En honor a la prolífica familia Strieder

Al iniciar la acumulación de datos y registrar a las primeras familias, Ricardo Strieder “no esperaba ni pensaba que, al final, llegaría a editar un libro” que hablara sobre esta numerosa descendencia. Al presentarlo, en 2009, se habían celebrado 150 años de la llegada a Brasil. En 2021 se cumplirán cien años que Felipe Strieder y su esposa se establecieran en Capioví.

01/05/2020 10:57

Ricardo Clemente Strieder (57) cumplió con creces el mandato que, según el poeta cubano José Martí, había que seguir para trascender en la vida. Tuvo un hijo, plantó árboles y escribió un libro. Y es con creces porque cargó sobre sus espaldas el desafío de narrar la historia de su prolífica familia paterna que llegó a Misiones hace casi cien años.

“Aún no se cómo nació la idea del libro, si por accidente o el incentivo de toda los descendientes mayores”, reflexionó, a más de diez años de haber dado vida al propósito inicial de Clemente, su padre, y al que denominó “La familia Strieder – 150 años en Sudamérica”.

Nacido en la zona rural de Capioví, donde todavía sigue despuntando el vicio, confió que cuando su padre era Intendente y después de la muerte de su abuela, su papá organizó un encuentro en el Club Esperanza para reunir a los Strieder que residían en la zona. Se juntaron más de mil personas. “Era chico, pero recuerdo que éramos un montón”, acotó.

Fue entonces cuando Clemente, comenzó a recopilar en unas planillas cuadriculadas, los datos de cada uno de los descendientes del primer Strieder que vino a la Argentina, que se llamaba Felipe, casado con Johanna Antonia Gertrudis Träsel, que se radicó en la ahora Capital de la Música Cervecera allá por 1921. Su idea era saber de los descendientes, saber cuantos hijos tuvo cada uno, nietos, bisnietos, y así sucesivamente.

“Ese material quedó archivado en mi casa materna. Un día, tras la temprana muerte de mi padre, y mientras trabajaba en casa de mamá, Antonieta María Teresa Hofmair, ella recopila la info y me dice: ‘no se qué hacer con estos papeles, ¿los tiro o te sirven?’ Los miro y dije que me los dejara. Justo para esa época empezaban a proliferar las fiestas de familia, y empecé a participar de ellas porque el origen del apellido me generó un montón de inquietudes”, señaló Ricardo. Todos empezaron a aportar datos “sobre los temas que me interesaban”.

Albicio Strieder, que era juez de paz de Capioví y secretario parroquial; Arnoldo Strieder, Regina Reis, y Alberto Reis, Juez de Paz de Puerto Rico, eran, entre otros, los que proporcionaban datos. “Muchos fueron extraídos de los registros de las iglesias (bautismos, casamientos, defunciones), lo que me da la tranquilidad que los datos fueron científicamente bien obtenidos”, dijo. Y acotó que “me basé en cuestiones formales, datos correctos, coherentes, porque de acuerdo a la investigación hay muchas historias que se contradicen. En el libro a muchas cosas las trato como incógnitas, no trato de resolverlas porque es prácticamente imposible”.

“Cada día, al contar con un mayor caudal de datos, se hacía más apasionante continuar con la búsqueda de elementos. Compré programas especializados y me suscribí a instituciones de estudio sobre genealogía. Al iniciar la acumulación de datos y el registro de las primeras familias, no esperaba ni pensaba que al final llegaría a editar un libro”.

Para no perderse detalles, a las fiestas familiares Ricardo acudía con una notebook en la que anotaba los datos y se compró una cámara fotográfica digital, para tomar imágenes de toda la “parentela”. “Muchas de las fotos las tomé personalmente a las familias, es decir, que son únicas, inéditas, capturadas en los momentos familiares o en determinados encuentros, sea en Brasil, Paraguay o Argentina”, manifestó.

Mientras su archivo se iba engrosando, se enteró que en Brasil había un sacerdote jesuita que había hecho una recopilación de la familia Strieder de ese país para un ayudante de la Embajada Alemana en Buenos Aires, también de apellido Strieder. “Estaba escrito en alemán, entonces hice una copia y los traduje junto a mi madre, al español. Me enteré de unas historias fabulosas de la vida de mis antepasados”, contó.

Así, “fui armando, recopilando, además de la parte genealógica en sí, anoté los descendientes de cada familia, los nombres, el lugar de residencia, la fecha de nacimiento, bautismo, casamiento, defunción. Recorrí cementerios de ambos países porque las tumbas dicen muchas verdades” consideró. Hasta que llegó el 2009. Habían pasado unos diez años del inicio de su recopilación cuando un pariente, Zeno Hastenteufel, que es obispo diocesano de Novo Hamburgo (Rio Grande Do Sul), autor del prólogo, le comunicó que ese año iban a festejar los 150 años de la llegada del primer Strieder a Brasil -lo hizo en 1859- y lo intimó: “Vos tenés que tener listo el libro”, lo que “me significó tamaño desafío”.

Fue así que durante tres meses se abstrajo de sus tareas como contador público -egresado de la UNaM en 1992- y se dedicó exclusivamente a trabajar en la elaboración de los textos para poder llegar con el libro para la fecha establecida.

“El día que viajábamos a Brasil para la presentación, me llegaron las cajas con los libros. Fue de terror”, sostuvo, al graficar el inimaginable estrés que le causó la situación.

Finalmente, llegaron hasta Linha Francesa donde se hizo la fiesta de los Strieder para festejar los 150 años de la llegada y fue donde hizo la primera presentación del libro, con una enorme carga emotiva. El 13 de noviembre de ese mismo año, en el día de su cumpleaños, efectuó una presentación similar en su pueblo natal para los familiares que quisieran asistir.

Solamente los descendientes de Felipe Strieder y Hohanna Träsel son más de mil. Este pionero de Capioví tuvo once hijos, 104 nietos, 395 bisnietos, 547 tataranietos, y 43 choznos, de acuerdo a los datos relevados hasta el año 2009. El libro expone a doce generaciones, desde Johan Jacob Strieder 1725/30 hasta Julieta Anabel González nacida en agosto de 2009, en puerto rico.

Continuar con la edición del libro “fue una inquietud mía. Fue hacer honor al sufrimiento, a las vivencias y desafíos que tuvieron que atravesar nuestros antepasados. Tuve un gran incentivo por parte de esas personas que colaboraron desinteresadamente, porque yo no les pedía y ellas me seguían acercando documentación. Me sentí con esa obligación que el material quede plasmado en un libro. Nunca pensé que fuera yo el que iba a escribirlo.

Era una utopía decirlo. Hoy miro hacia atrás y no se cómo surgió. Pero una cosa me llevó a la otra, investigando, y gracias a la ayuda de mucha gente, se logró llegar a la impresión”, sintetizó. Consultado sobre el resultado de la experiencia, contestó: “Para sentirte realizado tenes que plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro. Me siento más que satisfecho”, aunque ahora “me siento presionado” porque el obispo Zeno quiere que actualice la información.

Es que al árbol genealógico “lo cerré en 2009 y faltando muchos datos. Él me dice que tengo que actualizar la información y presentar la recopilación para el 2021. Me gusta la idea pero me resisto a pasar por lo que pasé. Por el tiempo y esfuerzo que implica, por más que tecnológicamente estamos en una situación cien veces mejor que la de 2009, se hace largo”.

Actualmente hay muchísimas personas con otros apellidos que descienden de ese árbol troncal de Felipe. Se habla de entre nueve y trece generaciones posteriores y, si bien, “en muchos casos el apellido se perdió, no quiere decir que no integren ese árbol genealógico común. Seguramente serán más de mil familias que algo tienen que ver con los Strieder”.

A mediados del 2021 se hará en Capioví la fiesta de los Strieder, conmemorando los cien años de la llegada a la Argentina de Felipe y su esposa, en julio de 1921. “Este año la ciudad cumple cien años. Quiere decir que apenas unos meses después de haberse fundado y de que se generara el primer asentamiento, llegaron las primeras familias, entre ellas, los Strieder”. La casa donde vivieron ya no existe pero la tierra en la que se instalaron abarca el actual barrio Santa Cecilia, en proximidades del centro. Pedro, uno de sus hijos, también vivió allí hasta su muerte.

En el escrito, Ricardo lleva asentadas entre seis mil y siete mil personas que conforman el árbol genealógico pero actualmente “habría que multiplicar por un 30% más. Entonces esa información es abundante, y es estresante centrar la atención para no cometer errores”.


En la introducción, Ricardo hizo honor a la memoria de su padre, Clemente, que inició este trabajo allá por 1980. Y aprovechó la oportunidad para rendir “un justo homenaje a todos los inmigrantes que se asentaron en estas tierras para sembrar su primera semilla, ‘la familia’. Ellos fueron los que abrieron estos horizontes en tierras que no eran suyas.

Traté de rescatar su memoria y vivencias antes que se perdieran totalmente. Lamentablemente muchas de las legítimas historias de esta maravillosa gesta fueron llevadas consigo al lecho de muerte. Los años pasan muy de prisa y muy pocos se plantearon la necesidad de dejar registros válidos de ellas”.

La higuera, como un paraguas

Ricardo recordó que si bien el libro se presentó en Brasil en el mes de septiembre, había viajado al país vecino en julio con el propósito de ultimar la fiesta de los 150 años y la presentación del ejemplar, tan esperado por todos los descendientes.

En esa ocasión, y por primera vez, pudo trasladarse hasta los cerros de Linha Francesa, el lugar donde vivieron Jhoannes Strieder y Susana Fusiger, de cuyo matrimonio nacieron los ocho hijos que dieron vida a esta rica historia. Fue el obispo Hastenteufel “quien me llevó a un potrero donde existe una higuera gigante, que me llamó poderosamente la atención porque su tamaño abarcaba prácticamente una cuadra entera.

“No saqué fotos porque esa imagen causó algo en mí que me dejó anonadado. Y a esa higuera la tomé como una referencia para graficar a toda esta familia, mi familia”, explicó.

Describió la elegancia de ese árbol, lo grandioso que era, lo añoso que sería, como “una cosa impresionante, increíble, que se encuentra en el lugar donde nacieron todos los descendientes, por eso la tomé como: esa higuera es la familia Strieder.

Tanto como el árbol como las ramas de la descendencia, como la sombra y lo que cobija ese árbol, quiero decir que tenemos que rescatar a la familia”.

“Las Fiestas strieder vividas y la inquietud de todos los familiares que se imprimiera un libro con todos los datos actualizados, hicieron que renovara mi desafío por lograr el cometido. porque no es fácil -tampoco imposible- hacerse del tiempo para compaginar y elaborar todo lo recopilado”.

Sostuvo que “muchas veces renegamos de nuestros orígenes porque no somos los que quisiéramos ser, sin embargo tenemos una gran bendición: nuestra familia nunca nos va a abandonar, pertenecemos a ella y siempre nos va a cobijar, sea quien sea. Siempre tenemos que ser agradecido al origen, no olvidarse de él”.

Hacia Sudamérica

Los primeros salieron de un pueblo cerca de Koblenz, Alemania, donde aún existe una propiedad en la que funcionaba el Molino Strieder, que Ricardo visitó en 2012, en compañía de su esposa Andrea Bürgin y su hijo Fernando Agustín.

“En esa época existían muy pocas industrias, entonces de cada diez o 15 familias había una que se encargaba de procesar el arroz, trigo y otros granos para el consumo. Para ese fin, había un montón de molinos.

Ese es el lugar de origen de donde salieron los hermanos Johannes y Philipp, que emigraron hacia el Sur de Brasil, de los cuales solamente tenemos registro real del primero, que es el ascendiente, porque del restante no existe constancia”.

Entre tantas historias de tradición verbal se dice que durante una noche ellos mataron a un soldado de Napoleón, en ocasión del robo, dentro el molino. Y que por eso huyeron hacia Sudamérica.