Gordofobia: aumentar de peso asusta más que la pandemia

Con la cuarentena, se agudizó el rechazo hacia la gordura. Los memes y tutoriales de ejercicios son sólo el reflejo de una sociedad que fomenta el culto a la delgadez.

28/06/2020 09:27

“Los kilos no me definen a mí como persona y no creo que merezca más o menos valor por el peso que tenga. No es justo que por tener un cuerpo diferente al socialmente aceptado, tengamos diferentes tratos”.

Afuera se apilan cadáveres y un papá recomienda a su hija comer ensalada en vez de puré. En la puerta de una rotisería, con el barbijo cubriéndole casi todo el rostro, alguien dice: “cuando termine la cuarentena, vamos a salir rodando”.

En las redes sociales, memes y chistes acerca de cuántos kilos aumentaremos cuando pase la pandemia: la imagen de la escultura de David de Miguel Ángel antes de la cuarentena junto a su versión del después, pero con varios kilos de más.

Algo similar se ha difundido con la muñeca Barbie, previo y posterior a la cuarentena, la última con un cuerpo obeso. Tutoriales o retos virtuales para “mantener la talla”… los comentarios sobre el aumento de peso se iniciaron casi inmediatamente en que comenzaron las medidas de distanciamiento físico para prevenir los contagios. ¿Cuál tragedia es, entonces, más grande?

No, no son sólo memes: son parte de una presión social que refleja la cultura de la dieta en que vivimos, y la cuarentena es una manifestación inconsciente del problema. Estamos frente a lo que se ha dado en llamar gordofobia, que consiste en asociar a la gordura con la enfermedad y el fracaso y, en sentido inverso, a la delgadez con la buena salud y reconocimiento social.

 

La palabra gordo no es nada más que un adjetivo, pero a lo largo de los años, la gente se encargó de atribuirle una personificación negativa: el gordo no es sólo gordo, sino que es feo, malo, perezoso, sucio… Por eso, al decir gordo, en realidad estás diciendo muchas otras cosas negativas que repercuten en la otra persona”, contó a PRIMERA EDICIÓN la activista bodypositive, Karla Maciel.

 

Y es que “desde chicos nos enseñan que ser gordos está mal y ser flacos está bien. Por eso, cuando crecemos y nos encontramos con gente que no cumple con esos parámetros, creemos que podemos opinar sobre el cuerpo de las otras personas y que encima, al hacerlo, los estamos ayudando a ser mejores sólo por bajar unos kilos”, dijo.

En este sentido, agregó que “no es que un día te levantas y decís ‘estoy más gorda’ sino que te das cuenta que aumentaste de peso porque detrás de eso hubo alguien que te lo estuvo haciendo notar. Entonces estás toda tu vida teniendo que soportar comentarios que te hacen sentir que, si no adelgazas, nadie te va a querer porque te hacen sentir que no lo merecés”.

 

Las veces que me felicitaron por estar más flaca, no tenían ni idea de lo que me pasaba por dentro. ‘Qué bien que estás’ te dicen cuando te ven más flaca, pero no tienen ni idea de las guerras que llevás dentro”, sostuvo.

 

Por otra parte, aclaró que “yo sé que el sobrepeso trae acarreado es un factor de riesgo, pero hay que entender también que todos tenemos cuerpos diferentes”.

Y con respecto a esto, señaló que “la mayoría de los médicos calculan el peso por el índice de masa muscular y en base a tu relación de peso-altura te dicen si estás flaco o gordo, pero no tienen en cuenta un montón de otros factores”.

“Se cree que hay que bajar de peso para estar bien… Ahora, yo no sabía que bajando de peso, me curaba de todo”, agregó.

 

Las “claves” de la felicidad

ACTIVISTA. Está decidida a luchar por la diversidad de cuerpos y talles.

Según Karla, hay un pensamiento generalizado de que, para ser felices, la sociedad demanda principalmente a las mujeres, a que cumplan cuatro requisitos básicos: la belleza, el éxito laboral, la maternidad y la sensualidad.

Y “la persona gorda no cumple con nada de eso porque no es considerada bella, no es exitosa porque generalmente son discriminadas o les cuesta más encontrar un trabajo por el prejuicio de que son perezosas, no pueden ser madres porque sus hijos pueden ser diabéticos y obviamente que no son sensuales porque sus cuerpos no son bien vistos”, explicó.

“No puede ser que todo el tiempo te estén midiendo por si comés mucho, poco, si subiste de peso, si haces actividad física o no… Siempre es la culpa de la persona que tiene el cuerpo gordo y te hacen sentir culpable. Empezás a privarte de un montón de cosas y tu vida gira en torno a un único objetivo que es bajar de peso. Todo el tiempo estás haciendo cálculos con las calorías, queriendo encajar en algo que te imponen. Con 50 kilos más o 50 kilos menos, sigo siendo yo”, sostuvo.

En relación a esto, Karla aseguró que “el aceptarse a sí misma tiene que ver mucho con la gente que te rodea… hay que juntarse con gente que no te quiera por tu peso, que no esté pendiente de tu físico”.

 

Gordofobia en cuarentena

“Empecé a ver memes acerca de la cantidad de kilos que iban a subir, que la ropa no les iba a entrar… y me pareció totalmente innecesario”, aseguró y agregó que “hay una línea muy fina entre el chiste y lo que pueda llegar a molestar al otro, a mí esto no me causa gracia”.

Las redes se llenaron de personas que se aferran a rutinas de ejercicio, como si los kilos de más les pudieran restar valor social.

 

“Mi cuerpo no está mal”

Para Karla, la lucha con su cuerpo nunca fue sencilla: “me costó un montón llegar hasta acá, fue un proceso muy largo para llegar a pensarme diferente y poder modificar ciertas prácticas que incluso yo repetía”, contó.

Actualmente, es activista del bodypositive que, según aclaró, “es ser consciente del cuerpo que tenés y convivir con eso. Un día te levantás y te puede gustar lo que ves y al otro día no te gusta para nada”. Gracias a eso, “me di cuenta que yo no soy la que está mal, sino que es la sociedad la que no está preparada para convivir con cuerpos como el mío”.

A raíz de esto, Karla comenzó a producir un documental sobre la gordofobia, como trabajo final de tesis. “Todo encajó para empezar a hablar del tema y eso me ayudó muchísimo en el autoestima”, contó.

Además, actualmente se desenvuelve como modelo de una marca de lencería y es embajadora de un local de ropa. “Me gusta mucho la moda y vi que había poca incentivación por parte de los comerciantes para hacer un espacio para gente talles grandes. En Posadas hay tres locales y dos showrooms, como mucho, a los que podés ir a comprar ropa relativamente linda y con talles diversos. No tenés ni la tercera parte de las opciones que pueden tener otras un poco más delgadas. Eso te condiciona en un montón de cosas, principalmente a las personas que no tienen un poder adquisitivo que les permita pagar un extra por los talles porque, de 46 para arriba, el precio de la ropa aumenta”, contó.

Pero también limita a quienes, como Karla, disfrutan de tener un estilo propio que, a falta de talles, no siempre puede seguirse.

“En mi caso, la ropa me la hacía mi mamá porque es modista. Me resultaba mucho más cómodo tener ropa a medida que tener que ir a probarme al centro”, dijo y agregó que, pese a que ahora se siente muy cómoda en el comercio del que es embajadora, su madre continúa haciéndole algunas prendas.

“Me acuerdo de la primera vez que pude probarme una pollera en un negocio. Me emocioné mucho, porque nunca en mi vida había podido hacerlo. Parece algo re simple, pero para mí fue algo totalmente nuevo”, recordó.

 

Sufrir en silencio

Uno de los mayores obstáculos de la gordofobia, es que incomoda. Al punto que dos personas que la padezcan, no puedan hablar del tema por temor, vergüenza o culpa. O quizás por todas las opciones anteriores. La gordofobia, aleja. “No se suele hablar de estas cosas con nadie, ni siquiera con las personas más cercanas a vos”, dijo.

Tanto es así que “me pasó con una amiga que también sufría las mismas inseguridades que yo, pero nunca lo hablábamos. Era un tema que estaba ahí, que las dos vivíamos y padecíamos en silencio”, contó.

Fue recién hace un año, en el marco de la realización de su documental, que hablaron por primera vez de las penas que callaron durante tanto tiempo.

“Cuando la entrevisté por el documental, me enteré de cosas que yo no tenía ni la menor idea. Me enteré que sufrió bullying durante toda la primaria por ejemplo, nunca me había dicho nada… fue una experiencia súper fuerte y agradezco que se haya abierto así y me haya contado todo, por primera vez”, concluyó.

 

Bullying y trastornos alimenticios

La discriminación, burla y la opinión del otro en relación al cuerpo ajeno, son la puerta de entrada para padecer trastornos de la conducta alimentaria. Se trata de alteraciones y desórdenes mentales que afectan a la ingesta y al peso de la persona que los padece.

Pero, más allá de estos síntomas, se esconden dificultades psicológicas graves y complejas que repercuten en el funcionamiento normal de la vida diaria de la persona enferma.

Los factores causantes de los trastornos de comportamiento alimentarios son una combinación de elementos psicológicos (influencias familiares y conflictos psíquicos) y sociales (influencias de sus pares y expectativas sociales).

Afecta mayormente a mujeres, con una proporción de 9 mujeres por 1 hombre. Sin embargo, cada vez se observan más casos de hombres afectados con dichos trastornos.