Dra. Marcela Campias
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Av. Tambor de Tacuarí 332
Muchas veces llegan al consultorio pacientes que, durante la charla, se tratan continuamente mal, colocándose en la situación de ataque constante: “Y bueno, siempre fui descuidada, no hago nada para mí, como cualquier cosa de lo que va quedando”, etc.
La autoestima es básica en el cuidado general muchas veces la falta de tiempo y hábitos de pensar y dar a los demás nos impide escucharnos a nosotras y nuestras necesidades.
Esta situación lleva a que no escuchemos las señales que nos da el cuerpo y las acallemos así aumenta ese accionar de solo dar y no recibir por eso recalcar este tema de cómo nos vemos, nos hablamos, nos tratamos es fundamental.
El lenguaje construye realidades, es una herramienta de poder nos dice Echeverría en su libro el poder de la palabra.
El lenguaje puede ser activo o pasivo que decimos y que damos a entender con nuestra imagen corporal, gestualidad. Una situación puntual de bronca, ira, dura solo unos minutos, el problema es que si nosotros no lo gestionamos adecuadamente ese pensamiento nos acompaña durante el día y la noche. Así elevamos la presiona arterial, los niveles de glucemia, dolores musculares por contracturas que ocasionan dolor, mareos, etc.
El cuerpo no sabe si es el momento presente o pasó hace años, el sentimiento se genera en el cuerpo, la respuesta rápida o sostenida según nuestra gestión muchas enfermedades autoinmunes como hipotiroidismo, psoriasis, colon irritable se desencadenan tras una crisis donde la emoción que produjo una mudanza, cambios laborales, familia, etc. permanece con el pensamiento de lo que fue y nuestro cuerpo siente que pasó en ese momento puntual provocando las mismas subidas de cortisol, que repercuten por ejemplo, en el sistema inmune, defensas, circulación.
El pensamiento es el punto de partida, el motor que impulsa nuestra interpretación del mundo. A través de nuestros pensamientos, procesamos la información sensorial, reflexionamos sobre nuestras experiencias y formulamos planes y juicios.
Los pensamientos pueden ser conscientes o inconscientes, influyendo en nuestra percepción y actitudes de manera significativa. la forma en que pensamos sobre nosotros mismos, los demás y las situaciones que enfrentamos pueden tener un impacto profundo en nuestro bienestar emocional y nuestro comportamiento en nuestra salud integral. A veces, la solución no es tomar más fármacos sino conocernos un poco más y aprender a gestionar las situaciones.
La atención plena, la respiración, el movimiento del cuerpo, la forma en la que se sostiene una emoción en la postura o en la voz: todo eso también puede entrenarse. No hay separación entre mente y cuerpo: lo que se piensa se siente, lo que se siente se encarna y lo que se hace con el cuerpo transforma lo que se piensa. Esa conexión -tan obvia como olvidada- es una de las claves que Estanislao Bachrach o Nazarena Castellanos exponen con claridad y ejemplos concretos.
Reconocer la emoción, vivirla y soltarla si nos hace daño o guardarla si nos hace bien. Saber que podemos gestionarla con la palabra, gestualidad, respiración, diferentes técnicas, es la clave.
“Tengo presión alta emocional”, me dicen algunos pacientes y yo respondo: “Cómo la maneja”, me tomo un calmante antes de ir o cuando voy a salir porque sé que me subirá. La idea sería gestionarla sin ansiolíticos, saber que la duración es muy corta y luego queda ese pensamiento que puedo trabajarlo.
Busquemos alternativas, busquemos conocer nuevas estrategias para evitar ser una farmacia ambulante, ingerir infusiones, respirar, moverse, hacer arte en cualquiera de sus formas. Responder con un pensamiento constante negativo es perjudicial para nuestra salud.
Querernos nos permitirá vivir con plenitud gozando más de lo que nos rodea estar dispuesto a conocernos y disfrutar algo más, con pequeños pasos lograremos fabulosos resultados. Feliz y bendecido domingo, que hoy podamos hablarnos y tratarnos mejor.






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