Denunciaron por abuso de menores a un cura del obispado de Puerto Iguazú

Raúl Anatoly Sidders fue formalmente denunciado hoy por una joven de 26 años presunta víctima de abuso sexual cuando tenía 12 años.

20/08/2020 14:15

Raúl Anatoly Sidders, actualmente en funciones en la diócesis de Puerto Iguazú, fue formalmente denunciado hoy por una joven de 26 años presunta víctima de abuso sexual cuando tenía 12 años y el sacerdote católico prestaba servicio en la Escuela San Vicente de Paul en capital de la provincia de Buenos Aires.

La presentación judicial se realizó esta mañana en el Juzgado de Garantías 2 de La Plata, a cargo de Eduardo Luis Silva Pelossi y el fiscal interviniente será Álvaro Garganta, de la UFI 11. La representante legal de la víctima es Pía Garralda.

Las acusaciones contra Sidders proliferaron en los últimos días en medios de comunicación y redes sociales, tras la publicación de un primer testimonio sobre su accionar como confesor en el colegio, incidiendo en la vida sexual de les alumnos y emitiendo cotidianamente juicios ofensivos y denigratorios contra mujeres, homosexuales y personas de menores recursos.

De esta manera salió a la luz una situación que habría estado vedada por años, y se organizaron miembros y exmiembros de la comunidad educativa platense para reclamar la investigación de los abusos cometidos.

La preocupación tuvo eco en Misiones, a donde el cura fue trasladado en mayo de este año para cumplir funciones como secretario del recientemente designado obispo Nicolás Baisi y a la espera de ser nombrado capellán del Escuadrón XIII de Gendarmería Nacional en Puerto Iguazú.

La denuncia de Garralda apunta a que Raúl Sidders cometió los abusos cuando se desempeñaba como sacerdote del colegio San Vicente de Paul de La Plata.

PRIMERA EDICIÓN tuvo acceso con la presentación judicial en la que la víctima resume: “Cursé mi primaria y los primeros años de mi secundaria , desde los 11 años hasta los 14 años , desde mediados del año 2004 hasta el año 2007, en que comencé a evitar su presencia hasta abandonar la institución (…) Me confesaba con el padre Sidders en la escuela, me empezó a preguntar si había visto alguna vez a mis papás tener relaciones sexuales, si había visto a mi papá desnudo, si sabía lo que era un pene (…) A los 12, cuando estaba en sexto grado, esta situació empeoró. Me empezó a acosar peor durante las confesiones, me preguntaba si sabía masturbarme y yo le decía que no. Entonces me explicó con sus dedos, sin tocarme, cómo tenía que hacer. Me sugirió que lo hiciera pensando en él y que en la próxima confesión le contara cómo me había sentido”.

“En la siguiente confesión me preguntó si lo hice y le dije que no. Me preguntó por qué y le respondí ‘no sé’. Ahí se mostró enojado y me dijo: ‘¿Por qué no lo hiciste si yo te dije que lo hagas? Vos tenes que estar preparada porque la mujer tiene que complacer al hombre siempre. Y preservativos no hay que usar, el fin de las relaciones sexuales es procrear’”.

“No recuerdo si en esa oportunidad o en otra que me dijo que si no quería masturbarme tenía que saber complacer al hombre al menos a través con una felación. Le pregunté qué significaba eso, no sabía. Me explicó con su lengua y su mano cómo hacer una felación. Eso no me olvido nunca más”.

“Ese mismo año, en sexto, dio una charla en la capilla en la que explicó quién es Dios. A partir de esa charla, hizo un concurso entre los tres sextos: teníamos que escribir todo lo que él había dicho. El que escribiera y redactara mejor todo lo que había explicado, se ganaba un premio en el buffet. Lo gané yo. Me llevó al buffet, elegí unas galletitas que me gustaban y una gaseosa. Me dijo que no, que podía llevar una sola cosa. Entonces agarré las galletitas. De ahí fuimos a la capilla los dos solos y me preguntó si me había masturbado, si había hecho alguna felación o algo. Le contesté que no, que no estaba preparada todavía. Entonces me propuso enseñarme a mí y a un alumno a tener relaciones sexuales, que nos iba a indicar todo mientras lo hacíamos. Me largué a llorar y le pedí que por favor no lo hiciera, que mis papás no lo iban a permitir y que yo no podía vivir una cosa así. Me dijo que me quedara tranquila, que por favor no diga nada y que cuando fuera el momento lo iba a hacer”.

“En séptimo grado, recuerdo que era invierno, en los recreos adelante de todos, me hacía poner mis manos en los bolsillos de su sotana porque decía que yo tenía las manos frías, y me hacía sentir su erección. Esto ocurrió cuatro o cinco veces”.

“Me seguía confesando con el. Me preguntaba si tenía novio, yo le decía que no tenía relaciones sexuales con mi novio porque no me animaba y el me dijo que al menos le tenia que chupar la p.., yo tenia 13 y yo lo hice con un noviecito que tenía, lo que me generó mucha vergüenza”.

“No quise ir nunca más a ese colegio. Mis papás me mandaban igual, porque decían que eran excusas mías para no ir. Yo no les contaba todo con lujo de detalles, les decía que el Padre me molestaba y que me hacía preguntas raras”.

“Como me siguieron mandando igual no entré nunca más, me rateé todo el año. Me iba sola al centro o a alguna plaza o me iba a la casa de una vecina y no iba a la escuela. Después mi mamá me descubrió y fue a hablar con la directora Mabel, que le dijo que yo iba sólo a calentar la silla y a molestar a mis compañeros. Era mentira, yo no iba”. “O la saca usted o la echamos nosotros y no la toman más en ninguna escuela”, le dijo. Yo tenía 14. Entonces me sacó mi mamá del San Vicente y cuando me buscaron escuela no me tomaron en ninguna, tuve que terminar yendo a una agropecuaria de la Ruta 36”.