Hay silencios que en el aula aturden. Lo saben los docentes que, más allá de los libros y las currículas, conviven a diario con la mirada de cientos de adolescentes que atraviesan la etapa más compleja de la vida. Ayer, jueves, en Oberá, ese saber cotidiano empezó a traducirse en herramientas concretas: más de 600 docentes de nivel secundario participaron en una capacitación en prevención del suicidio, organizada en la Casa del Bicentenario por la Comisión para el Abordaje Integral del Suicidio (CAIS).
La capacitación, organizada por la Comisión para el Abordaje Integral del Suicidio (CAIS), no fue una mera formalidad administrativa. Fue un ejercicio de introspección institucional. Bajo la dirección del ministro de Salud, Dr. Héctor González, y referentes de salud mental, el eje estuvo puesto en el “triage”: aprender a clasificar el riesgo, ver lo que antes se ignoraba y actuar bajo protocolos claros que no dejen al docente solo en la toma de decisiones.
“La escuela actúa como factor protector”, afirmó con contundencia la Lic. Natalia Falcone, coordinadora de la CAIS. No es una frase hecha. Los datos estadísticos de la provincia sostienen una verdad esperanzadora: quien entra en la red de contención tiene una alta probabilidad de estabilizarse. El problema, entonces, no es la falta de tratamiento, sino la llegada a tiempo.
El Lic. Nicolás Aranda, director de Salud Mental, lo resumió en una premisa básica pero difícil de ejecutar en la soledad del cargo: “La mejor forma es en equipo”. El mensaje es claro: el docente no reemplaza al profesional de salud mental, pero sí puede ser el primer sensor.
Más allá de las autoridades presentes -desde el intendente Pablo Hassan hasta los equipos del Gabinete Pedagógico Interdisciplinario (GPI)-, la verdadera noticia es la movilización humana, 600 educadores de Oberá y Leandro N. Alem detuvieron su rutina para admitir que la problemática existe y que nos golpea a todos.
Como señaló el ministro González, visibilizar es el primer paso de la cura. No se puede prevenir lo que se oculta bajo la alfombra del tabú. Hoy, esos docentes vuelven a las aulas con una guía de orientación bajo el brazo, pero sobre todo con la conciencia de que, a veces, una pregunta a tiempo o una derivación correcta pesan mucho más que cualquier examen aprobado.










