Alcohol y drogas, un arma en la mano y la decisión de asesinar

La versión es directa y apunta a que los jóvenes que irrumpieron en la vivienda de Romina Rodríguez fueron descontrolados a robar lo que pudieran y matar si algo se lo impidiera.

03/06/2020 08:49

DURO MOMENTO. Camaradas de Rodríguez retiran el cuerpo de su vivienda para ingresarlo en la morguera.

Amenazar, amedrentar y hasta golpear, ya no serían los límites para delinquir. Jóvenes de 18 años decididos a disparar un arma de fuego, incluso blandirla en imágenes de redes sociales, lograr dinero y “reventarlo” comprando drogas y alcohol.

El objetivo asoma macabro pero habría dejado de ser aislado en varios sectores de la provincia donde la marginalidad y miseria son tan peligrosas como los estupefacientes, pistolas y puñales.

Los cuatro jóvenes que fueron detenidos ayer por la Policía provincial, fueron buscados en sus viviendas en sectores vecinos, muy próximos al barrio Horacio Quiroga. De ellos, tres se barajan como directamente relacionados con los disparos y muerte de Romina Rodríguez.

Fuentes consultadas por PRIMERA EDICIÓN fueron claras y coincidentes en que se trata de muchachos dedicados a los delitos contra la propiedad que ya no sentirían temor por gatillar un arma si su objetivo de robar puede obstaculizarse.

La decisión de ir a robar a la vivienda de Rodríguez se habría gestado varias horas antes, durante la noche del lunes, en que decidieron juntarse a beber y drogarse.

“Fueron decididos a robar y matar”, confió una de estas fuentes. El cuerpo de la suboficial estaba en la cama boca arriba, estaba dormida junto a su hijo de seis años al momento de la irrupción delictiva y le dispararon a quemarropa cuando intentó proteger su hijo, su casa, su vida.

Lo que en un primer momento se presentó o conjeturó como femicidio o un suicidio, a los pocos minutos giró hacia el “homicidio calificado por el uso de arma de fuego y robo” y se montó un amplio operativo con el juez Juan Manuel Monte a la cabeza y la labor de campo directa de los investigadores de la Dirección Homicidio y efectivos de la Unidad Regional X.

Dos hermanos de 18 y 19 años, y otros dos sospechosos de 22 y 28 fueron hallados en sus precarias viviendas en barrios aledaños al de la tragedia: Nuevo Garupá, Santa Clara y Ñu Porá.

De este cuarteto, uno de los hermanos podría ser aliviado de una acusación formal. Entre los restantes está el que apretó el gatillo para asesinar y quienes fueron los restantes protagonistas.

A los cuatro se les practicaron pruebas de parafina en las manos para determinar indicios de su participación, intentar saber quién disparó el arma calibre 22.

Se aguarda ahora que las primeras actuaciones sean informadas por escrito al juez Monte y que determine el llamado a indagatoria. El sumario tendrá una versión completa. Hasta anoche se señalaba un disparo en la cabeza como herida letal, aunque también se remarcaba una herida de similares características en el abdomen.

Los investigadores intentaban ayer ubicar al presunto cabecilla de esta banda, quien los habría juntado y apoyado con el objetivo de robo, pero también fogoneado a matar sin titubear.

 

“Estaba feliz con su familia y embarazo”

Romina estaba feliz, la esperábamos ayer por la tarde que se presente a trabajar, le faltaban pocos días para solicitar su licencia previa al parto. Estaba contenta porque iba a parir una nena y porque avanzaba con la construcción de su casa”.

Uno de los compañeros de la suboficial Rodríguez en la Dirección General Judicial de la Policía de Misiones, describió a su compañera pero también remarcó que la noticia produjo consternación, “un dolor muy grande, era una buena policía, una mujer buena, orgullosa de su vocación y que luchaba por sus hijos, por su pareja”,

“Quedamos shockeados, sin palabras, una camarada con legajo limpio, que se desempeñaba a la par, no recuerdo un incidente o problema con ella”, sostuvo Ricardo Viveros, jefe de la Dirección General Judicial.

En el mismo sentido opinaron compañeros de otras áreas de la Jefatura de Policía. Destacaron a la sargento como una mujer que se abrió paso con trabajo silencioso y periódico.

Similar reflejo lo dieron sus vecinos en el barrio Horacio Quiroga de Garupá. La ubicaron como una madre y concubina preocupada por sus hijos y compañera determinante para la ampliación del hogar. Junto a su niño y su pareja habían reducido su casa a un monoambiente en el que apenas había espacio para una cama, una mesa, una cocina improvisada y un baño, mientras tanto los cimientos y muros linderos se erigían al ritmo de los ahorros que pudieran lograr.