Colaboración: Francisco Pascual y Martín Ghisio
La producción de mamón en Misiones está históricamente vinculada a la industria, pero las dificultades de comercialización y la inestabilidad de los precios impulsan la búsqueda de alternativas para diversificar las chacras. En paralelo, el mercado de fruta fresca presenta una demanda sostenida y precios elevados durante el otoño y el invierno, cuando gran parte de la oferta proviene de Brasil.
Frente a este escenario, investigadores de la Estación Experimental Agropecuaria (EEA) del INTA en Cerro Azul evalúan la producción de mamón bajo invernadero como una alternativa para abastecer el mercado en períodos de mayor valor comercial.
“Tradicionalmente, el INTA de Cerro Azul ha buscado alternativas de diversificación para los productores misioneros”, explicó la Dra. Raquel Rybak, investigadora de INTA. En esa línea, el equipo acumuló experiencias con frutales de bajo requerimiento de horas de frío, vides y, más recientemente, especies tropicales como maracuyá y pitahaya.
En el caso del mamón, la propuesta busca superar una de las principales limitantes del cultivo a campo: las heladas, que restringen su producción en determinadas zonas de la provincia. La estrategia consiste en aprovechar la protección que ofrece el invernadero para obtener fruta fresca en momentos en que la oferta local es limitada.
Un buen rendimiento, pero con demoras en la maduración
Para la experiencia bajo cubierta se seleccionó el híbrido Red Lady, un material de porte mediano a bajo y con características demandadas por el mercado de fruta fresca. El manejo incluyó siembra en bandejas, trasplante al invernadero, riego localizado y fertilización fraccionada.
Los resultados iniciales fueron alentadores en términos de producción. Hacia fines de mayo, las plantas registraban un promedio de 28 frutos, con buen tamaño y un rendimiento estimado de 72 toneladas por hectárea.

Sin embargo, el ensayo también mostró una dificultad decisiva para su aprovechamiento comercial: la maduración fue mucho más lenta de lo esperado. En septiembre, los frutos todavía no habían alcanzado los niveles de sólidos solubles totales -medidos en grados Brix- necesarios para la cosecha.
“Esto elimina prácticamente su ventaja, que es la producción temprana. Por lo cual creemos que debemos ajustar parámetros de producción para el éxito comercial”, señaló Rybak.
Luz, temperatura y nutrición: las variables por ajustar
La investigadora explicó que la maduración depende, entre otros factores, de que la planta alcance una elevada tasa diaria de fotosíntesis. Para ello, resulta fundamental regular las condiciones ambientales dentro del invernadero, especialmente la disponibilidad de luz, la temperatura y la humedad relativa.
Durante el ensayo se registraron numerosos días nublados, una condición que pudo limitar la actividad fotosintética. Por eso, una de las líneas de trabajo apunta a seleccionar coberturas con mayor transparencia, como los polietilenos de baja densidad, que permitan mejorar la entrada de luz.

La nutrición también ocupa un lugar central. Rybak destacó la importancia del potasio por su intervención en el metabolismo de los azúcares y la necesidad de equilibrar su aporte con el de nitrógeno, fósforo, calcio y micronutrientes. Entre estos últimos, mencionó especialmente el boro, que interviene en el cuaje y la fijación de los frutos.
“En invernaderos no tecnificados esto es un equilibrio que debe lograrse y ajustarse”, sostuvo. En ese sentido, el equipo avanza con nuevas evaluaciones que incorporan sensores para monitorear las condiciones ambientales y optimizar el manejo del cultivo, en el marco del Programa Nacional Agtech del INTA.
Diversificar la producción y evaluar la rentabilidad
Las próximas etapas contemplan ajustar la fertilización, mejorar el control del ambiente y comparar materiales genéticos. Actualmente, el equipo también evalúa el cultivar Pasión Red para determinar si existen diferencias en los tiempos de maduración.
Otra alternativa consiste en cosechar los frutos cuando entre el 20 y el 30 % de la piel haya cambiado de color y completar su maduración en cámaras con bajas concentraciones de etileno. Esta práctica podría permitir un proceso más uniforme, aunque sumaría costos que deberán analizarse antes de recomendar su implementación.
En paralelo, el INTA continúa experimentando con la producción a campo mediante mantas antiheladas y productos que buscan disminuir el punto de congelación del agua dentro de la planta. Estos ensayos también incorporarán sensores inteligentes para monitorear las condiciones en tiempo real.
Para Rybak, el potencial de la producción bajo cubierta es alto porque la demanda de fruta fresca se mantiene y la oferta continúa llegando desde otras regiones. No obstante, advirtió que el rendimiento agronómico por sí solo no garantiza el éxito de la actividad.
“Es fundamental siempre evaluar no solo el éxito desde un punto de vista agronómico, sino también comercial. Cualquiera sea la actividad debe dar una renta positiva al productor; de otra forma, no debo recomendarlo”, concluyó.






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