El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, confirmó su salida de Islamabad sin acuerdo tras el rechazo de Irán a la propuesta de paz impulsada por la administración de Donald Trump. El cierre de las negociaciones marca un nuevo punto de tensión en un vínculo históricamente conflictivo y reabre interrogantes sobre la estabilidad regional.
El encuentro, desarrollado en la capital de Islamabad, se extendió durante 21 horas de conversaciones ininterrumpidas, en lo que representó el intento más directo de acercamiento entre ambos países en décadas.
Antes de abordar el Air Force Two, Vance reconoció el fracaso del diálogo y dejó en claro la postura de Washington. “Regresamos a casa sin el consenso esperado. Dejamos sobre la mesa nuestra última y mejor oferta. La decisión ahora está en manos de Teherán”, afirmó.
Según la Casa Blanca, el planteo estadounidense exigía no solo la neutralización operativa del programa nuclear iraní, sino también un compromiso jurídico y político de largo plazo que garantice la renuncia definitiva a las armas nucleares.
Desde Washington, Trump reforzó la línea dura y relativizó la falta de acuerdo. “Si hay acuerdo o no, me es indiferente. La realidad es que ya hemos ganado. Militarmente, los hemos derrotado”, sostuvo, en una declaración que profundiza el tono confrontativo del conflicto.
Del lado iraní, la respuesta fue inmediata. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Esmaeil Baqaei, rechazó las condiciones planteadas por Estados Unidos y denunció “peticiones ilegales” y “demandas desmedidas”. Según Teherán, cualquier avance diplomático dependerá de que Washington respete la soberanía iraní y abandone lo que considera imposiciones unilaterales.
Más allá del fracaso, el encuentro deja un dato de alto valor simbólico: fue el primer diálogo directo de alto nivel entre Estados Unidos e Irán desde la ruptura de relaciones en 1979, sin intermediarios. Un canal que ahora queda en suspenso.
Las conversaciones se desarrollaron en un contexto de alta fragilidad regional, atravesado por las tensiones en el Estrecho de Ormuz y la volatilidad de los mercados energéticos, lo que amplifica el impacto global del estancamiento diplomático.
La delegación estadounidense estuvo integrada, además de Vance, por asesores como Steve Witkoff y Jared Kushner, mientras que Irán estuvo representado por el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, y el canciller Abbas Araghchi.
El operativo fue facilitado por el gobierno de Pakistán, que garantizó condiciones de seguridad excepcionales para el desarrollo de las reuniones.
Con la retirada de la delegación norteamericana, el escenario queda abierto. La propuesta que Washington dejó sobre la mesa puede convertirse en un punto de partida para retomar el diálogo o en el cierre definitivo de un intento diplomático que, por ahora, no logró romper décadas de desconfianza.
Fuente: Agencia de Noticias NA





