Cuatro alumnos posadeños partirán este domingo para representar a la provincia en la 35ª Olimpíada Matemática Ñandú, que tendrá lugar del 20 al 23 en La Falda, Córdoba. Se trata de Ludovico Gutleber Solari del Bachillerato Humanista, Benjamín Tachella Hartel del Instituto Jardín Modelo, Ciro Parrino del Instituto Superior San Basilio Magno y Lautaro Gil Navarro del Instituto Jardín Modelo.
Los estudiantes, que cursan el quinto, sexto y séptimo grado del nivel primario, viajarán acompañados de sus docentes, sus familias y los referentes de la Olimpíada de Matemática Argentina en la provincia, la delegada regional Cristina Gómez de Olivera y la delegada adjunta Carmen Ríos.
Antes de partir, visitaron PRIMERA EDICIÓN junto a sus docentes y padres y hablaron del esfuerzo y dedicación que ponen en su entrenamiento. No solo son buenos con los números, cálculos y resolución de problemas… dedican muchas horas para seguir mejorando cada día.
“Cuando pasás de nivel la dificultad aumenta, se vuelve más complejo y te exige entrenar más. Cuando recién comenzás a competir en matemática te cuesta más porque tenés que adaptarte a una forma de estilo y resolución muy diferentes. Después, cuando te adaptás, tenés que entrenar para poder resolverlo. En segundo nivel, uno ya está adaptado a las nuevas condiciones y te esforzás en aprender las técnicas del estudio para seguir avanzando”, detalló Benjamín, el único del grupo que participará por segunda vez en la instancia nacional.
Los cuatro alumnos cuentan con docentes entrenadores y padres que los apoyan. Los del Instituto Jardín Modelo tienen a la profesora Carmen Ríos como entrenadora, tarea que continúa pese a su jubilación. Colegios como el San Basilio también cuentan con docentes que los entrenan fuera del horario de clases.
“A los docentes los motiva ver cómo aprenden los chicos y el vínculo que generan personas que tienen intereses similares porque nuestro trabajo en la OMA es ad honorem y tampoco la Junta de Clasificación nos otorga un gran puntaje por las horas que dedicamos al entrenamiento de los alumnos”, admitió Gómez de Olivera.

Un mundo de diferencias
No dudan en asegurar que hay un mundo de diferencia entre el modo en que aprenden matemática en la escuela al entrenamiento que reciben desde la OMA. “En la escuela es todo más simple, te dan las fórmulas, los pasos para llegar al resultado de los problemas. En las olimpíadas todo es más difícil, más desafiante, tenés que crear tus propios métodos. En las olimpiadas lo más importante es saber qué cálculos hay que hacer porque no te dan muchos datos, tenés que pensar el planteo para poder ir resolviendo los diferentes desafíos”, destacó Lautaro.
“Coincido, creo que en la escuela te enseñan una manera de resolver las operaciones. Las maestras nos dicen ‘vamos a hacer un problema de sumas’ y sabemos que tenemos que sumar… repetimos la operación pero no entendemos para qué se puede usar. En la olimpíada, la matemática te hace pensar, buscar el camino”, destacó Ludovico.
“Eso ocurre porque en las olimpíadas el rol del estudiante no es de repetidor de fórmulas sino de un creador y eso lo hace más difícil pero también más entretenido… además ellos pueden verificar si resolvieron bien el problema”, destacó Gómez de Olivera.
Valor social
Los chicos representarán a la provincia en la instancia nacional Ñandú de Matemática. No obstante, no todos se sienten valorados por sus pares. Este no fue el caso de Ciro quien no solo cuenta con un colegio con un docente entrenador sino que también fue alentado antes de partir por sus docentes y compañeros.
Cada vez menos presencia
Hace una década había una amplia mayoría de alumnos de escuelas públicas que participaban en las distintas instancias de la OMA. Esto cambió y es cada vez más escasa la participación. Consultada al respecto, la delegada regional Cristina Gómez de Olivera explicó que los colegios privados cuyos alumnos se destacan en las olimpíadas de matemáticas tienen docentes que los entrenan.
“El sector privado tiene la estructura armada. En la escuela pública, cuando encontramos un profe que apoya esta actividad lo cuidamos como oro, como ocurre con los docentes de la Escuela 1, la 106 o la 42. Siempre luchamos por la educación pública, en este caso nuestro trabajo como docentes nos da honor, pero muchas veces los docentes están esperando el puntaje ya que no nos pagan por estas horas de trabajo. Y la realidad es que por este servicio nos dan menos puntaje que algunos cursitos”.






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