“Tuve la suerte de hacer lo que siempre me gustó”

Oscar Ernesto “Luchi” Cabral (62) dijo en alusión a la música, la locución y la docencia, sus tres pasiones. Durante 27 años integró el conjunto Los 4 Ases y es autor de recordados éxitos. A pesar de estar alejado, su voz resuena aún en varias radios apostoleñas con las que colabora desinteresadamente. Padece el síndrome de situs inversus totalis.

25/10/2020 13:46

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    “La creación del tema depende del estado de ánimo de ese momento, puede ser romántico o melancólico. Hay algunos temas que tardé en componer días o semanas. Otros, algunos minutos. Sin embargo “Ojitos cordobeses”, salió de la nada”.
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    Cabral insistió con que “amo lo que hago”, y Agradeció a su familia, particularmente a su esposa patricia y a sus hijos: Andrea, Cristian, Facundo y Nicolás, “por tanto apoyo y aguante”, en todos estos años que debió estar ausente por cuestiones de trabajo”.
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Oscar “Luchi” Cabral es en su tierra natal un referente en varios aspectos, pero se destacó en la música y en la docencia, y después descubrió su vocación de locutor tras incursionar en los estudios de las primeras radios de la localidad. Su inclinación por lo artístico se manifestó desde muy pequeño, cuando oía a papá -Oscar Nemecio Cabral- ejecutando la guitarra o el bandoneón, o enseñando a algún compueblano a tocar alguno de esos instrumentos.

“Comencé a agarrar la guitarra porque papá era músico, y tocaba el bandoneón y la guitarra. Teníamos dos tango concierto, y mi hermana mayor, María Ilda, también tocaba. Cuando él enseñaba, yo lo observaba, al punto que comencé a sacar las primeras notas a los seis años. Al bandoneón aún lo conservo como una reliquia”, manifestó.

“Me consideraba el niño prodigio de la maestra Sarita Derendinger porque ella también tocaba la guitarra, cuando asistía a la Escuela Nacional Nº 237 (hoy 638). Después, la profesora de música Blanca Oroño, surgió a su hermano, formar un grupo folclórico. Lo integraba junto a Bonifacio Giménez, Rubén Zacharski, Rubén Berezowski Estábamos en cuarto grado y ella le puso al grupo Emblema Argentino”, narró.

Cuando terminó la escuela primaria, su papá tocaba el bandoneon con Miguel Skuarek. “En ese entonces conformaban un grupo conocido que tocaba en muchos casamientos y bailes de la zona. Yo los acompañaba desde los nueve, pero a los 11 papá me dijo que no iba a seguir con el grupo y que yo podía ir en su lugar. Fue el primer baile en el que estuve solo, y donde cobré mi primer sueldo”, agregó.

Fue asimilando toda la música que tocaban los mayores que hacían tango, milonga, chamamé, paso doble. “Eran distintos géneros musicales, y eso me sirvió después cuando, en 1973, me integré a Los 4 Ases, tras una convocatoria de Rubén ´Rulo´ Grabovieski, cuando recién comenzaban”, aclaró.

Con el paso del tiempo, Cabral comenzó a elaborar su material, llegaron los primeros temas, las primeras creaciones, que nacían de ese conjunto de géneros que fue absorbiendo en las distintas presentaciones. Así, “nació un estilo propio, que lo volqué a Los 4 Ases. En 1983, después de diez años de permanencia, ´Rulo´ me propuso que plasmáramos todo ese material en un disco, teniendo en cuenta que él tenía un par de creaciones, al igual que su hermano ´Cacho´”.

“Apóstoles ciudad de las flores”, fue su primer tema, en homenaje a su pueblo. “En realidad, nunca era de ponerle nombres. Yo creaba porque a me gustaba, no sabía si le iba a gustar a la gente. Creaba porque lo sentía de esa manera, pero no pensando que causaría furor. Con el paso del tiempo, siento ese orgullo de escucharlo cuando es interpretado por otros conjuntos”, dijo, y comentó que la mayoría de los temas de Los 4 Ases, que iban a grabar a Buenos Aires, “eran interpretaciones mías en las que daba participación a ´Rulo´. Esas creaciones las registramos en Sadaic, entidad de la que eramos socios”.

De estos años de trayectoria guarda los mejores recuerdos y una gran cantidad de anécdotas. Sin ir mas lejos, confió que el año pasado fue a tocar a una fiesta privada y al terminar, una pareja se acercó para hacerle saber que hace 43 años “vos, con Los 4 Ases, estuviste en nuestro casamiento. Me siento orgulloso de tantas animaciones que hicimos”.

Otra de las historias que contó tiene que ver con un casamiento que se hizo en Azara. En un determinado momento, “digo a ´Rulo´ que iba a parar un rato, y se me dio por bailar en medio de la pista, donde abundaban los rubios. Al verme, los dueños de la casa me preguntaron qué era lo que hacía ahí, y que los acompañara, porque no se permiten colados. Me sacaron afuera hasta que un señor que me conocía dijo que entrara, que tenía que seguir tocando”, comentó, entre risas. Durante 27 años conformó el destacado conjunto apostoleño, “tocando la guitarra, creando, y en 2000 terminó mi ciclo. Comencé a los quince, en la mejor edad de mi vida. Me marcaron muchísimo, y siguen estando en mi corazón”.

Mientras asistían a las actuaciones en casamientos y cumpleaños, muchas veces trasladados por el Ford A de Don Luis, el papá de “Rulo” y “Cacho”, Cabral seguía estudiando porque era consciente que la vida de músico no sería para siempre. “Me ayudo a seguir estudiando. Ahora estoy a punto de jubilarme después de 33 años activos en la docencia. Y estando en Los 4 Ases me invitaron a trabajar de radio”, expresó, quien en algún momento también fue bailarín de ballet ucraniano.

Después de despedirse de Los 4 Ases, siguió con la música. “Habíamos formado el grupo folclórico con Arturo Pelaitay, Carlos Femchuk, Leonardo Flores, que tocaba el bombo legüero. Tuvimos la suerte de ir a Salta, que es la cuna del folclore, a competir. Y ganamos el concurso, apenas dos años después de haber conformado el grupo”. En esa travesía conocieron a un señor de apellido Cornejo, que “nos dijo que si ganábamos, debíamos volver, y que nos iba a premiar con la visita a su finca, a la que solo asistían sus amigos. Y volvimos. El sábado por la noche tocamos junto a Los Nocheros y al ´Chaqueño´ Palavecino. Y el domingo fuimos a la finca de la madre, que no teníamos la más remota idea de quién era. Finalmente, resultó ser la dueña de Michel Torino”. Esa invitación les llegó a través de Mario Zajaczkowski, por entonces Director de Cultura local, desde la Municipalidad de Cafayate, donde “quedamos maravillados con la gente y con el paisaje”.

Lo de la locución, apareció después de algunos años. A Cabral le gustaba dirigir los actos escolares, y también los públicos. En una ocasión, conducía un acto con otra colega cuando cortó la luz y debieron seguir hablando. Los Escalada, dueños de una radio que se encontraba frente a la plaza, lo escucharon, y cuando terminó su tarea lo vinieron a buscar. “Néstor Fabián Gómez es uno de los que me ayudó muchísimo en esta experiencia, a modular la voz, entre otras cosas. Fue allá por 1993 o 94 y nunca más deje”, reseñó, quien aun mantiene su pequeño estudio, donde graba poemas y algunas otras cosas que surgen en el ambiente. Por la pandemia “no podemos juntarnos con otros músicos pero buscamos la manera de estar en contacto. Grabamos con Graciela Odziomek, Fabio Grabovieski, entre otros, porque creo que el músico se adapta a todos los tiempos.”.

Cabral padece situs inversus totalis (SIT), un síndrome raro en el que la totalidad de los órganos se encuentran a manera de espejo en el cuerpo. Se trata de un caso excepcional, que fue detectado cuando, siendo pequeño, acudió a un centro asistencial para tratarse de otra dolencia.