Dra. Marcela Campias
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La mayoría de nosotros, estamos expuestos al virus Varicela-zoster por primera vez, lo que ocurre generalmente durante la infancia, desarrollamos la varicela, que es una enfermedad que se caracteriza por erupciones de color rojizo en todo el cuerpo y fiebre. Después de una semana o dos con los síntomas, nuestro sistema inmunitario puede controlar la infección en la piel, haciendo que la enfermedad sea curada. El problema es que la cura de los síntomas no es necesariamente una cura del virus.
Al principio de la varicela, el virus invade las terminaciones nerviosas de la piel y migra hasta algunas cadenas de ganglios situados junto a la médula espinal y al cerebro y así permanece “oculto” del sistema inmunitario durante períodos que pueden durar décadas. Algunos dicen, se enquistó el virus, por lo tanto, se cura de la varicela, pero queda infectado con el virus Varicela- Zoster por el resto de su vida.
En general, esto no es un problema, porque cada vez que el virus ingresa en los ganglios nerviosos, nuestro sistema inmunitario, que ya tiene anticuerpos específicos contra el virus Varicela-zoster, puede detenerlo.
El paciente mantiene el virus acorralado, no presentando ningún síntoma, no pudiendo pasarlo a otras personas. Por lo tanto, por un lado, no podemos deshacernos del virus, por otro nuestro sistema inmunitario es suficientemente capaz de impedir que el virus vuelva a atacarnos.
Sin embargo, nuestra batalla contra el virus Varicela-zoster depende de un sistema inmune fuerte. El virus puede estar décadas al acecho, esperando un resbalón de los anticuerpos para volver a multiplicarse. Esto significa que basta una caída de nuestra inmunidad para que el virus se manifieste otra vez. Muchas veces situaciones inesperadas, nos producen períodos de dolor físico o mental, deteriorando el sistema inmune y volviéndonos más propicios a enfermar de lo que sea. Así este virus se reactiva y al tener las defensas bajas brota.
La reactivación del Varicela-zoster no provoca un nuevo cuadro de varicela, sino una enfermedad diferente llamada herpes zóster. Primero un intenso dolor, en una terminal nerviosa para luego manifestarse a las 48, 72 hs con picazón y ardor agudo que no calma, apareciendo las lesiones de piel.
Cuando el virus se reactiva, lo hace en la dirección opuesta, viajando desde el nervio y volviendo a la piel, lo que causa las lesiones típicas del herpes zóster, que son múltiples vesículas (burbujas) rojizas, restringidas a un área pequeña del cuerpo, que es exactamente aquella que es inervada por los nervios que “ocultaban” el virus.
A veces puede ser ocular, tórax, abdomen, genitales etc. Cualquier lugar. Generalmente se dan antivirales cremas y vía oral, pero es muy doloroso y el paciente toma todo tipo de analgésicos, antiinflamatorios.
La alimentación debe chequearse, teniendo en cuenta que la ARGININA es un potenciador de los síntomas. Este aminoácido es muy común entre deportistas que consumen suplementos proteicos. En los alimentos se encuentra en nueces, almendras, chocolates, semillas de girasol. En algunos pacientes se suspende las legumbres también.
Se sugieren alimentos ricos en LISINA, otro aminoácido que encontramos en carnes, pescados, huevos, yogurt. No consumir azucares ni comidas procesadas especialmente. Ejercicios de respiración, relajación y sueño adecuados marcan una importante diferencia en el equilibrio emocional que tanto ayuda a las defensas.
Es importante recalcar que el herpes vive con nosotros, nuestra inmunidad regula si queda escondido o se reactiva. Feliz y bendecido domingo.






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