El arranque del año volvió a mostrar una dinámica de precios resistente a la baja en los rubros más sensibles del consumo cotidiano. Distintos relevamientos privados coinciden en que la inflación de enero se ubicará por encima del 2%, con los alimentos y bebidas como principal motor de las subas, aun en un contexto de relativa estabilidad macroeconómica y cambiaria.
Hacia el cierre del mes se registró una aceleración moderada de precios, concentrada en productos frescos y bienes de demanda inelástica. No se observaron saltos abruptos, pero sí un goteo constante en góndolas, especialmente en carnes, verduras y aceites, suficiente para sostener la presión sobre el Índice de Precios al Consumidor (IPC).
Qué proyectan las consultoras
Las estimaciones privadas muestran un consenso en torno al 2,5%, aunque con diferencias según metodología y cobertura:
Econviews proyectó la suba más elevada, con 2,8%.
LCG estimó una inflación de 2,5%, con fuerte incidencia del precio de la carne.
Almaceneros de Córdoba calculó una variación de entre 2,4% y 2,5%.
Equilibra ubicó el índice en 2,2%.
IPC Online Bahía Blanca fue el más optimista, con un registro cercano al 1,9%.
Pese a las diferencias, los informes coinciden en que los alimentos volvieron a marcar el pulso del índice, dificultando una desaceleración más clara.
Inflación con “núcleos duros”
El comportamiento de enero responde a una inflación que mantiene núcleos duros dentro de la canasta básica. Si bien hubo factores que ayudaron a moderar el indicador -como bajas estacionales en algunas verduras, ajustes suaves en lácteos y estabilidad en precios regulados, como los combustibles-, el peso de los alimentos frescos volvió a ser determinante.
Este patrón refuerza la percepción de que, aun con menor volatilidad cambiaria, el costo de vida sigue ajustando por los bienes esenciales, los más sensibles para los hogares.
De cara a los próximos meses, febrero traerá una novedad técnica relevante: el INDEC comenzará a medir la inflación con una nueva canasta de bienes y servicios, actualizada según hábitos de consumo más recientes.
La modificación otorgará mayor ponderación a los servicios y reducirá la incidencia relativa de los alimentos, lo que podría alterar la lectura estadística del IPC, aunque no necesariamente el impacto real que perciben los consumidores en su día a día.
Fuente: Agencia de Noticias NA




