El consumo masivo continúa en retroceso en Argentina, pero detrás de la caída de las ventas también aparece una transformación en la manera en que las familias deciden qué comprar, cuánto gastar y dónde hacerlo. La combinación de presupuestos cada vez más ajustados, mayor incidencia de los servicios en los ingresos y nuevas herramientas para comparar precios está modificando el comportamiento de los consumidores, según advierten desde la Cámara Argentina de Distribuidores y Autoservicios Mayoristas (CADAM).
El diagnóstico se produce después de que el último relevamiento de la consultora Scentia confirmara que las cantidades vendidas de productos de consumo masivo disminuyeron 1,2% interanual en septiembre y 1% respecto de agosto, con una contracción acumulada del 2,7% durante los primeros nueve meses de 2026. Sin embargo, mientras los supermercados, autoservicios y mayoristas mantienen resultados negativos, el comercio electrónico registra un crecimiento sostenido que evidencia diferencias importantes entre los canales de comercialización.
En una entrevista con Noticias Argentinas, el vicepresidente de CADAM, Armando Eugenio Farina, describió el escenario como una “tormenta perfecta” en la que confluyen la reducción de los volúmenes comercializados y una modificación más profunda de los hábitos de compra. Para el empresario, la menor disponibilidad de dinero no explica por sí sola todo lo que ocurre en el mercado, aunque reconoció que constituye uno de los factores centrales.
Durante los años de mayor inflación, recordó, una parte importante de las decisiones de consumo estaba condicionada por la necesidad de anticiparse a posibles aumentos de precios o a la falta de determinados productos. Esa dinámica impulsaba compras inmediatas y, en muchos casos, la acumulación de mercadería como una forma de preservar el poder adquisitivo.
“La gente tenía que tomar una decisión rápida de consumo, porque lo que no conseguía en la góndola tenía que buscar una alternativa y, si lo conseguía, se lo llevaba de forma inmediata, porque sabía que al día siguiente el producto podía no estar o podía estar con otro precio”, explicó Farina.
Según su interpretación, la desaceleración de la inflación fue modificando ese comportamiento. El consumidor ya no necesariamente siente la misma urgencia por concretar una compra y dispone de más tiempo para evaluar precios, marcas, presentaciones y alternativas comerciales. En ese proceso, el teléfono celular se convirtió en una herramienta que permite consultar ofertas y comparar valores antes de decidir.
“Los consumidores han tenido en la mano una herramienta importantísima, como es el teléfono, y se han convertido en profesionales de la compra”, sostuvo el representante de CADAM.
Los servicios condicionan el dinero disponible para comprar
Uno de los factores que el sector mayorista identifica detrás de la retracción de las ventas es el aumento de la proporción de los ingresos familiares destinada a cubrir gastos fijos, especialmente servicios públicos y otros compromisos que reducen el margen disponible para el consumo cotidiano.
Farina sostuvo que anteriormente los servicios representaban entre el 30% y el 32% de un sueldo básico, mientras que actualmente esa proporción podría acercarse al 60%. La comparación corresponde a una estimación planteada por el empresario y no constituye una medición estadística general sobre la totalidad de los hogares argentinos.
“Antes, de un sueldo básico, los servicios se llevaban el 30, 32% del sueldo. Hoy los servicios se están llevando casi el 60%. Entonces, la gente reacomodó su gasto diario”, afirmó.
El vicepresidente de CADAM consideró que esas diferencias adquieren especial importancia al comparar distintas regiones del país, debido a las características de los subsidios y los costos de los servicios. En particular, mencionó el contraste entre localidades del interior y la provincia de Buenos Aires, donde históricamente existieron esquemas de asistencia tarifaria diferentes.
La consecuencia, según su análisis, es una reorganización del presupuesto familiar. Cuando una porción mayor de los ingresos se destina a obligaciones que no pueden postergarse, disminuye el dinero disponible para otras compras, lo que obliga a revisar cantidades, productos y lugares de abastecimiento.
Consultado sobre si la caída responde principalmente a la pérdida de poder adquisitivo o a una modificación de los hábitos de consumo respecto de los años de alta inflación, Farina reconoció que ambas interpretaciones son compatibles. “Los dos tienen razón”, respondió.
Supermercados y mayoristas caen, mientras crecen las ventas online
Los datos de Scentia muestran que el retroceso del consumo no se distribuye de manera uniforme entre los distintos formatos comerciales. En septiembre, los supermercados de cadena registraron una caída interanual del 2,6%, los autoservicios independientes retrocedieron 3,7% y los mayoristas disminuyeron 3,4%.
En la comparación con agosto, las mayores contracciones se observaron en los supermercados, con una baja del 5,3%, y en el canal mayorista, donde las ventas disminuyeron 6,7%. Los autoservicios independientes también perdieron volumen, con una reducción mensual del 1,8%.
La tendencia negativa se mantiene al analizar el período comprendido entre enero y septiembre. Los supermercados acumularon una contracción del 3,8%, los autoservicios del 3,1% y los mayoristas del 3,2%, mientras que los quioscos y comercios tradicionales registraron una baja del 2,4%.
El comportamiento fue diferente en otros canales. Las farmacias mostraron un crecimiento interanual del 8,8% en septiembre y una mejora acumulada del 1%, pero la expansión más significativa correspondió al comercio electrónico.
Las ventas online aumentaron 30,5% frente a septiembre de 2025 y acumularon un crecimiento del 35,3% durante los primeros nueve meses de 2026. No obstante, en la comparación con agosto también registraron una disminución del 3,9%, por lo que su evolución presenta diferencias según el período analizado.
Este contraste constituye uno de los aspectos más relevantes del relevamiento: mientras una parte importante del comercio tradicional continúa perdiendo volumen, las plataformas digitales muestran una expansión interanual considerable.
Para Farina, la posibilidad de comparar precios y vendedores desde el celular aceleró una transformación que ya venía desarrollándose en otros mercados.
“No es una cuestión de plan económico. El mundo está cambiando porque la tecnología está cambiando al mundo”, afirmó.
Sin embargo, el crecimiento del comercio electrónico no permite concluir por sí solo que todas las ventas perdidas por los establecimientos físicos se hayan trasladado a Internet. Los resultados muestran comportamientos diferentes entre canales, pero no identifican individualmente los recorridos de compra de los consumidores ni cuánto de esa variación corresponde a sustitución entre formatos.
En cuanto a los productos comercializados, el informe general de Scentia también revela una evolución desigual. Durante septiembre, la categoría alimentación registró una suba interanual del 1,7%, mientras que distintos rubros de bebidas, productos perecederos y artículos de consumo cotidiano mostraron retrocesos.
Los resultados refuerzan la existencia de un mercado heterogéneo, en el que los consumidores no reducen necesariamente todas sus compras en la misma proporción, sino que modifican sus decisiones de acuerdo con los productos, los precios y las alternativas disponibles.
Expectativas moderadas para 2027 y una apuesta a la recuperación posterior
El panorama de ventas también influye en las perspectivas que maneja el sector mayorista para el próximo año. Farina anticipó que 2027 podría presentar nuevas dificultades para la actividad, principalmente por la incertidumbre económica asociada al proceso electoral y a las discusiones sobre la continuidad de las políticas económicas.
“Creemos que el año 2027 puede ser un año complicado”, sostuvo el empresario, quien vinculó esa posibilidad con las decisiones que deberán tomar consumidores e inversores ante un escenario político todavía abierto.
“Argentina todavía sigue discutiendo su plan económico, y esa incertidumbre que genera esa discusión es lo que hace que el año próximo pueda ser difícil”, agregó.
Su mirada sobre 2028 es considerablemente más optimista. El vicepresidente de CADAM aseguró que observa inversiones y proyectos en distintos sectores del interior del país que, a su entender, podrían comenzar a tener un impacto más amplio sobre la actividad una vez superado el próximo proceso electoral.
“Creemos que el 2028, realmente, Argentina va a tener una explosión económica”, pronosticó.
Fuente: Agencia de Noticias NA






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