SAN VICENTE. Un tremendo giro dio la investigación por el crimen de Ángel Altísimo en las últimas horas. El colono habría sido ejecutado a balazos por dos presidiarios que cumplen condena en distintas unidades penales de Misiones, quienes aprovecharon el beneficio de las salidas transitorias para perpetrar el homicidio.Las sospechas que los detectives mantenían desde hace algunas semanas parecen haberse confirmado en la mañana del último viernes con la declaración de la concubina de la víctima ante la Justicia. Según le contaron las fuentes a PRIMERA EDICIÓN, la mujer se quebró y apuntó contra los dos convictos, con quienes habría actuado en connivencia para ultimar a su pareja.De todas maneras, el móvil del crimen aún no está claro, más allá de que la principal hipótesis hablaría de un motivo sentimental vinculado con la relación que al parecer mantendría esa mujer con uno de los prisioneros. Así las cosas, la investigación a cargo del Juzgado de Instrucción 3 de San Vicente y de la minibrigada de la comisaría de El Soberbio continuaba en las últimas horas.Las sospechasEl brutal homicidio de Ángel Altísimo (44) fue perpetrado alrededor de las 21 del sábado 22 de junio de este año en un quincho que la víctima tenía pegado a su vivienda, en Paraje Campín Largo, una zona rural emplazada unos 20 kilómetros al norte de El Soberbio. En ese lugar y a esa hora, Altísimo salía hacia el lavadero de su casa cuando recibió tres impactos de bala en el tórax que provinieron de un ventiluz. Fue trasladado de urgencia al Hospital Samic de Oberá, donde finalmente falleció alrededor de las 8.30 del lunes 24 de junio.Como el inmueble de Altísimo está emplazado unos 2 mil metros al este del trazado de la ruta provincial 2, es decir, a escasos metros de la frontera con Brasil, la teoría inmediata apuntó a los constantes movimientos de contrabando que se registran en la zona. Sin embargo, la investigación tuvo su primer giro inesperado pocas horas después de la muerte del hombre.Sin más nada que hacer, la mujer de Altísimo, de 39 años, regresó a Paraje Campín Largo. Fue entonces que los policías de la comisaría de El Soberbio y de la Unidad Regional VIII le pidieron que abriera el quincho -teóricamente cerrado bajo llave desde el momento del hecho- para la realización de las pericias.Entonces, los uniformados se llevaron la primera sorpresa al descubrir que alguien había limpiado la escena: en una pared aparecían los tres orificios de bala que traspasaron el cuerpo de Altísimo, pero en ningún lado estaban, por ejemplo, los restos de los proyectiles.La novedad encontró una explicación con la llegada al lugar de la hija de Altísimo y su mujer. La joven -vive junto a su marido a 70 metros y tiene unos 20 años- contó entonces que su madre la había llamado horas antes y le había dicho que limpiara el quincho. Le entregó a los policías dos “plomos” que había recogido en esa limpieza.Enseguida, las sospechas de los policías apuntaron contra la concubina. Y más aún después de que hallaran seis vainas servidas ocultas en el cenicero de un horno a leña, en la cocina de la casa. Estaba claro: alguien intentaba ocultar evidencia.Al verse arrinconada, la mujer reconoció que había un arma, pero que estaba en la casa de su hija. La Policía fue hasta el lugar y secuestró un revólver “Amadeo Rossi” calibre .38. Allí la joven se quebró: entre lágrimas, les contó a los efectivos que su madre le había entregado ese arma minutos después del hecho y que debían esconderla “para que no haya quilombo”.Vaya casualidad, ese revólver había sido denunciado como robado junto a 14 mil reales por Altísimo, en la última Semana Santa. El hombre le había contado a la Policía que guardaba el dinero y el arma en el quincho y que sólo él y su mujer sabían de esos ahorros.No hizo falta más. Los uniformados detuvieron enseguida a la concubina y la trasladaron a la Comisaría de la Mujer de Dos de Mayo. En las horas siguientes, los testimonios de testigos no hicieron más que hundirla todavía más: se confirmó que la pareja estaba “quebrada”, que dormían en camas separadas y que la mujer hasta había amenazado de muerte a su pareja en medio de una discusión.La situación de la mujer terminó de complicarse una semana después del crimen -como lo informó en su momento PRIMERA EDICIÓN-cuando las pericias balísticas arrojaron que los “plomos” que la hija de la pareja le entregó a la Policía y que acabaron con la vida de Altísimo, habían partido del revólver secuestrado. Restaba saber ahora quién gatilló ese arma.PremeditadoEl último viernes por la mañana la concubina del colono fue llevada ante el magistrado Demetrio Cuenca, al frente del Juzgado de San Vicente. Ante el juez, la mujer finalmente se quebró y confesó.Si bien no trascendieron detalles, sí se sabe que relató cómo ocurrieron los hechos e involucró directamente a los dos presidiarios que actualmente son investigados por el crimen.Uno de ellos es un condenado por numerosos robos calificados que cumple su pena en la Unidad Penal III del Servicio Penitenciario Provincial, en Eldorado, y que en su momento formó parte de la banda que asoló El Soberbio a mediados de 2009, incluso realizando un violento asalto a un productor tabacalero a bordo de un automóvil que habría sido propiedad del intendente de esa localidad, Alberto “Coleco” Krysvzuk (ver “Uno de los sospechosos, parte de la banda…”).Sobre el otro presidiario investigado, las fuentes contaron que sería oriundo de Aristóbulo del Valle y que actualmente se encontraría alojado en la Unidad Penal II del SPP, emplazada en las afueras de Oberá.De lo extraído de la declaración de la mujer y del resto de la investigación que lleva adelante la Justicia se puede establecer que habría sido entonces la concubina la autora intelectual del homicidio, es decir, quien organizó el crimen.Al menos por ahora, como principal hipótesis, figurarían entonces los dos presidiaros como autores materiales del hecho. Los registros de las correspondientes coloniales carcelarias no los ayudan: ambos habrían gozado del beneficio de salidas transitorias aquel fin de semana en que ocurrió el hecho. Sobre el preso en Eldorado, salió el viernes 21 de junio -el crimen fue al día siguiente- y regresó el domingo por la tarde.Según lo que pud
o averiguar este medio, los investigadores de la comisaría de El Soberbio y de la Unidad Regional VIII de San Vicente sospechaban de los dos presidiarios desde hace un buen tiempo. Tanto que la Justicia ordenó que el Servicio Penitenciario Provincial les quite el beneficio de las salidas transitorias.Además, para evitar cualquier tipo de obstáculo que pudiera entorpecer la investigación, las autoridades ordenaron en las últimas horas que uno de los sospechosos sea trasladado desde la prisión en la que se encontraba hasta la Unidad Penal 1 del SPP, emplazada en Loreto y la de mayor seguridad en la provincia.Mientras tanto, la mujer del colono sigue detenida a la espera de que se resuelva su situación procesal. El caso “Altísimo”, que en principio no era más que un presunto homicidio vinculado a una banda de “cigarrilleros”, finalmente parece desembocar en un ataque fríamente planeado, al mejor estilo de un film cinematográfico. Uno de los sospechosos, partede la banda que asoló El SoberbioUno de los dos presidiarios sospechados de ultimar a Altísimo tiene un frondoso prontuario delictivo por el que fue condenado y que también lo llevó a la “fama” local entre julio y agosto de 2009, cuando como parte de una banda de ladrones asoló la zona de El Soberbio e incluso el Paraje Campín Largo, donde vivía el colono ultimado de tres balazos en el pecho.La crónica policial lo señala como uno de los tres detenidos y condenados por el intento de asalto al productor tabacalero Rudy Kumm, el martes 28 de julio de 2009 en El Soberbio, justamente en inmediaciones de Campín Largo.Se trató de un ex policia y de dos ex empleados municipales de El Soberbio, quienes a bordo de un VW Polo interceptaron a Kumm sobre la ruta costera 2, cerca del puente sobre el arroyo Chafaríz, e iniciaron una persecución cinematográfica alrededor de las 5.30 de ese día.Los delincuentes se cruzaron frente a la camioneta Fiat Adventure del tabacalero, que inició entonces una fuga a toda velocidad por los paradisíacos caminos de la zona.Todo se complicó cuando los ladrones bajaron las ventanillas y comenzaron a disparar a los neumáticos del rodado de la víctima.La situación, de extrema tensión, se mantuvo durante varios kilómetros, hasta que Kumm ingresó en un camino vecinal, forzado porque el otro coche le cerró el paso. En ese lugar, lo alcanzaron y forzaron a abandonar el volante. Lo golpearon y amagaron con matarlo si no entregaba el dinero.Los criminales creían que el tabacalero había llevado los 60 mil pesos para la adquisición de un tractor, pero se equivocaron. Aún así, no terminaban de creerlo. Incluso, uno de ellos afirmó que Kumm había lanzado los billetes por el camino antes de ser capturado razón por la que iniciaron un minucioso rastrillaje. La víctima aprovechó esa circunstancia para escapar.Ese episodio fue la punta del ovillo y le permitió a la Policía desbaratar a la banda, a la que también se le endilga otros tantos robos en la zona, como el sufrido en aquellos meses por el farmacéutico Jorge Patrocelli, otro hecho perpetrado contra Sebastián Alustiza, un robo más a una familia de Colonia El Ceibo y hasta el intento de estafa a vecinos de ese paraje.Los tres detenidos -entre los que se encuentra el sospechoso- fueron condenados el 6 de dicimebre del año pasado por esa serie de hechos. Recibieron una pena de seis años y ocho meses de prisión. Uno de ellos todavía la está cumpliendo y las autoridades sospechan de él por el homicidio. En la Biblia, la señal de una palabra claveAltísimo era conocido en Paraje Campín Largo por ser un constante colaborador de una iglesia evangélica emplazada en la zona. El colono -según le contaron a este medio- asistía constantemente a las reuniones y además solía aportar de su bolsillo a esa comunidad.Es por eso que, cuando en la zona se enteraron del hecho, nadie podía creerlo: el hombre no tenía enemigos, deudores o acreedores. Su “legajo” estaba limpio.Las fuentes no pudieron establecer si la mujer de Altísimo, detenida por el crimen, también asistía a los cultos organizados por esa feligresía. Sin embargo, un detalle no menor vinculado con el mundo religioso se descubrió aquel lunes 24 de junio, cuando la Policía finalmente pudo ingresar a la casa que compartían la víctima y su pareja.Con la sospecha firme de que la mujer escondía algo detrás de su silencio, los detectives de la comisaría de El Soberbio y de Investigaciones de la Unidad Regional VIII, con asiento en San Vicente, llevaron a cabo un pormenorizado registro del inmueble.Así fue como, al entrar a la habitación donde solía descansar la ahora detenida, hallaron una Biblia, abierta, en la que alguien había subrayado varias veces y en varios pasajes la palabra “viuda”.¿Un mensaje quizás subliminal acerca de lo que iba a ocurrir? Los policías se quedaron atónitos. La Justicia continúa investigando.





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