Radiografía de una voluntaria con más de 30 años de trayectoria

Encabeza la organización Voluntades y trabaja codo a codo con sus otros 32 integrantes. Ya en su infancia fue consciente de la pobreza y la necesidad. Empezó el voluntariado al perder su primer trabajo y no se detuvo. También su esposo y sus hijos lo son.

25/08/2019 18:59

MAIA. Luchadora, trabajadora, honesta y directa para decir las cosas, lo que le valió algunos disgustos.

Desde chica vio como sus padres acudían en auxilio de los que necesitaban y trabajaban codo a codo por los más pobres. Hoy, que ya es abuela, recuerda que su casa de la infancia siempre tenía la puerta abierta. No sabemos si lo aprendió o lo heredó, pero no se puede negar que la solidaridad forma parte de Maia Ayrault, una de las fundadoras de “Dar a Luz” y fundadora y actual presidenta de la Asociación Civil Voluntades.

Maia y su esposo José son voluntarios desde hace 30 años, “empecé en Maternidad y Neo, en Dar a Luz fui su vicepresidenta durante nueve años. Me encantan los bebés, pero me escapaba al sector de adultos, en esa época estaba una monja, la hermana Polonia, que siempre me decía que se necesitaba voluntarios en adultos. Me repetía: ‘los bebés no te hablan, el día que vengas y hables con los adultos…’. Y tenía razón, cuando empecé a ir y hablar con ellos, compartir sus experiencias, sus historias y sus vidas… me fui dando cuenta que la vida es otra, más allá que yo siempre lo tuve claro porque crecí en una casa de políticos y nunca estuve lejos de lo que era la pobreza, la enfermedad o la falta de medios porque siempre los vi a mi papá y a mi mamá trabajando por ellos; cuando papá fue gobernador mamá formó una asociación filantrópica de misiones porque su objetivo era formar un hogar de tránsito… no lo pudo ver hecho realidad (Nota de la redacción: en noviembre de 1973, a los seis meses de asumir como vicegobernador, su papá, el doctor César Napoleón Ayrault, junto al gobernador Juan Manuel Irrazábal y las esposas de ambos fallecieron en un accidente de avión. Pocos días después también murió la hermana de Maia, que también viajaba con ellos).

Treinta y tres voluntades

En la actualidad, la ONG presidida por Maia cuenta con 33 voluntarios, entre ellos sus dos hijos y su esposo. Según contó a PRIMERA EDICIÓN, empezó a trabajar como voluntaria después que la despidieran de su primer trabajo, “cocinaba y mandaba a los chicos a la escuela, después me iba al hospital caminando porque no tenía un peso. Mis hijos siempre colaboraron, uno de ellos vivía en Buenos Aires y era nuestro nexo en esa ciudad cuando un niño era derivado desde la provincia, él en sus ratos libres juntaba entre sus amigos ropa y galletitas y los visitaba donde estuvieran internados. Fue un voluntario de hierro Nicolás, me acuerdo que tuvimos una niña con un problema en el hígado y él recibía los materiales por avión y tenía que llevarlos a un laboratorio de Palermo… lo hizo durante un año y medio, hasta que llamé para avisarle que la niña había muerto. Fue muy difícil para él. Mis dos hijos son voluntarios, Nicolás (que hoy tiene dos hijos) es voluntario los fines de semana cuando acompaña a José a buscar las donaciones y otras cosas que necesitamos; y César que es uno de los voluntarios coordinadores del Instituto Misionero del Cáncer (IMC) junto a Cecilia.

EN EL IMC. Es el último espacio donde llegó Voluntades a través del programa de “Arte y reflexología”.

Con los pacientes oncológicos

Voluntades comenzó en el viejo hospital Madariaga y hoy sus brazos llegan a todo el Parque de la Salud: hospital de Pediatría, el hospital de Agudos, el IMC y el Fátima de Garupá.

“Estamos en el IMC porque hace un año nos llamó la presidenta de la fundación “Donde quiero estar”, Vicky Viel Temperley, que trabaja en 20 hospitales de todo el país con los pacientes oncológicos, para que Voluntades lleve adelante el programa de “Arte y reflexología en las salas de quimioterapia”, recordó Maia.

Para el programa “Arte y reflexología”, la fundación les provee las plantillas, las acuarelas y los pinceles para pintar. Y Voluntades compra las toallas húmedas y la crema base para los masajes.

“Hoy todos los pacientes que hacen quimio quieren masajes porque ya nos conocen. También hacemos masajes en la sala de espera, pero no la parte de pintura. En la sala de quimio, armamos una pequeña biblioteca para que mientras que les pasa sus drogas para el cáncer ellos puedan pintar mientras una masajista les masajea todo el tiempo los pies”, detalló.

Cada uno con sus habilidades

No todos los voluntarios visitan a los pacientes internados pues algunos no están en condiciones de hacerlo. Hay mucho trabajo para hacer dentro de Voluntades, que tiene un pequeño local en Santa Fe 1446, 2 piso “E” , Edificio Juan Pablo 7 donde reciben las donaciones los lunes, miércoles y viernes de 16.30 a 18. Allí hay voluntarios que atienden, cosen las ropas que lo requieren y las lavan.

Los voluntarios que visitan los hospitales se organizan durante la semana: “los martes vamos al hospital Madariaga, siempre por la tarde porque la mayoría trabajamos por la mañana. Los miércoles hacemos IMC por la mañana y Pediatría por la tarde. Los jueves hacemos IMC desde las 14 y hasta las 16 y estamos queriendo extender otro día a la semana porque es mucha la gente que se hace quimioterapia y radioterapia”, contó.

Pese a sus 30 años de visitar los enfermos y conocer sus historias, Maia no tiene el corazón inmune, “muchas veces escuché que la gente que está expuesta a ver sufrimiento y dolor durante muchos años se hace más insensible a esas situaciones, pero en mi caso creo que es al revés. A medida que pasan los años, uno va entendiendo lo que es la vida, va viviendo su propia vida y te van pasando cosas, por lo que vas entendiendo más al otro y los dolores los sentís más como propios. Yo misma pasé por una enfermedad difícil y seguí trabajando en el proceso. Me ayudó mucho la experiencia, los años que llevo son como un entrenamiento por lo que cuando llego a una habitación donde hay un paciente enfermo aplico las técnicas que me enseñaron para sobrellevar esa situación y poder asistirlo”.

Cómo ayudar 

Se puede donar pan de jabón común, papel higiénico, pañales para niños, retazos de telas, toallas o tela de toalla para confeccionar unas toallas del tamaño de una de cara para entregar a los pacientes.

Dónde llevar

Se puede donar pan de jabón común, papel higiénico, pañales para niños, retazos de telas, toallas o tela de toalla para confeccionar unas toallas del tamaño de una de cara para entregar a los pacientes.

¿Cómo se financia?

El Estado provincial realiza un aporte mensual cuyo gasto, obviamente, está auditado por el Superior Tribunal de Cuentas. Además, la ONG tiene socios que aportan desde 20 pesos o el monto que quieren. En la actualidad, cuentan con unos 30 socios regulares.
También realizan una gran feria de ropas anual, desde hace nueve años, que tiene lugar el primer fin de semana de mayo.