Colabora Guillermo David Subreski Román
El descubrimiento llegó por accidente. Un equipo liderado por Pieter van Dokkum, físico de la Universidad de Yale, eligió la Nebulosa de la Hélice como objetivo de calibración inicial para MOTHRA, un nuevo telescopio en construcción en el Observatorio El Sauce, en Chile. La Hélice, situada a unos 650 años luz de la Tierra y conocida a veces como el “Ojo de Dios”, es uno de los objetos más fotografiados del cielo.
Los investigadores no esperaban encontrar nada nuevo. Sin embargo, MOTHRA el (Modular Optical Telephoto Hyperspectral Robotic Array) está diseñado para detectar estructuras extremadamente tenues en amplias franjas del cielo mediante una serie de lentes telefoto de alta gama, en lugar de un único espejo de gran tamaño.
Incluso operando con apenas una fracción de sus 1.140 lentes previstas, el telescopio reveló delicados filamentos de material estelar que jamás habían sido documentados. “Observamos esa imagen y pensamos: ‘Esto no tiene precedentes. Es algo que nunca habíamos visto antes’”, declaró van Dokkum al New York Times. “Al investigar más a fondo, quedó claro que nadie más había documentado este fenómeno tampoco”.
Choques de proa y la transición al espacio interestelar
En el lado oriental de la nebulosa, el equipo encontró una gran cantidad de frentes de choque curvos -choques de proa- formados donde grupos invisibles de material estelar atraviesan el gas interestelar circundante a gran velocidad. Cerca de la enana blanca central, los choques son grandes y están bien definidos. Más lejos, se vuelven más pequeños, más difusos y cada vez más fragmentados.
El equipo interpreta esta progresión como evidencia de una erosión continua: cada fragmento permanece cohesionado durante apenas unos 10.000 años antes de desintegrarse y mezclarse con el gas difuso que hay entre las estrellas. Este hallazgo llena un vacío en la comprensión de los astrónomos sobre cómo el material expulsado hacia el final de la vida de una estrella se convierte en la materia prima a partir de la cual pueden formarse futuras estrellas y planetas.
“Estamos viendo cómo el material desprendido cerca del final de la vida de una estrella se fragmenta y regresa a la galaxia”, dijo van Dokkum. “Esa transición -del material estelar reconocible al gas difuso entre las estrellas- ha sido muy difícil de observar”.
Un espejo lejano para el Sol
Se espera que el Sol siga el mismo camino general dentro de miles de millones de años: expandiéndose, desprendiendo sus capas externas y terminando como una enana blanca. La Nebulosa de la Hélice, creada por una estrella con una trayectoria similar, ofrece una vista anticipada de cómo el material de nuestro propio sistema solar acabará regresando al espacio interestelar y, quizás, reciclándose para formar nuevos mundos.
“Esto es solo el comienzo de lo que podremos ver con MOTHRA”, afirmó van Dokkum. El telescopio, que se espera esté completamente operativo a principios de 2027, buscará estructuras similares alrededor de otras nebulosas planetarias cercanas.






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