Homicidio en San Isidro: la vida por un televisor

Uno de los involucrados en el crimen ofreció el aparato cuando aún no se había descubierto el cuerpo sin vida del abuelo. El ataque se produjo a la 1.30 del jueves. Dos de los cuatro detenidos son mujeres. Viven cerca de la casa de la víctima.

30/03/2019 12:11

CRIMEN ZONA SUR. Antonio Montiel fue atacado dentro de su casa de la manzana 59 durante la madrugada del jueves.

La investigación por la muerte del jubilado Antonio Montiel (66), ocurrida en su vivienda del complejo habitacional de San Isidro, a la par de las cuatro detenciones logradas durante la tarde y noche del jueves, permitió establecer firmes voces y evidencias en torno a que el ataque con arma blanca se produjo en el intento de robo de un televisor LED de 32 pulgadas, que a las pocas horas fue ofrecido a la venta por 800 pesos en el mismo barrio y cuando aún el cadáver no había sido descubierto por su yerno que arribaba para comer el asado al que lo había invitado junto a su familia.

A su vez la pesquisa mantiene la vista firme en la sospecha, restan pericias a varios elementos, entre ellos dos cuchillos, de que una de las dos jóvenes de 18 años detenidas apuñaló -junto a uno de los dos varones- a Montiel cuando éste a la 1.30 escuchó ruidos en el frente de su vivienda y al levantarse y salir rápidamente a observar, los descubrió dentro de su casa.

Pero también habría reconocido a los jóvenes, que respondieron con las estocadas, al menos tres de cuchillos de cocina. La letal le ingresó por debajo de la tetilla izquierda.

Se descartó además que se hayan llevado el dinero de la jubilación de Montiel, ya que se hallaron billetes dentro de la vivienda y no estaban ocultos como ahorros.

Se defendió

Entre las derivaciones del crimen, fuentes consultadas por PRIMERA EDICIÓN, remarcaron que el machete secuestrado con manchas de sangre habría sido de Montiel y que en medio de la batalla que se desató en su vivienda de la manzana 59 de San Isidro, habría intentado tomar para defenderse. La pelea fue tal, que en los brazos de Montiel se detectaron lesiones de golpes y cortes.

En cuanto al contexto de los sospechosos, los indicios apuntan a que en una casa a tres cuadras de Montiel, se habrían reunido a tomar vino mezclado con ansiolíticos siete personas, una de ellas menor de edad, y que allí se habrían puesto de acuerdo para intentar el robo.

Al menos cuatro, de los siete, fueron a ejecutarlo alterados ya por el exceso de lo que consumían.

Hay un quinto sospechoso, mayor de edad, que podría haber ingresado a la vivienda de Montiel. Este sujeto fue ubicado y se le secuestraron, entre otros elementos, un par de zapatillas para ser cotejadas con las huellas tomadas en la vivienda 22, donde residía la víctima.

El juez Fernando Luis Verón, subrogante del Juzgado de Instrucción 2, citó para el lunes a indagatoria a los cuatro aprehendidos. A la par, aguarda los resultados de las pericias biológicas realizadas por los profesionales de la Policía Científica.

Dos cuchillos de cocina encontrados tirados dentro de la vivienda, además de ropa con presuntas manchas de sangre descubiertos en uno de los allanamientos a pocos metros, son los elementos clave para ser analizados.

A pocas cuadras

Durante la tarde ayer, investigadores de la Unidad Regional X, en la manzana 28 del mismo barrio encontraron tras el allanamiento a una vivienda el televisor de la marca JVC de 32 pulgadas sin el control remoto que quedó tirado en la casa de Montiel. Según otras fuentes, el comprador aseguró haberlo comprado de buena fe, aunque quien se lo vendió es una de las jovenes detenidas por el crimen.

Antonio Maciel tenía 66 años y residía solo en la vivienda 22 de la manzana 59 del complejo habitacional de la zona sur, paraje San Isidro. Entre sus vecinos había cosechado una relación de afecto. Lo destacaron como buena persona y que nunca generó incidentes.

Fue su yerno de 34 años quien lo encontró tirado en el piso boca abajo, ensangrentado y no respiraba. La casa estaba revuelta, elementos tirados en el piso, rastros de violencia, sangre hasta en la cama. El portón semiabierto, al igual que la puerta, lo hizo sospechar que adentro algo estaba mal, y lo corroboró en pocos segundos.

Un mes antes había cambiado las cerraduras de estos ingresos porque las habían forzado y roto con intención de robo