Colaboración: Francisco
Pascual y Martín Ghisio
La producción de frutilla en Misiones se consolida como una alternativa intensiva y de alto valor dentro de la economía de las chacras familiares. Aunque se trata de un cultivo anual cuya superficie y volumen varían año a año, en los últimos tiempos ha mostrado una evolución significativa, impulsada por la incorporación de nuevas tecnologías y sistemas de manejo.
Según explicó el profesor en Ciencias Agrarias y técnico del INTA, Aníbal Krindges, históricamente la frutilla se produjo en suelo, como una actividad complementaria. Sin embargo, a partir de 2018 comenzó a difundirse el sistema semi hidropónico, basado en canaletas elevadas sobre mesadas. Este cambio tecnológico permitió mejorar aspectos clave como la poda, el control de malezas, la sanidad del cultivo y, especialmente, la calidad del fruto. Además, facilitó las tareas de cosecha, reduciendo el esfuerzo físico de los productores.
En el sistema tradicional, el manejo comienza entre febrero y marzo, con la preparación del suelo y la construcción de camellones de unos 70 centímetros de ancho y 20 de altura. Luego se instala el riego por goteo y se aplican coberturas como mulching plástico, viruta de madera o acícula de pino, según las posibilidades de inversión. El trasplante se realiza entre marzo y abril, cuidando especialmente la correcta disposición de las raíces y la ubicación de la corona de la planta. En esta etapa, también se recomienda el uso de fungicidas, tanto convencionales como biológicos, como el Trichoderma.
Por su parte, los sistemas en sustrato -si bien requieren una inversión inicial más elevada- ofrecen ventajas importantes.
Entre ellas, una mayor estabilidad productiva a lo largo del año, mejores condiciones de trabajo y un ahorro en la compra de plantines, ya que permiten extender la vida útil de las plantas por más de dos años con un manejo adecuado. Estos sistemas utilizan mezclas de sustratos como cáscara de arroz carbonizada, turba y perlita, y exigen un control riguroso de la nutrición, incluyendo mediciones de pH y conductividad eléctrica. En este proceso de transformación productiva, el INTA cumple un rol clave.
A través de sus equipos técnicos, brinda asistencia integral a los productores: desde la elección de variedades y la gestión de plantines, hasta el monitoreo de plagas y enfermedades, la promoción de buenas prácticas agrícolas y la capacitación continua. Además, impulsa experiencias adaptativas en chacras, evaluando nuevas variedades y estrategias de manejo.
En cuanto al mercado, la frutilla misionera presenta una demanda sostenida durante todo el año, tanto para consumo fresco como para su uso en repostería, heladerías, gastronomía y bebidas.
La producción local se destina íntegramente al consumo provincial, con un pico de oferta entre agosto y octubre, cuando los precios tienden a descender.
Una de las principales ventajas competitivas radica en la frescura del producto. Al tratarse de un fruto no climatérico, la frutilla no mejora su sabor tras la cosecha, por lo que el momento de recolección es determinante.
En este sentido, la producción local -que evita largos traslados- permite cosechar con un grado óptimo de madurez, lo que se traduce en mejores atributos de sabor, aroma y calidad general.
Si bien requiere inversión y manejo técnico, la frutilla se posiciona como una opción rentable en pequeñas superficies, especialmente cuando se orienta a la obtención de fruta primicia. En un contexto donde la diferenciación por calidad y cercanía gana cada vez más relevancia, Misiones cuenta con condiciones agroecológicas favorables para consolidar este cultivo y potenciar su desarrollo.
Una experiencia productiva
Desde Garuhapé, la familia Ferris Graef se consolidó como una referencia en la producción de frutillas bajo sistema de semi hidroponía, promoviendo la innovación y al trabajo familiar como pilares del emprendimiento.
Orlando Ferris destaca que “las ventajas del sistema son la comodidad para el trabajo, el control de plagas y una menor presencia de enfermedades cuando se realiza un manejo adecuado”. En ese sentido, la tecnología permite optimizar las condiciones de cultivo y mejorar la sanidad de las plantas.
Sin embargo, también advierte que se trata de una actividad con una inversión inicial significativa, principalmente por el costo de los plantines y la infraestructura necesaria, como el sistema de canaletas.
“Por este motivo desarrollamos nuestro propio sustrato para ser más competitivos y trabajamos todo en familia”, agrega. Actualmente, el establecimiento cuenta con unas 10.000 plantas en producción a lo largo del año, organizadas en distintos períodos para asegurar continuidad. El rendimiento promedio alcanza los 700 gramos de fruta por planta.





