“El peor de los escenarios sería mantener la recesión y a la par incorporar inflación”

A partir de los indicadores a la vista, el economista José Piñeiro Iñiguez explicó por qué el PBI podría caer más de lo proyectado este año. La falta de una agenda y la mala comunicación como factores de la debacle.

28/06/2020 10:15

PROTAGONISTA. El economista José Piñeiro Iñiguez en los estudios de la FM 89.3 Santa María de las Misiones.

“La economía transita hoy quizás los peores días de la historia argentina”. Tajante, el economista traza un duro panorama sobre lo que existe y lo que vendrá. Justo cuando el Gobierno nacional dispuso la extensión de la cuarentena, la estructura económica nacional da señales más claras de agotamiento. Es así que PRIMERA EDICIÓN y la FM 89.3 Santa María de las Misiones vuelven a recurrir a José Piñeiro Iñiguez.

 

¿Qué significa en la estructura económica seguir en cuarentena?
Implica que cada quince días la evolución sea -1 en el PBI. Durante marzo y abril el PBI cayó 15%. La peor crisis que la gente registra es la de 2001. En esa época en 18 meses la economía cayó 15%, es decir la misma magnitud que en dos meses ahora. Esto nos da un contexto de lo que se podría producir más adelante.
Hace tiempo afirmamos que en 2020 la economía daría por resultado -10 del PBI. Hoy las estimaciones nos dan que ese número estará más cerca del -12. Bajo ese horizonte, que es un poco grisáceo, deberíamos hablar de lo que se llamará el “índice subsistir”.
Quizás convenga ir hacia atrás para explicarlo. La economía en diciembre de 2019 estaba estacionada en 2011, es decir entre 2011 y 2019 no hubo crecimiento. Si después de estos cuatro años no levantamos este -12 del que hablamos ahora, pues entonces estaríamos perdiendo prácticamente dos generaciones. A ello se refiere el “índice subsistir”, no es lo que me falta, sino lo que necesito para estar en el mismo lugar desde el que arranqué hace cuatro años.

 

¿Por qué a pesar de la crisis la inflación sigue siendo baja?
Días atrás se escuchó la siguiente frase: “Rezo porque todo salga bien, pero estamos preparados para lo peor”. Fue nada menos que la titular del FMI (Kristalina Georgieva). El Fondo está advirtiendo que la deuda es en sí misma un tema de relevancia, pero no el más importante como sí lo es la macroeconomía.
Dentro del contexto de una evaluación negativa de la macro figura la inflación. La emisión de fondos del Banco Central para atender los efectos de la pandemia hace que esa masa de dinero sea difícil de controlar y el sobrante de este dinero va invariablemente a mayor demanda de los precios de los objetos, es decir que presiona sobre la inflación.
Qué hace que esto no se vea todavía evidenciado en los índices, pues que estos efectos repercuten de tres a cinco meses después. Paralelamente a esto hoy atravesamos la que es quizás la crisis recesiva más profunda de la historia. Al final de la pandemia vamos a tener unos indicadores tremendos.
Los índices que venimos viendo y sus monumentales caídas nos marcan la evolución negativa de la economía, es decir de la recesión. El peor escenario sería mantener la recesión e incorporar inflación. Estos nos daría un escenario de estanflación, la peor fórmula para cualquier país.

 

Por qué se percibe que las maniobras del Gobierno siguen a la crisis desde atrás?
La evolución del tratamiento de la pandemia no está teniendo una lógica. Debería ir de la mano de un plan económico acorde a lo que se va haciendo.
Si en el camino pandémico se opta por una cuarentena prolongada y estricta, entonces se debe contar con un plan económico que nos ayude a transitarla. El Gobierno abasteció a la economía con determinados planes que costaron casi dos billones de pesos. Si vamos a una cuarentena de un mes más en las mismas condiciones que las actuales, entonces necesitaríamos cerca de medio billón más y hoy la economía no está en condiciones de hacerlo. Lo peor es que nadie sabe cómo serán las cosas porque se toman medidas inconexas.

 

La gente se pregunta si el tipo de cambio es el adecuado
Hay que explicarlo de esta forma: si decimos que los activos del Banco Central son cerca de 43 mil millones de dólares hace una semana, multiplicados por el tipo de cambio oficial, da algo parecido a tres billones de pesos que es lo que el Central tiene en su poder. La contrapartida es el pasivo que hoy es de unos 4,5 billones de pesos.
Bajo ese escenario nos preguntamos cuál sería el número necesario para que los activos del Central dieran esos 4,5 billones. El resultado nos dice que el tipo de cambio debería ser hoy de 105 pesos, para que activo y pasivo fueran iguales. Desde ese razonamiento básico se asume que el valor del dólar sigue siendo barato y la gente los compra y los vende en el mercado paralelo.

 

¿Cuál es el verdadero estado de la negociación por la deuda?
Es evidente que se está haciendo política. La negociación de la deuda externa, esos casi 70 mil millones de dólares es bastante sencilla. Argentina no avanza porque en su discurso tiene un contenido político, porque prefiere salir de la pandemia y la negociación por la deuda de la mano. Pero Argentina parece olvidar que no tiene sólo esta deuda. También posee la de legislación local y ahí necesita avanzar. Paralelamente necesita renegociar la deuda en pesos. Después están los bonos y las letras que suben todos los meses. Todas estas porciones de deuda hay que ordenarlas y refinanciarlas paralelamente. De nada sirve arreglar la deuda externa si no arreglo estos otros frentes. Todo debería está dentro de un plan que el ministro de Economía (Martín Guzmán) debió haber manejado desde el inicio.

 

¿Qué falló con Vicentín?
El Gobierno debería pensar en ir haciendo las cosas más ordenadas y con un plan de respaldo. Comunicarlo bien a la sociedad. Las mejores intenciones mal comunicadas terminan en malas intenciones, tal y como sucede con Vicentín. El caso de Molinos Cañuelas es todavía más grande. Se trata de una compañía que está convocada y no tiene solución viable porque su deuda es externa. Debería existir un plan, saber de qué manera se puede intervenir o intermediar en estos conflictos.
La gente percibe que el Estado no debería hacer nada por las empresas o dejar que se acomoden solas, pero debería entender que en la quiebra nadie gana, salvo los especuladores.
Lo que sería más coherente es la negociación para que las empresas convocadas no lleguen a la quiebra y para que ello suceda debe participar el Estado. El Estado es un jugador importante sobre todo si es el máximo acreedor, su función es arbitrar entre los privados para que puedan llegar a un entendimiento y entonces sí recibir la asistencia del Estado.