
Mientras las crecidas mantienen bajo vigilancia rutas y puentes de Misiones y obligan a interrumpir la circulación en algunos sectores, para muchos pequeños productores el problema empieza varios kilómetros antes de alcanzar una ruta nacional o provincial. El barro, los arroyos desbordados y el deterioro de los caminos rurales e internos de las chacras comenzaron a dificultar la salida de la producción y sus primeras consecuencias ya se perciben en las ferias francas, donde disminuyó la cantidad de mercadería disponible.
La situación se produce en medio de varios días de intensas precipitaciones que dejaron complicaciones especialmente en el norte provincial. PRIMERA EDICIÓN informó esta semana sobre cortes en la ruta nacional 12 por la crecida de los arroyos Paranay Guazú y Piray Guazú, además de restricciones en otros caminos y puentes de la red provincial.
En ese contexto, la presidenta de la Asociación de Ferias Francas Tierra Colorada, Malena Ruiz Díaz, confirmó en diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones que los feriantes continúan llegando a los puntos de comercialización, aunque el efecto del clima ya empieza a hacerse visible.
“Se está notando una disminución en cuanto a la mercadería y los productos”, señaló. La baja todavía no responde a una interrupción generalizada de la llegada de productores, sino a una combinación de dificultades que comienza en las propias chacras y continúa durante el traslado hacia las ferias.
Cuando la lluvia coincide además con el día de comercialización, algunos productores directamente optan por no viajar. Ruiz Díaz explicó que en esas jornadas también disminuye la concurrencia de compradores y, ante menores ventas, el costo y el esfuerzo del traslado pueden dejar de resultar convenientes.
La problemática adquiere características distintas según la zona. Aunque las rutas nacionales y provinciales que actualmente utilizan buena parte de los productores vinculados a las ferias permanecen transitables, Ruiz Díaz puso el foco en una red mucho menos visible: los caminos rurales, los accesos a colonias y parajes y, finalmente, las trazas internas que conectan a cada productor con su chacra.
Allí aparecen el barro, los cursos de agua desbordados y las dificultades en puentes y alcantarillas. Incluso cuando una ruta principal permanece habilitada, un productor puede tener problemas para llegar hasta ella con la mercadería cargada.
El panorama coincide con una preocupación que ya venía planteándose antes de las últimas crecidas. A fines de septiembre, PRIMERA EDICIÓN había abordado con la propia Ruiz Díaz el impacto que los temporales comenzaban a generar sobre algunos cultivos y sobre la disponibilidad de determinados productos. Ahora, la diferencia es que la sucesión de lluvias también empieza a condicionar directamente la logística para sacar la producción de las chacras y trasladarla hasta los puntos de venta.
La dirigente señaló además que no resulta sencillo intervenir sobre esos caminos mientras continúan las precipitaciones. Las tareas de reparación o reconstrucción quedan condicionadas por el estado del suelo y, al mismo tiempo, mantener el tránsito de vehículos y cargas sobre trazas saturadas de agua puede profundizar su deterioro. A esa dificultad se suma que los municipios, que habitualmente colaboran con el traslado de algunos feriantes, también deben distribuir sus recursos y vehículos entre otras necesidades generadas por las lluvias y la asistencia a sectores afectados.
Menos producción y riesgo de perder promociones
El problema no termina cuando el productor logra salir de la chacra. El exceso de agua también está afectando directamente lo que puede cosecharse. Ruiz Díaz explicó que la humedad persistente favorece la aparición de enfermedades y hongos, perjudica los cultivos y dificulta tareas habituales como la siembra y el desmalezamiento. Ese escenario puede traducirse progresivamente en una menor cantidad de productos disponibles.
“El feriante y el productor siempre tratan de sostener la clientela y también piensan en la situación económica para que el consumidor pueda acceder a los productos”, sostuvo. Sin embargo, reconoció que si disminuye la mercadería disponible, la relación entre oferta y demanda podría generar algunas subas.
No anticipó un aumento generalizado de precios. El primer efecto, explicó, podría sentirse de otra manera: que determinados productos dejen de encontrarse con las promociones u ofertas habituales.
Ese comportamiento ya tiene antecedentes. En enero, por ejemplo, Ruiz Díaz había explicado a este medio que ante variaciones de la producción muchas veces no aumenta inmediatamente el precio de referencia, sino que se reducen las oportunidades de comprar mayores cantidades a valores promocionales.
Pese al escenario climático, las ventas todavía se mantienen. La presidenta de la Asociación aseguró que los consumidores continúan eligiendo las ferias y que sigue existiendo movimiento, aunque con variaciones importantes según el momento del mes, el día y las condiciones meteorológicas.
“Hay semanas donde se vende mejor que otras”, explicó. La lluvia incide particularmente cuando coincide con los días de feria, ya que disminuye tanto la cantidad de productores que deciden trasladarse como el número de compradores que se acercan a los puestos.
La preocupación de los colonos está puesta ahora en cuánto tiempo se prolongarán las condiciones de exceso de humedad. Ruiz Díaz relató una conversación reciente con un productor que resumió una de las dificultades del momento: la falta de agua puede compensarse parcialmente cuando existen reservorios y sistemas de riego; frente a lluvias persistentes y falta de sol, las herramientas para intervenir son mucho más limitadas.
“Tan perjudicial puede ser la seca o la falta de lluvia como el exceso de lluvia y la falta de sol”, explicó. En períodos secos, quien dispone de agua almacenada puede sostener el cultivo mediante riego. Con el suelo saturado, en cambio, se complican la siembra, el mantenimiento y el desarrollo mismo de las plantas. Eso termina afectando también la rentabilidad de pequeñas explotaciones que ya realizaron inversiones en semillas, insumos y trabajo. “Cosechan o producen menos”, resumió Ruiz Díaz.
Frente a ese escenario, las recomendaciones que actualmente pueden acercarse a los feriantes pasan principalmente por las técnicas de manejo de los cultivos: mantener y mejorar desagües y canaletas, utilizar coberturas vegetales que ayuden a absorber la humedad y reforzar los controles de plagas y enfermedades.
Expectativa por el Día de la Madre
El impacto de las lluvias coincide además con uno de los fines de semana que suele generar expectativas comerciales entre los feriantes. Con la celebración del Día de la Madre, numerosos productores comenzaron a preparar una mayor oferta de aquellos alimentos y elaboraciones que suelen tener mayor demanda para la fecha.
Ruiz Díaz aseguró que los feriantes llegan preparados para la ocasión y esperan que el tiempo permita sostener tanto el traslado como la concurrencia de compradores. “Hay expectativas, así que ojalá que el clima acompañe y que los vecinos también vayan a consumir”, expresó.





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