POSADAS. En dos años, Santi Peloso fue operado 19 veces. Hoy tiene tres años y nueve meses, es decir que más de la mitad de su vida la pasó internado preparándose para una cirugía o recuperándose para luego volver a quirófano.Santi tiene una miopatía visceral, que compromete su vejiga, que es mucho más grande de lo normal, y los intestinos, por lo cual se analiza la posibilidad de un trasplante.Oriundo de Gobernador Virasoro (Corrientes), es paciente del hospital Garrahan de Capital Federal. Actualmente, está internado en el sanatorio Nosiglia de Posadas. “Para que podamos darle la mejor calidad de vida y evitar el contacto con los virus, necesitamos una casa con una habitación sólo para nuestro hijo”, señaló su mamá Soledad Ponce. Esas fueron las indicaciones del equipo médico del Garrahan hace dos años, cuando le dieron el diagnóstico.Actualmente los Peloso alquilan una casa en el barrio Vuelta del Ombú. “Por frente de la casa pasan muchos camiones y entra mucha tierra, y mi hijo no puede correr esos riesgos”, dijo Soledad a PRIMERA EDICIÓN. Recordó lo difícil que fue pasar las dos semanas sin luz en Virasoro hace unos días. “Santi recibe alimentación parenteral -por vía intravenosa- con un aparato a batería. En esos días me tenía que ir hasta el hospital a cargar la batería -donde tienen un generador- y volver a casa. Por eso cuando podamos conseguir una casa mejor, aunque tengamos que pagarla, vamos a comprar un generador para él”, explicó. Recordó también los interminables días de calor en el verano: “pasamos encerrados en la pieza con mi hijo, sin aire acondicionado. Imposible”. Rogando por una casa digna“Nosotros ya presentamos todos los papeles en la Municipalidad (de Virasoro), pero nos dijeron que no podían hacer nada, y que vayamos a Corrientes (Capital) a tramitar, nos dan muchas vueltas y lo que está en juego es la salud y la vida de nuestro hijo”, agregó Alberto Peloso. El hombre pasa toda la semana fuera de casa cosechando resina y por eso tiene muy pocas posibilidades de viajar a la capital correntina para hacer trámites, que como es de conocimiento general, son una verdadera odisea de varios días, sellar papeles, presentar notas, etcétera.Atención especializadaLa mamá de Santi no trabaja porque está a cargo de cuidarlo todo el día. Incluso se ha capacitado para darle la mejor atención posible. El pequeño se alimenta por vía intravenosa y debieron practicarle una colostomía -se vincula el colon con una abertura en el abdomen y allí una bolsa externa llamada ano contra natura- ya que parte del intestino no funciona bien. Y es por ello que necesita una atención muy especial y estar aislado de virus, bacteria y polvo. Pese a todo, su madre señala que “gracias a Dios él puede caminar y cuando está bien de ánimo, juega con sus hermanitos (de siete y nueve años)”.A pesar de todo el amor y cuidados que buscan darle sus padres, las recaídas de Santi son frecuentes -“a veces está un día bien, luego cinco días mal”. “La pediatra que hace nuestro seguimiento en internación domiciliaria -trabaja en el Nosiglia- nos dice que tenemos que disfrutarlo mucho a Santi porque no sabemos qué puede pasar”, dijo apenada su mamá.Idas y vueltasAdemás del sueldo de Peloso, que garantiza que el niño pueda acceder a una obra social, la Municipalidad los ayuda con una mínima suma de dinero que llega, pero no todos los meses. Algunas personas solidarias colaboran con ellos pero apenas alcanzan a juntar el dinero para alquiler, pasajes, medicamentos, etcétera.Agotados de tantas idas y vueltas, Santi y sus padres sólo tienen un deseo: poder conseguir una casa donde puedan acomodarse mejor, con una habitación donde puedan colocar la cama de Santi y todos los aparatos que requiere, y de esa manera puedan garantizar condiciones ambientales que lo aíslen de virus y posibles infecciones.





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