
Los surtidores de Posadas volvieron a cambiar sus pizarras durante los últimos días, pero detrás de una nueva ronda de aumentos aparece otro problema que empieza a preocupar al sector: cada vez se necesitan vender más litros para sostener una estación de servicio mientras el consumo continúa debilitado y los costos de funcionamiento siguen creciendo.
El último relevamiento realizado por PRIMERA EDICIÓN mostró que los combustibles acumularon en apenas una semana incrementos de hasta 6,5%, con comportamientos diferentes según la petrolera. Axion concentró las mayores variaciones, mientras YPF aplicó un ajuste del 1% y Shell también modificó sus valores.
Ese movimiento de precios, sin embargo, muestra solamente una cara de la situación. Para el presidente de la Cámara de Estaciones de Servicios y Afines del Nordeste (CESANE), Faruk Jalaf, el deterioro más profundo se encuentra hoy en la combinación entre la pérdida de volumen vendido y una estructura de gastos que resulta cada vez más difícil de sostener.
“Hay muchas estaciones que estaban en el límite y están muy complicadas porque no alcanzan a cubrir sus costos”, afirmó durante una charla con la FM 89.3 Santa María de las Misiones. Entre esos gastos enumeró las actualizaciones salariales, la energía eléctrica, la indumentaria del personal y el resto de los costos necesarios para mantener una estación operativa. El problema, explicó, es que esos desembolsos deben afrontarse aun cuando por los surtidores pasan menos litros.
Los últimos datos sectoriales publicados a partir de registros de la Secretaría de Energía muestran que en agosto se comercializaron en el país 1.389.254 metros cúbicos de combustibles, 2,19% menos que en el mismo mes de 2025. Fue el séptimo mes consecutivo con retroceso interanual, aunque frente a julio se observó una recuperación mensual del 0,57%.
Jalaf sostuvo que el sector ya acumula nueve meses de caída de volumen y volvió sobre ese punto en varias oportunidades para explicar por qué la ecuación económica de las estaciones se volvió más exigente. “Nosotros trabajamos en base a volumen”, resumió.
El punto de equilibrio se corrió
La reducción de las ventas tiene un efecto particularmente sensible en un negocio que, según Jalaf, opera con márgenes estrechos y necesita una determinada cantidad de litros despachados para absorber sus costos fijos. El dirigente recordó que tiempo atrás una estación podía sostenerse con volúmenes diarios considerablemente menores, mientras que hoy la cantidad necesaria para acercarse al punto de equilibrio aumentó fuertemente. En ese contexto, mencionó que hay establecimientos que antes podían mantenerse con referencias del orden de 100 mil o 120 mil litros, mientras actualmente incluso con volúmenes cercanos a 350 mil litros la ecuación se vuelve mucho más ajustada.
La situación no es idéntica para todas las banderas. Jalaf señaló que determinadas estaciones vinculadas con YPF mantienen mayores niveles de movimiento y que las diferencias de precio entre petroleras terminan desviando consumo hacia las opciones más económicas. Para Jalaf, justamente por eso resulta necesario diferenciar cuánto de cada movimiento responde a decisiones de las empresas y cuánto corresponde a modificaciones tributarias.
“El combustible no ha sufrido grandes aumentos y los aumentos que ha sufrido los han hecho las empresas privadas. YPF subió el 1%, nada más. Hay que ser justo y equitativo y decir las cosas como son”, planteó.
Costos crecientes con un margen que Jalaf ubica en 8,5%
La rentabilidad constituye el otro lado de la ecuación. El presidente de la CESANE estimó que las estaciones argentinas trabajan actualmente con un margen aproximado de entre 8% y 8,5%, mientras sostuvo que en Brasil ese porcentaje se ubicaría entre 15% y 17%. Ese margen limita también la posibilidad de responder a la caída del consumo mediante promociones permanentes o descuentos propios.
Al ser consultado sobre el autoservicio de combustibles. Jalaf sostuvo que una reducción de apenas dos o tres puntos porcentuales para incentivar a un automovilista a cargar por cuenta propia podría consumir prácticamente todo el resultado de la operación una vez incorporados los restantes costos. “No le podemos dar mucho descuento, más que un 2% o un 3%. Y si le damos un 2% o 3%, salimos empatados con todos los costos que tenemos o perdemos plata”, argumentó.
A eso sumó una cuestión cultural que ya había planteado anteriormente: el automovilista argentino, particularmente en el interior, no incorporó el hábito del autodespacho. “El público argentino está acostumbrado a bajarte dos o tres centímetros el vidrio del auto y pasarte la llave para que vos le cargues. No está acostumbrado a bajarse y surtirse él directamente”, describió.
La CESANE tampoco observa el autoservicio únicamente como una cuestión tecnológica. Jalaf reivindicó el papel del personal de playa y sostuvo que desde el sector consideran que los empleados “son nuestros socios”, afirmó.
Misiones logró amortiguar los cierres, pero las dificultades aumentan
Cuando se le preguntó si la caída del consumo ya provocó cierres, Jalaf reconoció que existen establecimientos que dejaron de operar, aunque diferenció la situación misionera de la observada en otras jurisdicciones. Atribuyó parte de esa resistencia a un tratamiento conseguido por la Cámara en materia de Ingresos Brutos, que, según sostuvo, permitió aliviar parcialmente la estructura del negocio provincial.
“En Misiones hemos tratado de mantenerlo. La Cámara logró un beneficio que otras provincias no tienen”, señaló.
La entidad también intenta, dijo, acompañar a aquellas estaciones que atraviesan mayores dificultades económicas. Pero su diagnóstico actual fue considerablemente más cauteloso que a comienzos de año.
En enero había señalado a PRIMERA EDICIÓN que Misiones había logrado evitar cierres significativos pese a la baja relativa de ventas. Ahora sostiene que varias estaciones funcionan mucho más cerca del límite y que las condiciones no son favorables prácticamente para ningún establecimiento dedicado al expendio de combustibles. “La situación no es la mejor”, resumió.
La situación económica de las estaciones se desarrolla, además, sobre una particularidad que la CESANE viene cuestionando desde hace tiempo: el precio que afrontan los consumidores misioneros. Jalaf volvió a asegurar que la Provincia se encuentra entre las jurisdicciones donde cargar combustible resulta más caro y recordó los reclamos efectuados ante las empresas por las diferencias regionales.
Según explicó, las petroleras suelen justificar parte de la brecha a partir del costo del flete, argumento que el dirigente cuestionó al considerar que no alcanza para explicar las diferencias. “Siempre alegan algo, pero no nos impacta a nosotros mucho más que al resto del país. Entonces subvencionan ciertas regiones y a nosotros no”, sostuvo y vinculó el reclamo con el tratamiento diferencial que recibe el sur argentino en materia energética.
Al comparar con los países vecinos, Jalaf sostuvo que los precios misioneros continúan sensiblemente por encima de Paraguay y ligeramente por encima de Brasil, mientras que frente a otros mercados observa una situación más equilibrada. Esas diferencias fronterizas resultan especialmente relevantes porque la posibilidad de cargar del otro lado de la frontera puede modificar el comportamiento del consumo cuando la brecha aumenta.
Además, Jalaf sostuvo que, a su entender, sin la incidencia impositiva actual el combustible podría costar alrededor de la mitad y estimó que aproximadamente $1.100 o $1.200 del valor que paga el consumidor corresponderían a impuestos sobre un costo similar del producto.
“Tenemos un socio voraz que es el Estado”, cuestionó, antes de explicar que su cálculo toma los tributos en relación con el valor básico del combustible y no simplemente como porcentaje del precio final.
También manifestó preocupación por la posibilidad de que varias actualizaciones que el Gobierno nacional viene postergando de los impuestos a los combustibles y al dióxido de carbono terminen realizándose todas juntas, sin embargo cree que la Nación buscará evitar un salto brusco que pueda trasladarse directamente a la inflación, por lo que cree que “hasta fin de año estamos más o menos a cubierto”.
El petróleo internacional volvió a meter presión
Un punto que no se debe pasar por alto es el contexto externo que agrega otro elemento de incertidumbre. Jalaf vinculó las últimas presiones sobre los precios con la escalada en Medio Oriente, los problemas de producción y las dificultades que atraviesa el comercio internacional de hidrocarburos. También hizo referencia a Irán.
El dirigente comparó el escenario actual con principios de año, cuando el barril se encontraba, según recordó, en la franja de los 55 a 60 dólares, frente a valores que recientemente superaron nuevamente los US$ 100.
La volatilidad continúa. Este jueves el Brent había cerrado por encima de US$ 102 por barril, impulsado por tensiones geopolíticas y restricciones de oferta, mientras este viernes retrocedió nuevamente hacia los US$ 100, en medio de versiones sobre posibles liberaciones de reservas de crudo y diésel. Para Jalaf, mientras esa inestabilidad persista resulta difícil prever una reducción sostenida en los surtidores.
Ante la observación de que muchas veces el combustible aumenta cuando sube el petróleo pero no retrocede con la misma velocidad cuando baja, respondió que en las últimas semanas tampoco existió una caída prolongada del crudo.
“Baja un día y después al otro sube, y sube más de lo que estaba”, señaló. “No ha habido una baja constante o continua”. Su preocupación, añadió, no se limita a Argentina: considera que la inestabilidad energética actual alteró el equilibrio internacional.
Petróleo propio, pero a precio internacional
Argentina cuenta con una ventaja que Jalaf también reconoció: el crecimiento de la producción local redujo la dependencia externa y permitió incluso ampliar las exportaciones de petróleo. Sin embargo, consideró que eso no necesariamente se traduce en un precio interno significativamente menor.
“Tenemos prácticamente autoabastecimiento y estamos exportando petróleo”, señaló, aunque inmediatamente admitió que el consumidor local no percibe un beneficio equivalente en el surtidor. Para el dirigente, una de las explicaciones es que el petróleo funciona como un commodity con referencia internacional, de modo que los productores comparan el mercado interno con las posibilidades de exportación.
“Lo que se produce se exporta, entonces la productora lo prefiere exportar. Y eso hace que valga lo que vale”, afirmó.
Al comparar los precios argentinos con Europa, sostuvo que en distintos países europeos el litro puede ubicarse en torno de 2,50 o 3 euros y utilizó esa referencia para relativizar parcialmente el costo local en moneda internacional. No obstante, volvió inmediatamente a señalar que, desde su perspectiva, la carga impositiva argentina impide que la disponibilidad de petróleo propio se refleje plenamente en precios más bajos.
Los eléctricos todavía pesan poco, pero obligarán a reconvertirse
La transformación tecnológica también empieza a aparecer en el horizonte de las estaciones. Consultado por el crecimiento de los vehículos eléctricos, Jalaf reconoció que actualmente su incidencia sobre el consumo de combustibles todavía es reducida, sobre todo en el interior.
Las grandes distancias, la autonomía de los vehículos y la insuficiente infraestructura de recarga continúan actuando como limitantes, explicó. Pero considera que en las grandes ciudades la incorporación de eléctricos ya empieza a sumar otro factor a la reducción de la demanda tradicional.
“Por ahora la incidencia no es tanta, pero contribuye a que también la caída sea mayor en las grandes ciudades. En el interior eso no se ve”, explicó. El sector, de todos modos, sabe que el cambio llegará. “Se va a producir”, anticipó sobre la expansión de esa tecnología.
Algunas estaciones ya incorporaron puntos de recarga, aunque Jalaf sostuvo que todavía existen dificultades para transformar ese servicio en una fuente clara de rentabilidad. Según explicó, falta terminar de ordenar el esquema comercial y, en algunos casos, los establecimientos prácticamente sólo recuperan un cargo vinculado con la atención.
Para la CESANE, esto significa que la reconversión de las estaciones probablemente llegará, pero todavía no aparece como la amenaza inmediata que hoy representa la combinación de menos litros vendidos y mayores gastos operativos.
En cuanto a cómo imagina los últimos meses de 2026, Jalaf sostuvo que “el panorama está complicado”. La incertidumbre internacional, los costos internos, la evolución del petróleo y el comportamiento de las ventas forman parte de una ecuación que puede cambiar rápidamente. A eso se suma la expectativa por las decisiones que adopte el Gobierno nacional tanto en materia tributaria como energética.
El empresario consideró que si las tensiones externas disminuyen podría aparecer alguna mejora hacia fin de año, pero sostuvo que también serán necesarias medidas internas. Mientras tanto, para las estaciones misioneras la preocupación más inmediata ocurre bastante más cerca que el conflicto internacional o la transición hacia el vehículo eléctrico. Está en cada litro que dejó de venderse mientras los salarios, la electricidad, el mantenimiento y el resto de los gastos siguen llegando todos los meses. Esa combinación es la que, según Jalaf, está empujando a parte del sector cada vez más cerca del límite de su ecuación económica.




Discussion about this post