servicio de intereses foráneos, concretamente el imperialismo británico, renegando de los altos intereses de la República”.

El diputado John William Cooke, perteneciente al ala izquierda del peronismo, sostuvo que se trataba antes que nada de “un acto revolucionario”.

De hecho, desde el inicio de su gobierno en junio de 1946, la actitud del presidente Juan Domingo Perón contra un segmento del periodismo fue confrontativa, bajo el argumento -que esgrimió él mismo muchos años después- de que una revolución como la justicialista, con profundos cambios sociales, no se podía realizar sin vulnerar ciertas libertades individuales, como la de expresión.