Ezequiel Miño y Horacio Grondona, enviados especiales.

Hay lugares que sorprenden apenas se cruza la puerta. El Museo y Centro Cultural Ucraniano de Apóstoles es uno de ellos. Desde afuera parece una pequeña casa antigua, de portón negro y techos azules frente a la plaza General Belgrano, casi escondida entre los edificios, colegios y parroquias que crecieron a su alrededor en la ciudad.
Pero basta atravesar el umbral para comprender que allí adentro el tiempo transcurre de otra manera. El aroma de la madera, los bordados, los íconos religiosos y las vitrinas repletas de objetos trasladan al visitante miles de kilómetros hacia Europa del Este.
La paz y la tranquilidad se sienten en el aire y dentro de cada uno. Sentada en un pequeño escritorio, trabajando en un bordado, se encuentra la hermana Miguela Feyeka, artífice de este museo y quien, hasta el día de hoy -con sus 84 años- ilumina con sus conocimientos y da la bienvenida a quien ingrese a su morada.

Este museo -creado en 1997 en el marco del Centenario de Apóstoles- es un homenaje a los inmigrantes ucranianos que llegaron a la región, donde se dio inicio a la colonización oficial de Misiones.
La historia del edificio también forma parte de ese patrimonio. Antes de convertirse en museo fue la primera residencia de las hermanas basilianas del rito bizantino ucraniano: las madres Sofronia Erdely y Margarita Fendio, quienes llegaron en 1939 para acompañar a las familias inmigrantes, predicaron la palabra del Señor, enseñaron idioma y catequesis, y ayudaron a forjar la comunidad ucraniana que hoy se erige en Apóstoles.

Años después, cuando la congregación construyó su colegio y nuevas instalaciones, aquella casita quedó vacía. Fue entonces cuando la hermana Miguela decidió devolverle la vida. “La idea fue remodelar esta antigua casita y dar a conocer la cultura y la tradición que pesan mucho acá en nuestra provincia”, sostuvo Marta Feyeka, sobrina de la hermana Miguela y quien hoy administra el lugar junto a su tía y es guía en el recorrido.
El museo se divide en cuatro habitaciones, todas con una historia detrás, con detalles distintivos en la pared y con tesoros que se encuentran solo acá.
Los ojos se detienen una y otra vez sobre los delicados trabajos hechos completamente a mano. Hay tallados en madera, instrumentos musicales -como la bondura o el tsymbaly-, fotografías, documentos y trajes típicos provenientes de distintas regiones de Ucrania. Sin embargo, todas las miradas terminan inevitablemente sobre las pequeñas vitrinas repletas de huevos de colores: son pysanky o pesanke, una de las expresiones artísticas más representativas de la cultura ucraniana. Cada línea, cada figura geométrica y cada color esconden un mensaje.

“Cada símbolo tiene un significado. Después de la bendición de los canastos pascuales, estos huevos se intercambian entre amigos y familiares. Según el deseo que uno quiera transmitirle a la otra persona, va a elegir un motivo. Todos representan buenos deseos y buenos augurios”, nos cuenta la guía.
De pronto, aquellos pequeños huevos dejan de ser simples piezas decorativas para convertirse en cartas escritas. Entonces, aparecen los símbolos: un ramito de trigo representa la prosperidad. Los pececitos hablan de abundancia. Los triángulos recuerdan a la Santísima Trinidad. Las aves simbolizan la fertilidad. Las estrellas representan la eternidad.
El recorrido continúa y las paredes comienzan a llenarse de guardas bordadas en punto cruz. Ninguna es igual a la otra. Cada puntada deja de ser un simple adorno para convertirse en un lenguaje heredado de generación en generación.
Tradiciones que siguen vivas
El museo también mantiene vivas las costumbres. Durante la Cuaresma se realizan talleres de pysanky, dictados por la hermana Miguela, que concluyen el Domingo de Ramos con una exposición de los trabajos realizados por niños, jóvenes y adultos. En invierno, llegan los talleres de bordado, donde las nuevas generaciones aprenden las técnicas tradicionales del punto cruz.
Mientras termina la visita resulta inevitable pensar que, en pocas cuadras del centro apostoleño, conviven más de cien años de historia. “Un pedacito de Ucrania está acá, en este pequeño y hermoso lugar”, expresó Marta.

El museo abre de lunes a viernes de 9 a 11.30 y de 15 a 18.30. Cuando hay grupos abre fuera de horario. La entrada es gratuita. Solo aceptan colaboraciones voluntarias para ayudar al mantenimiento de un espacio que, como reconocen quienes lo sostienen, está “hecho a puro pulmón”.
Y uno sale convencido de que no hace falta cruzar un océano para conocer Ucrania. A veces alcanza con abrir la puerta de una antigua casita en Apóstoles.
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Una vida dedicada a la religión
La hermana Miguela Feyeka (84) trabajó más de dos décadas en el Vaticano como cuidadora personal del cardenal greco-católico ucraniano Josyf Slipyj, quien estuvo detenido en los “gulag” de Siberia donde realizó trabajos forzados por 18 años antes de ser liberado (en 1963) por el régimen soviético, ante la presión de la Santa Sede y del presidente estadounidense, John F. Kennedy. Cuidó a Slipyj en Roma hasta su muerte, en el año 1984.
En Roma, también convivió en comunidad religiosa junto al papa Juan Pablo II. Allí, tuvo estudios universitarios donde se especializó en teología, filosofía, historia de la iglesia y ritos.
“Cuando me muera, espero dejar algunas enseñanzas, ya algunas personas lo aprendieron”, dijo sonriendo, en referencia a los talleres de pesanke y bordado que todavía enseña.

No tuvo la posibilidad de estar en la Santa Sede cuando llegó el argentino Jorge Bergoglio, pero siempre fue seguidora del trabajo del pontificado del Papa Francisco hasta su muerte.
Sobre el Papa León XIV -sucesor de Francisco- dijo estar muy contenta con su labor, lo considera una persona “carismática, sencilla, con mucha humanidad y cercanía hacia todas las personas”.
Cómo llegar
Desde el Portal de ingreso a Apóstoles, sobre la ruta provincial 1, son alrededor de 6,5 km. Se debe ingresar por la RP 1 hasta el centro de Apóstoles, donde está la avenida Belgrano. Doblar a la derecha y seguir hasta llegar a Suipacha. Doblar a la izquierda allí y continuar hasta Gral. Paz. Seguir media cuadra, frente a la Plaza General Belgrano, se llega.
4 visitas obligadas
Museo Histórico Juan Szychowski

Se trata de un recorrido por la vida y obra del fundador del Establecimiento La Cachuera y yerba mate Amanda. También homenajea a los primeros inmigrantes. Es sin costo, pero se debe reservar. Abre de miércoles a domingo, de 10 a 17.30.
Museo Solar de Tantera

Recorre la vida y obra del santafesino radicado en Apóstoles, Wilfrido Tantera. El Solar de Tantera es la residencia y taller del artista, que alberga un importante conjunto de piezas y constituye uno de los principales espacios de memoria vinculados a su obra. Abre de lunes a sábado, de 8 a 11 y de 14 a 20.
Museo de Los 4 Ases

Una casa abierta que reúne discos, instrumentos, fotos, agendas, objetos cotidianos y, sobre todo, historias que forman parte de la memoria afectiva de varias generaciones. Reúne más de cinco décadas de trayectoria musical. No tiene días ni horarios fijos. Las visitas se coordinan por teléfono o Whatsapp.
Museo Diego de Alfaro

El municipio está avanzando con la puesta en valor de uno de los lugares históricos y emblemáticos. Cuando Escapadas la visitó, La “Casa de Piedra” aún no estaba habilitada al público pero se estimaba hacerlo pronto. Fue el alojamiento creado para el primer administrador de la colonia del departamento Apóstoles, el conde Juan José de Bialoslocki.












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