En una jornada marcada por la conciencia ambiental y el compromiso civil, la ciudad de Montecarlo se sumó este jueves 26 de marzo a la movilización provincial por el Día Mundial del Clima. El punto de encuentro fue la emblemática Plazoleta La Paloma, donde vecinos de diversos barrios se acercaron para desprenderse de aquellos aparatos electrónicos que, de otra forma, terminarían contaminando el suelo misionero.
La iniciativa, coordinada por la comuna montecarlense en conjunto con la Subsecretaría de Economía Circular de la provincia, busca dar respuesta concreta al crecimiento de la “basura electrónica”.
No obstante, en Montecarlo, el proyecto tuvo una vuelta de tuerca solidaria porque parte del material recolectado, fundamentalmente teclados y teléfonos antiguos, será reutilizado por el área de Discapacidad local, debido a que se “transformarán en paneles sensoriales, promoviendo la inclusión y generando nuevos espacios de aprendizaje”, explicaron desde la organización.
Impacto
El concepto de economía circular dejó de ser una teoría para transformarse en acción territorial. Al recibir desde computadoras viejas hasta grandes electrodomésticos de línea blanca, el municipio no solo evita la acumulación de metales pesados en los basurales, sino que reinserta componentes en el sistema productivo o social.
Esta acción simultánea realizada ayer en la provincia busca sensibilizar sobre el calentamiento global y el efecto invernadero, problemas que Naciones Unidas puso en agenda allá por 1992.
Los vecinos destacaron la comodidad de contar con un ecopunto céntrico para descartar elementos como routers, monitores LED y consolas de videojuegos que ya no funcionan.
Para Montecarlo, en particular, la jornada representó un avance significativo en su perfil de ciudad sustentable e inclusiva. El hecho de que un residuo tecnológico pueda terminar convertido en un estímulo sensorial para un chico con discapacidad es el ejemplo perfecto de gestión eficiente. “Es un paso más impulsado por la comuna”, señalaron desde el municipio.
La jornada cerró con un balance positivo, no solo por el volumen de carga recolectada que será procesada de forma segura, sino por el cambio de hábito que genera en el ciudadano.





