A pocos días de concluir el primer trimestre de 2026, la cantidad de siniestros viales con desenlaces fatales continúa generando preocupación en la Argentina. El dato más contundente surge del último relevamiento de la asociación civil Luchemos por la Vida, que registró 6.248 muertes durante 2025 en calles y rutas del país.
La cifra equivale a un promedio cercano a 17 fallecimientos por día, una estadística que vuelve a exponer la persistencia de una problemática estructural que, lejos de ceder, mantiene niveles alarmantes en distintas provincias.
En ese escenario, Buenos Aires encabezó el listado con 1.999 víctimas fatales, seguida por Tucumán con 434, Santa Fe con 431, Córdoba con 382 y Misiones, que volvió a ubicarse entre las jurisdicciones con peores registros, con 360 muertes.
En diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones, la presidenta de Luchemos por la Vida, María Cristina Isoba, analizó el saldo que dejó 2025 y se refirió al panorama con el que comenzó este año.
Aunque todavía no existen datos oficiales consolidados del primer trimestre de 2026, desde la entidad advirtieron que los primeros indicios no permiten hablar de una mejora. “Desde Luchemos por la Vida aún no tenemos cifras para compartir de este primer trimestre de 2026. Sin embargo, por lo que trasciende a través de los medios, que obviamente es absolutamente parcial, la situación no está mejor que el año pasado”, sostuvo.
En esa misma línea, remarcó que durante los primeros meses del año se registró una importante cantidad de hechos graves en distintos puntos del país, aunque aclaró que todavía falta tiempo para contar con una evaluación estadística completa. “En general, en el país ha habido mucha siniestralidad en enero y en febrero, pero no tenemos cifras totales y no las vamos a tener por mucho tiempo todavía”, añadió.

Más allá de los números, Isoba planteó que detrás de cada balance anual también debería existir una revisión profunda sobre qué se modificó realmente para evitar que la tragedia se repita. En ese sentido, cuestionó la falta de avances concretos en materia de infraestructura vial, tanto en Misiones como en el resto del país.
“¿Qué se ha mejorado en este año que pasó?”, se preguntó al poner el foco en el estado de rutas, banquinas, señalización, iluminación, intersecciones urbanas, veredas, sendas peatonales y accesibilidad. Para la referente, la discusión no puede agotarse únicamente en las estadísticas si no va acompañada por transformaciones reales en el espacio público y en las condiciones de circulación.

Otro de los ejes abordados durante la entrevista fue el debate recurrente en torno a los radares y los sistemas de control. Frente a las críticas que suelen aparecer por la aplicación de multas, Isoba defendió estas herramientas y sostuvo que su función principal no debería ser interpretada como meramente recaudatoria.
“La gente se queja de los radares. Se queja en Misiones y también acá en Buenos Aires por las multas a quienes se detienen sobre la senda peatonal o cruzan un semáforo en rojo. Pero la verdad es que eso no es recaudatorio, eso intenta que la gente se sienta perjudicada si transgrede las normas”, afirmó.
Para la titular de la organización, el problema de fondo no pasa solamente por el castigo posterior a la infracción, sino por una falla más profunda en la formación vial y en la cultura de conducción. Por eso, al ser consultada sobre el sistema de otorgamiento de licencias para motos y autos, aseguró que se trata de una de las grandes deudas pendientes del país.
“Las licencias de conducir son una asignatura pendiente, como la educación vial en las escuelas”, expresó. En ese marco, recordó que Luchemos por la Vida trabajó durante años sobre propuestas vinculadas a la evaluación de aspirantes, con la idea de que el examen no se limite al reconocimiento de señales, sino que también prepare a quienes van a conducir para resolver situaciones reales del tránsito.
“Propusimos, por ejemplo, que la licencia no se limitara a atender a la señal de tránsito, que el teórico pusiera al aspirante en situación de tener que resolver problemas en el tránsito”, explicó.
A criterio de Isoba, hoy persiste una falla central en la formación de conductores, ya que muchas veces no se logra transmitir el sentido real de las normas ni su vínculo directo con la prevención de siniestros. “No se educa al conductor, no se lo concientiza, no se le hace entender el por qué y el para qué de las normas de tránsito”, remarcó.
Y completó con una comparación simple pero elocuente. “Son como las reglas de juego de un deporte. La gente no respeta las normas, las que desconoce y las que conoce también”.















