Lo que durante años fue un recuerdo imborrable de la adolescencia hoy se convirtió en una nueva forma de viajar. Cada vez más grupos de excompañeros deciden regresar a Bariloche décadas después para revivir su viaje de egresados, una experiencia que combina nostalgia, reencuentros y nuevas vivencias. La tendencia de los llamados “reegresados” gana cada vez más adeptos en el país y también tuvo su capítulo misionero.
Entre el 9 y el 14 de mayo, “Las chicas del Santa”, como se hace llamar el grupo, emprendieron el viaje hacia la ciudad rionegrina para reencontrarse con los paisajes y las experiencias que marcaron su juventud. Se trata de exalumnas de la promoción 5º B del año 1977 del Instituto Superior Santa María, quienes decidieron volver casi cinco décadas después para recrear, desde una nueva etapa de la vida, aquella inolvidable excursión de egresadas.
La delegación estuvo coordinada por Elvira Alvez y estuvo integrada por Ana Foth, Mónica Laudin, Estela Amarilla, María Ester Quintana, Graciela Soloaga, Graciela Cogo, Liliana Pietrowski, Renée Stanganelli, Cristina Mendoza, Gladys Ortiz y Myrian Cáceres.
En diálogo con PRIMERA EDICIÓN, Estela Amarilla contó que la iniciativa nació del deseo de volver a reunirse y compartir una experiencia que había quedado grabada en la memoria de todas. El viaje les permitió recorrer nuevamente algunos de los sitios emblemáticos de Bariloche y participar de actividades especialmente pensadas para los “reegresados”, una propuesta que recupera la esencia del clásico viaje de egresados, pero adaptada a los intereses y el ritmo de los adultos.
La historia de “Las chicas del Santa” se suma a una tendencia que volvió a instalarse con fuerza luego de que se viralizara el video de un vuelo de Aerolíneas Argentinas en el que el piloto anunció la presencia de un grupo de exalumnos que regresaba a Bariloche para celebrar los 40 años de su viaje de egresados. La emoción de los protagonistas y de los pasajeros reflejó el creciente interés por este tipo de experiencias.
Más que un simple viaje, el regreso a Bariloche representa una oportunidad para fortalecer la amistad, revivir anécdotas y comprobar que algunos recuerdos mantienen intacta su capacidad de emocionar, incluso después de casi 50 años.






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