Imágenes de la triste realidad económica y social

Editorial de PRIMERA EDICIÓN de este miércoles 19 de noviembre.

18/11/2020 18:34

El lunes, decenas de personas, en su mayoría jóvenes que buscan un primer empleo, se presentaron en una veterinaria posadeña para cubrir seis vacantes administrativas. La larga fila de postulantes abarcaba varias cuadras a la redonda.

Como muchos vecinos en las distintas localidades de la provincia, que tienen riesgo de perder su trabajo porque la PyME para la que trabaja está en la misma crisis que la económica del país, las filas se podrían engrosar ante la posibilidad de conseguir un puesto ofrecido por cualquier empleador.

Lamentablemente la realidad es mucho más cruda que los discursos políticos, capaz de hacer entender a los Gobiernos (con su fuerza) que las medidas tomadas no son suficientes.

Que los esquemas tributarios de un Estado que no se ajusta a la situación en los gastos es inviable. En particular porque son cada vez menos los privados con capacidad económica, de poder pagar los altos y numerosos impuestos.

A su vez, ayer, una veintena de vecinos de Puerto Iguazú fueron a desenterrar más de una tonelada de pollos incautados por SENASA en esa localidad, en mal estado, para llevarlos a sus hogares al enterarse del operativo oficial.

Dos imágenes que generaron un fuerte debate en las redes sociales, pero que reflejan el deterioro social y económico de los misioneros (como de los argentinos).

Este 2020 nos dejará una alta incidencia de la pobreza y la indigencia. Los videos y las fotografías en las que se veían a adultos y niños, pala en mano, desenterrar los pollos -que no estaban aptos para el consumo y de los cuales se desconocía su procedencia-, eran apilados para ser llevados a la casa de familias que no tienen qué poner en la mesa; o lo que reciben de ayuda gubernamental no les alcanza día a día.

Son situaciones dolorosas de contar, de mostrar, que indignan en un país capaz de producir alimentos para que nadie pase hambre. Pero que, evidentemente, no encuentra a la dirigencia pública adecuada a potenciar las virtudes de esta tierra.

Lo peor del caso es no saber si hemos “tocado fondo” o si lo peor todavía está por venir.