El teatro independiente comparte con su comunidad propuestas artísticas que trascienden los espectáculos. Encuentros de poesía, música, teatro y una cantina que invita a quedarse y conversar convierten al espacio en un verdadero punto de encuentro, donde se cruzan artistas, espectadores, sueños y proyectos. Así, con el paso de los años, el Centro Cultural Mandové Pedrozo construyó un vínculo particular con la ciudad y se convirtió en parte de su identidad cultural. Este espacio cumple 20 años desde aquel día en que abrió sus puertas por primera vez. El sueño fue de Raúl Armando “Buki” Rosa, actor, director y formador de generaciones de artistas, quien junto a su hijo Fernando Rosa, recordado artísticamente como “Rulo” Espínola, fue construyendo durante años la identidad de un espacio que terminó convirtiéndose, para muchos posadeños, simplemente en “El Mandové”.
En diálogo con PRIMERA EDICIÓN, Tania Rosa, hija de Buki y hermana de Fernando, recordó los orígenes de la sala y el proceso que llevó a transformar aquel sueño familiar en uno de los espacios independientes de referencia de Posadas. “Mandové era un sueño de papá. Él ya tenía años haciendo teatro, tenía su grupo y no tenían un espacio físico. Estaban en el Vicente Cidade e iban buscando lugares. Hace 20 años no había tantas salas independientes como hay ahora. Por suerte hoy tenemos muchas salas, pero antes estaban Sala Tempo, El Antifaz, y siempre estaban llenas. Uno quería hacer sus funciones y era complicado encontrar un lugar”, recordó.
En ese contexto surgió la idea de contar con una sala propia. “Ahí nace el deseo de papá de decir: ‘Bueno, voy a tener mi propio espacio para poder exponer’. Y aparece la oportunidad de comprar lo que en ese momento era el taller mecánico de unos primos. Se divide y él compra parte del taller, un tinglado sobre la calle Beethoven, que en ese momento se llamaba Gómez Portiño”, relató.
A partir de allí comenzó una construcción que llevó tiempo y mucho trabajo personal. “Empieza a hacer su teatro de a poquito. Mucho lo hizo él, guiando la obra y haciendo todo. Papá es recibido de la Escuela Industrial como maestro mayor de obra, entonces fue haciendo prácticamente todo de a poco. Primero fue Centro Artístico Laberinto, porque ese era el nombre del grupo, y más adelante se cambió a Mandové Pedrozo”.
Un proyecto familiar
Tania no estuvo presente durante los primeros años del espacio. “Yo toda la primera parte, los primeros 13 años, no estaba en Posadas. Cuando llego y conozco el espacio me impactó, porque llegué primero en 2009 y vi todo lo que hizo papá”.
En 2013 se incorporó al trabajo cotidiano de la sala y comenzó una etapa marcada por el aprendizaje y la continuidad familiar. “Ahí ingreso a trabajar con él. Me fue enseñando de a poquito a mí y a mi marido. También estuvieron mis hijos. Se volvió algo familiar y es como que no me di cuenta”, señaló.
Según explicó, desde el comienzo su padre tuvo una premisa muy clara: cuidar tanto al artista como al público. “Papá siempre trató de tener una sala linda, donde el artista se sienta bien y donde el público se sienta bien. Siempre fue cuidar esas dos cosas: tanto al que está ahí arriba trabajando como al público”.
Con el paso del tiempo, esa búsqueda terminó convirtiendo al Mandové en un espacio reconocido por quienes transitan la escena artística local. “Creo que ni él se dio cuenta de todo lo que terminó haciendo y construyendo. Fue por placer, por amor. Fernando también le metió muchísimo. Él creció y dio sus primeros pasos, construyó el personaje Rulo Espínola junto con papá. Es un lugar muy especial donde pasaron muchas cosas y muchos artistas”, destacó.
“Ahora nos pasa con muchos compañeros del rubro que vienen y nos dicen: ‘Qué cómoda esta sala, cómo nos gusta trabajar acá’. Y ahí nosotros decimos: ‘Lo estamos haciendo bien’. Estamos siguiendo el trabajo, sobre todo después de que partió papá: mantener el espacio, mantener ‘su juguete’, mantenerlo bien y seguir por ese camino”.
Un legado que continúa
Con el tiempo, Tania asumió un papel importante en la continuidad del proyecto. “Desde que llegué empecé de a poquito. Creo que antes de la pandemia y, sobre todo, durante la pandemia, papá ya me dijo: ‘Bueno, Tania, te dejo encargada de la agenda, te dejo encargada de todo’”.
La tarea significó también poner en práctica todo lo aprendido junto a su padre. “Siempre trabajé con él, siempre estuvimos juntos y mucho aprendí de él, inclusive a dirigir y otras cosas, otros proyectos que estamos gestando”, contó.
Hoy esa enseñanza continúa, aunque atravesada por su propia mirada. “Es su enseñanza con impronta mía, de mi marido, de lo que aprendí también viajando por el mundo y viendo otras cosas, pero sigue siendo algo familiar. Está mi hijo ayudándome en cantina, por ahí viene un hermano a ayudarme en boletería. Entonces sigue siendo familiar, aunque ahora es un trabajo”.
Una celebración a la gorra
La elección de “Las Impros de la B”, que se realizará el domingo 6 de septiembre, a las 20 horas, con entrada a la gorra, para celebrar los 20 años del Espacio Cultural Mandové Pedrozo, surgió casi de manera casual. “Como no estuve en la primera etapa, no sabía ni qué día se había inaugurado la sala. Haciendo un trabajo práctico de dirección, nos pidieron investigar sobre teatro y ahí descubro que la sala se inaugura el primero de septiembre”, relató.
Luego encontró otro dato que terminó definiendo la celebración: “Después hubo una función el 6 de septiembre y empiezo a investigar. Para esto yo hacía dos meses ya tenía pactada esa fecha, porque nuestras agendas se van llenando dos meses antes”.
Fue entonces cuando surgió la propuesta de convertir esa función en una celebración abierta. “Ahí hablo con Dani y Daniela, con quienes habíamos pactado esa fecha, y les digo: ‘Dani, es el aniversario de la sala. ¿Será que podemos hacer esa función a la gorra para abrir las puertas y que todo el público pueda ir y pasarla bien?’ La improvisación es divertida y linda, y la idea era esa”.
La decisión también responde a una manera de entender el espacio y el legado de su padre. “No quiero dejar pasar estos 20 años porque no es una pavada. Además, en estos tiempos sostener un espacio no es fácil. Es teatro independiente, no tenemos mayores apoyos, aunque ahora por ahí algo del Instituto Nacional del Teatro se reactivó, pero cuesta mantener el espacio”, explicó.
Además, expresó: “Vamos a festejar los 20 años del lugar con una función. Yo sé que a papá tampoco le gustaba hacer grandes anuncios ni grandes cosas. Entonces, hagamos una función, abramos las puertas a la gorra, festejemos y seguimos trabajando, porque tenemos trabajo todo el año”.
Con las puertas abiertas
De cara al futuro, el principal deseo de Tania es que el Mandové pueda continuar siendo un espacio abierto para la comunidad artística. “Que se siga sosteniendo, que estén las puertas abiertas para todos los que quieran ir a mostrar su arte. La idea es seguir para adelante. En este momento también estamos empezando a dirigir y a producir obras de teatro nosotros, así que creo que ese es el sueño también: estar produciendo con la marca propia de Mandové”.
Después de dos décadas, el significado del espacio trasciende lo artístico y se conecta directamente con su historia familiar. “Creo que en este momento el Mandové es vida. Es celebrar la vida. Exactamente. Celebrar la vida que tuve con mi hermano y mi papá y que eso sigue. Ahí hubo muchísima vida. Entonces, para mí, eso es el Mandové”, cerró.







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