Dos jóvenes comenzaron esta semana una nueva etapa de sus vidas, después de 11 años bajo el cuidado de la Fundación Tupa Rendá en uno de los hogares para niños, niñas y adolescentes que la ONG sostiene en esta ciudad. Llegaron siendo muy pequeñas y se van siendo adultas, con la secundaria terminada y una de ellas formada en un oficio, “ansiosas” por comenzar su vida de manera independiente.
Así lo describió a PRIMERA EDICIÓN Neni Valdez, presidenta y socia fundadora de Tupa Rendá, quien se refirió al arduo proceso de preparación y acompañamiento que hay detrás de cada salida, con cambios que llegan para quienes se van y también para quienes se quedan en los hogares.
La fundación, que ya acumula 15 años de trabajo en la capital, asiste y alberga a niños, niñas y jóvenes de 3 a 18 años de edad, que son derivados por la Justicia a estos espacios porque fueron separados de su núcleo familiar y, en muchos casos, esperan por años una resolución, sin posibilidad de adopción ni de revinculación con su familia de origen.
En la decena de egresos que ya acompañaron, “el hecho de que te llamen familia (cuando se despiden) implica que pudiste generar un sentimiento lindo en el corazón, para reemplazar esas ausencias en sus comienzos. Y eso es invalorable”, destacó Neni.
El camino hacia el egreso
El trabajo para preparar el egreso en los dos hogares de Tupa Rendá empieza mucho antes de que llegue el cumpleaños número 18. La fundación recibe a niños y adolescentes derivados por la Justicia que, a medida que crecen sin que se resuelva su situación, se acercan a la mayoría de edad y, según contó Valdez, ven reducida la posibilidad de la adopción o la revinculación familiar.
“Una vez que nos damos cuenta que con 14 o 15 años no se resuelve su situación judicial, no hay esa posibilidad de adopción o revinculación, vamos viendo que el camino para ellos es el egreso como mayores de edad, siempre en las mejores condiciones posibles”, aseguró Valdez.
En ese camino, la escolaridad es “un requerimiento sin negociación” para la fundación: el objetivo es que todos egresen con secundaria completa y, después, según los intereses de cada uno, “aprendan un oficio, una actividad o que estudien algo de acuerdo a la capacidad que tengan y a lo que quieran hacer”. Cumplidos los 18 años, desde Tupa Rendá los pueden acompañar hasta tres años más si eligen ese rumbo.
Ese fue el caso de las dos hermanas que egresaron esta semana, una historia que además tuvo un plus: no son las únicas de la familia que pasaron por el hogar.
Según contó Valdez, en total “eran cuatro hermanas. Las más grandes ya egresaron, están estudiando, están trabajando, formando sus familias, con mucho sacrificio de parte de ellas, pero van para adelante”.
Esa experiencia previa justamente es la que “allanó” el camino para las más chicas: “Una de las mayores va a contener a las dos que están egresando, con el acompañamiento de los colaboradores de la fundación, y mucha gente que se puso al pie del cañón para ayudarlas”, agregó Neni.
Lo que sigue después del egreso es tan importante como lo que pasó antes, porque la vida afuera del hogar no es sencilla. “Tienen que insertarse en una sociedad que es bastante difícil, bastante competitiva y discriminadora. Hay mucha gente buena que los acompaña, pero también hay situaciones, como conseguir un trabajo, hacer sus estudios, que son muy difíciles, entonces hay que apuntalarlos en todos esos aspectos”, explicó Valdez.
De ahí la importancia de tejer una red afectiva, dentro y fuera del hogar, para poder sostener a cada joven en esa nueva etapa. “Salieron bien contenidas y van a estar viviendo juntas, en un lugar lindo, cercano. Todo eso ayuda a que la ansiedad y la incertidumbre aflojen un poquito”, aseguró Neni sobre las jóvenes.

Una despedida llena de emoción
La nueva etapa que se abre llegó para las hermanas con una mezcla de emociones: “Se sienten ansiosas, con miedo, pero también emocionadas por toda la novedad”, describió Valdez.
Y el cambio lo sienten incluso quienes se quedaron en el hogar. “Las más chiquititas se quedaron llorando porque se iban, porque dentro de toda la convivencia de tantos años se genera el afecto familiar. Se las tuvo que contener, les escribieron cartitas de despedida y se les explicó que ellas van a venir de visita, que no van a desaparecer”, completó Neni. De hecho, esa última frase no es solamente un consuelo. Las visitas de quienes ya egresaron de Tupa Rendá sirven para que los que se quedan vean otra cara de la vida afuera.
“Cuando vienen les traen regalitos, cocinan algo rico. Les cuentan que viven otro tipo de experiencias”, contó Valdez.







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