El BOP 86 del barrio Fátima, en Garupá, volvió a sufrir un nuevo hecho de vandalismo y, según relató su directora, Gabriela Vallejos, se trata del quinto episodio registrado desde julio. Esta vez, los autores cortaron los caños de los equipos de aire acondicionado y dejaron buena parte de las instalaciones inutilizadas.
Vallejos explicó en diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones que el establecimiento amaneció con los conductos de prácticamente todos los aires acondicionados cortados. La consecuencia no se limita al daño material: también se produjo la pérdida del gas de los equipos y quedó expuesta la escuela a nuevos gastos para recuperar las instalaciones.
La directora señaló que fueron afectados 12 aires acondicionados y cuestionó incluso que parte de los elementos retirados haya quedado abandonada en la vereda. A su entender, el episodio excede el objetivo de obtener algún beneficio económico y tiene características de vandalismo.
La situación genera especial preocupación porque la comunidad educativa debe afrontar las reparaciones con recursos que obtiene mediante actividades propias. Vallejos remarcó que se trata de una escuela pública que no cobra una cuota a los estudiantes y que buena parte de las mejoras y del mantenimiento se sostiene mediante rifas, actividades y el aporte de docentes y directivos.
El establecimiento se encuentra en el barrio Fátima, detrás del Abasto San Isidro y frente al sector donde está el supermercado Makro. La directora destacó que se trata de una escuela nueva que procura mantener sus instalaciones en buenas condiciones y que incluso recientemente recibió el reconocimiento de establecimientos vecinos por el polideportivo.
En materia de seguridad, Vallejos indicó que hay presencia policial en la zona y que el BOP 86 integra un grupo de “escuelas seguras”, cuyos efectivos realizan recorridas preventivas. Sin embargo, los responsables del último ataque lograron ingresar y, además, dejaron fuera de funcionamiento el sistema de videovigilancia.
La escuela había instalado cámaras recientemente, pero después del hecho no pudieron recuperar las imágenes. La directora explicó que todavía intentan determinar cómo fueron apagadas o desconectadas, algo que le resulta particularmente llamativo por la forma en que se produjo el ataque.
La reiteración de los episodios también abrió interrogantes dentro de la comunidad educativa. Vallejos admitió que no descartan ninguna posibilidad, incluso que determinada información sobre el funcionamiento de la escuela pueda circular entre personas vinculadas al establecimiento o al barrio, aunque aclaró que no cuentan con elementos concretos para señalar a un responsable.
También describió como complejo el contexto social de la zona y mencionó la presencia de consumo de drogas. No obstante, remarcó que no pudieron establecer de dónde provienen los autores de los ataques.
Un antecedente de septiembre
El nuevo episodio se suma a una serie de hechos que, según la directora, se vienen acumulando desde julio. En total, contabilizó cinco robos o ataques en ese período.
Entre los antecedentes más recientes mencionó uno ocurrido el 22 de septiembre, cuando fueron sustraídos tres inodoros del establecimiento. La sucesión de hechos llevó a la comunidad educativa a plantearse hasta dónde puede sostenerse el esfuerzo para reparar aquello que vuelve a ser destruido.
Vallejos recordó además que el BOP 86 tiene un antecedente de larga data en materia de robos. En marzo de 2021, el establecimiento había colocado en su ingreso un cartel con la frase “No hay nada más que robar”, una imagen que quedó asociada a la problemática que atravesaba entonces a la institución.
Cinco años después, la directora considera que el escenario obliga a pensar en medidas de mayor protección. Incluso planteó que “enrejarnos 100%” podría terminar siendo la única alternativa, aunque reconoció el contraste entre la necesidad de proteger la escuela y convertirla prácticamente en un espacio cerrado.
Ante la reiteración de los ataques, la institución analiza convocar a una reunión con las familias para visibilizar lo que ocurre y buscar acompañamiento de la comunidad.
Vallejos admitió que la participación de los padres suele ser baja y que son pocos los que concurren cuando la escuela convoca para abordar problemas que afectan a los estudiantes. Por eso, considera que lograr una mayor participación será uno de los desafíos para afrontar esta situación.
Más allá de los daños materiales, Vallejos puso el foco en el esfuerzo cotidiano que realizan docentes y directivos para sostener la escuela. Contó que los equipos de aire acondicionado fueron colocados mediante el trabajo de la propia comunidad educativa y que los docentes también colaboran con tareas de mantenimiento.
Como ejemplo, mencionó a su vicedirectora, quien incluso durante un fin de semana estuvo trabajando en el establecimiento junto con su hermano, aprovechando sus conocimientos de electricidad y albañilería para resolver necesidades de la institución.
La directora sostuvo que muchas veces esos trabajos se realizan a pulmón y sin cobrar, porque la escuela no cuenta con recursos suficientes para afrontar todos los gastos de mantenimiento. Por eso, el nuevo ataque no representa solamente la pérdida de materiales: implica volver a destinar tiempo, esfuerzo y dinero a reparar algo que había sido conseguido para mejorar las condiciones de los estudiantes.
En ese contexto, Vallejos aprovechó la entrevista para solicitar colaboración a empresas, organismos gubernamentales y particulares que puedan ayudar a la institución. La escuela, aseguró, está abierta a recibir asistencia porque “solo no podemos”.
La directora también dejó un mensaje dirigido a quienes puedan estar detrás de los ataques: recordó que los propios hijos de las personas que vandalizan la escuela podrían ser estudiantes del BOP 86 y remarcó que todo lo que se instala y se mantiene tiene como destinatarios a los jóvenes que concurren diariamente.
“Si ponemos un aire, es para ellos, para que ellos estén cómodos”, resumió Vallejos, al explicar por qué el nuevo ataque genera especialmente dolor entre quienes sostienen cotidianamente el establecimiento.









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