El escenario productivo para los pequeños piscicultores de la zona sur de la provincia experimenta un cambio clave a partir de la apertura de la nueva sala de faena en Apóstoles.
Históricamente, los colonos debían vender su producción de manera informal a pie de estanque, una modalidad que limitaba la cantidad de clientes y restringía las ventas al entorno de los vecinos más cercanos.
Ahora, tener una planta que cuenta con las certificaciones del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) y las aprobaciones de bromatología cambia por completo las reglas de juego para el sector.
Este avance de infraestructura otorga una visibilidad muy importante a la producción local y permite abrir canales de comercialización hacia mercados mucho más grandes.
El proyecto se consolidó a partir del trabajo de la Fundación Mayma, con el respaldo del Gobierno provincial y la Municipalidad de Apóstoles. Esta ayuda institucional permitió superar el techo que afectaba a los productores locales, en su gran mayoría “minifundistas”, abriendo la posibilidad de expandirse de una forma que era impensable un año y medio atrás.
Respiro económico
En el contexto económico actual, marcado por la crisis, la piscicultura creció muchísimo en los últimos dos años en el municipio. La actividad demuestra un nivel de ganancia que hoy no logran registrar los sectores tradicionales de la provincia.
Para la mayoría de los pequeños productores, la cría de peces se convirtió en el principal ingreso para cubrir las pérdidas o los bajos rendimientos que generan la yerba mate, la mandioca, la cría de cerdos y la ganadería.
Al respecto, Gabriel Mauricci, productor piscícola y yerbatero de Apóstoles, dialogó con PRIMERA EDICIÓN y detalló sobre el impacto de esta obra en el trabajo diario del colono misionero: “La sala de faena para los pequeños productores nos pone en un lugar al que nunca pensamos llegar, porque nosotros solemos vender los peces a pie de estanque. Esto no nos da la visibilidad que sí nos dará la sala”, dijo y agregó que “los beneficios son la visibilidad y la posibilidad de ampliar las ventas a otros lugares más extensos que a los vecinos, como lo venimos haciendo hasta ahora”.
Sistema de trabajo en la planta
El funcionamiento de la sala de faena se organiza mediante un sistema de turnos programados. Según explicó Mauricci, “los productores deben anotarse previamente en una agenda para recibir un cupo y una fecha específica en la cual realizar la pesca en sus estanques”.
Asimismo, para asistir a la planta, “el colono debe tener la venta ya pactada con sus clientes, ya que los compradores van directamente a las instalaciones para retirar el pescado procesado”, indicó.
En cuanto al proceso, empieza en la chacra con el traslado de los ejemplares vivos en tambores preparados para evitar el sufrimiento de los animales.
“Una vez en el establecimiento, se realiza el sacrificio mediante métodos rápidos y adecuados como el electroshock o el uso de hielo”, detalló.
Mientras tanto, los productores esperan en un sector limpio y separado: “A través de una ventanilla de atención, los compradores reciben el pescado preparado según lo que pidieron, ya sea desespinado, fileteado o entero, realizando la venta directamente en el lugar”, comentó.
Alternativa accesible
Respecto a los precios del mercado, desde el sector señalaron que la puesta en marcha de la sala “no cambiará los valores actuales, los cuales seguirán definidos por la oferta y la demanda, aunque sí garantizará una calidad de higiene mucho más alta”.
Actualmente, el kilo de pacú se vende en un rango que va de los 8.000 a los 10.000 pesos. Esta cifra posiciona al pescado como una opción muy competitiva frente a la carne vacuna, que promedia entre los 17.000 y los 18.000 pesos por kilo en las carnicerías de la región.
Productores fomentan el consumo cotidiano
Con el objetivo de incorporar el pescado en la dieta familiar diaria, productores piscícolas de Apóstoles lanzaron, desde hace un tiempo, una campaña local para instalar el día 19 de cada mes como la jornada dedicada al consumo de este alimento en la región.
La iniciativa busca generar una costumbre popular similar a la tradición de los ñoquis de los días 29, pero enfocada en la producción de las chacras locales.
El productor Gabriel Mauricci indicó a este Diario: “Impulsamos el día 19 de cada mes, así como se hace con los ñoquis del 29, bueno, el día del pescado misionero. Entonces ese día tratamos de arengar para que la gente se acostumbre a comer pescado, aunque sea una vez por mes”, señaló.
Los impulsores de la campaña destacan que, además de ser una alternativa accesible para la canasta familiar frente a otros cortes de carne, el pescado de estanque ofrece un alto valor nutricional.
“De a poco iremos llevando a una dieta consolidada y totalmente demostrada que es ideal con la cantidad de proteínas que tienen nuestros peces”, concluyó Mauricci, apostando a consolidar un hábito más saludable en los hogares misioneros.
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