Pulgas, garrapatas o parásitos intestinales: invisibles en muchos casos, pero con impacto directo en la salud de perros, gatos y también de las personas. La falta de prevención y de controles veterinarios regulares sigue siendo uno de los principales problemas en el cuidado de mascotas, según advierten especialistas a partir de un reciente informe internacional.
Una encuesta realizada a más de 6.500 tutores de animales de compañía reveló una brecha preocupante: el 43% de las mascotas ya sufrió una infección parasitaria, mientras que el 27% de sus dueños reconoce tener escasa o nula información sobre los riesgos. En esa línea, el 75% manifestó que necesitaría recibir orientación más clara sobre prevención.
En Argentina, el escenario no es muy diferente. Con una población estimada de más de 13 millones de perros y cerca de 5 millones de gatos, los niveles de control sanitario resultan bajos: solo el 27,8% de los perros y el 18% de los gatos son llevados al veterinario al menos una vez al año.
“Los parásitos son organismos que viven a expensas de otros y pueden afectar no solo el sistema digestivo, sino también distintos órganos y tejidos”, explicó el médico veterinario Pablo Borrás, especialista en enfermedades infecciosas. Entre los más frecuentes se encuentran las giardias, los gusanos intestinales y el llamado gusano del corazón, así como también los parásitos externos, como pulgas y garrapatas.
Estos últimos no solo generan molestias visibles, sino que además pueden transmitir enfermedades más complejas, como la ehrlichiosis o la hepatozoonosis en perros, lo que eleva el riesgo sanitario.
En ese contexto, los especialistas insisten en que la desparasitación no debe ser una práctica ocasional. “Debe entenderse como una intervención médica, indicada por un veterinario según las características de cada animal”, sostuvo Alexis Jaliquias, al remarcar que factores como el ambiente, el contacto con otros animales y el estilo de vida influyen directamente en el nivel de riesgo.
El problema no se limita a las mascotas. Muchas parasitosis pueden transmitirse a las personas, lo que las convierte en un tema de salud pública. “Prevenir y tratar estas infecciones protege tanto al animal como a toda la familia”, coincidieron los especialistas.
Otro punto clave es el entorno. Según explicaron, hasta el 95% del ciclo de vida de pulgas y garrapatas ocurre fuera del animal, en espacios como el hogar o el jardín. Por eso, el control no debe centrarse únicamente en la mascota, sino también en el ambiente.
A pesar de este escenario, los veterinarios continúan siendo la principal fuente de información confiable: el 70% de los tutores los identifica como su referencia principal. Sin embargo, la baja frecuencia de consultas limita el acceso a esa orientación.
En un contexto donde el riesgo varía según la región, el clima y los hábitos del animal, el mensaje es claro: la prevención debe ser constante, personalizada y sostenida en el tiempo.
Más allá de los datos, los especialistas resumen el enfoque en una idea simple: cuidar a una mascota también implica anticiparse a lo que no se ve. Porque en muchos casos, esos “enemigos invisibles” solo se hacen evidentes cuando el problema ya está instalado.
Fuente: Agencia de Noticias NA





