Preocupa en San Ignacio la actividad masiva en un boliche pese a prohibiciones

Aparentemente el dueño del local tendría una aceitada red de “contactos” con el municipio para evitar ser clausurado. Para exponer la situación públicamente, el sábado último se tomaron registros fotográficos y videos.

12/04/2021 15:18

A FULL. El local supera por mucho la cantidad permitida y sin sanciones.

 

Pese a que la actividad de los boliches y eventos sociales masivos están prohibidos debido a la pandemia de coronavirus, en San Ignacio se violan las restricciones ante el caso omiso de las autoridades.

A través de una denuncia anónima hecha a PRIMERA EDICIÓN por medio de fotos, ante el temor de posibles represalias, se reclamó urgente control sanitario para evitar la propagación del COVID-19 en esa localidad.

“Se habla de distanciamiento social, nos piden no estar amontonados y acá en San Ignacio nunca se respetó la prohibición de eventos masivos en boliches”, reclamó el denunciante, quien también acompañó su testimonio con videos para exponer la gravedad del asunto.

De acuerdo a lo que contó, el propietario del local tendría fuertes lazos con el poder y por ello nunca respetó las medidas.

“Estamos hartos de ver lo mismo todos los fines de semana y no tener donde denunciarlo”, se quejó.

El boliche está ubicado por la calle San Martín, a media cuadra de la sucursal de banco Macro de esa localidad, y aunque aparentemente la Municipalidad envía agentes para el control, la “bajada de línea” es “hacer la vista gorda”, aseguró el vecino.

El fin de semana la situación superó otro límite, de acuerdo a la versión dada a este Diario, ya que se superó la capacidad permitida por metros cuadrados en un local, no se sanitizaba a los clientes y tampoco se cumplía el uso obligatorio del barbijo. “Todos los sábados ocurre lo mismo o peor. Con la declaración de la cuarentena el año pasado, estuvo cerrado tres meses, no más que eso. Si bien las instalaciones se ampliaron para mayor capacidad, los días de apertura y horarios se prolongaban hasta el otro día, sin que los agentes municipales puedan hacer nada”.

“El dueño del establecimiento es docente en la escuela donde la esposa del intendente ocupa el cargo de directora y hay un amiguismo muy fuerte”, deslizó el denunciante como dato peculiar.

 

“Pantalla”

“Los operativos se hacen con apoyo de la Policía pero la red de amiguismos están concatenados”, insistió el denunciante. “Acá en el pueblo nos conocemos todos. Por un lado se remarca constantemente que hay que cumplir con las medidas de bioseguridad, porque la vacunación todavía no otorga inmunidad completa, y por otro convivimos con el riesgo de ver morir a nuestros seres queridos por estos actos irresponsables”, reprochó.

Esa repartición tiene cuatro inspectores en el turno noche, además de los funcionarios que son los que llegan a realizar las clausuras. “Ahí es cuando comienza el problema: ningún joven está con barbijo, no se toma la temperatura para ingresar ni se provee alcohol en gel, pero ni bien caen a controlar, aparecen todos los elementos para hacer pantalla”, expuso.

“No sabemos qué están esperando las autoridades, tememos que nos oculten información de los casos, porque permanentemente sabemos de algún contagio que no se da a conocer oficialmente, pedimos una urgente intervención”, finalizó el vecino.

 

Temor por contagios
La denuncia pública busca poner en evidencia la poca responsabilidad social y el casi nulo control para evitar la propagación de los contagios de la enfermedad que ayer se cobró tres vidas y sumó 107 nuevos casos.

 

Autorizado y habilitado 

El local céntrico en cuestión cuenta con autorización, habilitación y permisos para trabajar con protocolo. Supuestamente, para no dejar fuera del sistema a los trabajadores, las maneras de funcionamiento aprobadas suponen que para cumplir el distanciamiento social se pueda hacer uso del 30% de la capacidad del edificio, pero con uso reconvertido, ya no como local bailable sino como pub, con venta de bebidas y comidas rápidas.

No obstante, durante todo el verano e inclusive en el último mes, la situación comenzó a tornarse “preocupante”, según lo describieron los testigos, con fiestas y encuentros sin ninguna medida de seguridad sanitaria.

Los jóvenes que llegan tienen entre 18 y 35 años promedio. La mayoría acude en auto, sin usar barbijo, como puede verse en las fotos, y aparentemente sin ni ninguna otra protección .