El Niño dejó de ser solamente una preocupación meteorológica. La posibilidad de un episodio de alta intensidad durante 2026-2027 encendió las alertas económicas y productivas en América Latina y el Caribe, con especial atención sobre el agro, la energía y la infraestructura.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) advirtió que un evento extremo podría provocar una pérdida acumulada de al menos 2% del Producto Interno Bruto regional en un período de tres años. La mitad de ese impacto se concentraría durante el primer año.
El efecto también llegaría directamente a los hogares. Según el organismo, la caída de ingresos derivada de un fenómeno severo podría sumar hasta 4,8 millones de personas a la pobreza hacia finales de la década, en comparación con un escenario sin El Niño.
Las estimaciones forman parte del Informe Especial Nº3 de la CEPAL, que analiza los efectos económicos, sociales y productivos del fenómeno y plantea diez líneas de acción para reducir sus consecuencias.
El dato que encendió las alarmas es la posible magnitud del episodio. De acuerdo con las proyecciones de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) citadas en el informe, existe una probabilidad superior al 90% de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño e invierno boreal 2026-2027. La posibilidad de alcanzar una magnitud histórica, denominada “Súper El Niño”, se ubica en 69%.
La CEPAL agrega otro elemento: el fenómeno ocurre sobre un escenario climático diferente al de décadas anteriores. El calentamiento global amplifica la variabilidad natural y en 2024 la temperatura media mundial se ubicó 1,55 grados por encima de los niveles preindustriales.
El campo, más expuesto
Para las economías agropecuarias, el problema no se limita a cuánto lloverá. Un evento extremo puede modificar rindes, disponibilidad de agua y forraje, condiciones sanitarias, costos productivos, caminos rurales y capacidad para sacar la producción.
El informe, sobre la base de análisis de la FAO, identifica probabilidades superiores al 70% de sequías con impacto agropecuario durante los próximos meses en sectores del Corredor Seco Centroamericano, Colombia, Venezuela y distintos países del Caribe.
El mapa no permite trasladar automáticamente esas probabilidades específicas a Misiones. Sin embargo, la advertencia regional cobra especial interés para una provincia cuya economía tiene una fuerte vinculación con actividades agropecuarias y forestales y donde las alteraciones en el régimen de precipitaciones pueden impactar rápidamente sobre la producción.
El riesgo tampoco tiene una única dirección. Según cada región, El Niño puede generar déficit de lluvias o precipitaciones excesivas. Para el productor, ambos extremos pueden transformarse en pérdidas: sequía, erosión, enfermedades, deterioro de caminos, dificultades para cosechar o imposibilidad de trasladar la producción.
Por eso la discusión empieza a correrse del pronóstico hacia una pregunta económica: cuánto cuesta no prepararse.
Energía e infraestructura
La CEPAL también pone el foco sobre el sistema energético. En varios países latinoamericanos la generación hidroeléctrica representa más del 70% de la matriz eléctrica y más de la mitad de la capacidad instalada supera los 30 años de antigüedad.
Para el trimestre octubre-diciembre de 2026, el informe proyecta una probabilidad de déficit de precipitaciones del 60% a escala regional y señala que el 31,1% del territorio analizado se encuentra en alerta alta. La combinación de menor disponibilidad de agua y temperaturas elevadas genera una doble presión: mientras puede reducirse la capacidad de generación hidroeléctrica, aumenta simultáneamente la demanda de electricidad para refrigeración. El resultado puede traducirse en mayores costos operativos y riesgos de interrupciones.
También la pesca aparece entre las actividades vulnerables. El calentamiento del Pacífico altera la disponibilidad de nutrientes y puede provocar desplazamientos de especies. Como antecedente, la CEPAL recuerda que durante episodios históricos de Súper El Niño las capturas pesqueras regionales llegaron a caer 52,7% en 1972-1973 y 26,9% en 1997-1998.
Prevenir cuesta menos
La principal conclusión del informe no es climática sino económica: esperar a que ocurra el desastre termina costando más.
Por eso, la CEPAL propone incorporar el riesgo climático de manera permanente a la planificación económica y productiva. Entre las diez medidas recomendadas aparecen sistemas de alerta temprana, infraestructura resiliente, seguros climáticos y fondos contingentes, protección de cadenas productivas, diversificación energética y una gestión integral del agua.
También plantea redes de protección para hogares vulnerables, cooperación regional y mecanismos financieros que permitan disponer de recursos inmediatamente después de un evento extremo.
El secretario ejecutivo de la CEPAL, José Manuel Salazar-Xirinachs, sintetizó el cambio de enfoque que propone el organismo: las medidas tomadas cuando la emergencia ya fue declarada son considerablemente más costosas que aquellas adoptadas con anticipación.
Para el agro, el concepto resulta particularmente relevante. Una sequía o un exceso de lluvias no comienza cuando se pierde una cosecha. El impacto económico se construye antes: falta de reservas, infraestructura vulnerable, caminos deteriorados, ausencia de seguros, escasa diversificación o falta de financiamiento para enfrentar la contingencia.






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