La crisis económica dejó de afectar únicamente a los sectores más vulnerables y comenzó a impactar de lleno en familias que históricamente lograban sostenerse con sus propios ingresos. Esa es la principal preocupación que manifestó el intendente de Puerto Esperanza, Horacio Zarza, quien aseguró que cada vez más vecinos pertenecientes a la clase media recurren al municipio en busca de ayuda para afrontar gastos esenciales, una situación que definió como una de las señales más preocupantes del actual contexto.
En diálogo con PRIMERA EDICIÓN, el jefe comunal describió un panorama complejo tanto para las cuentas municipales como para la economía local. Según explicó, la comuna viene registrando una disminución constante en los fondos que recibe por coparticipación, una caída que ronda entre el 4 y el 5 por ciento mensual y que, acumulada, representa una pérdida cercana a los ocho o nueve millones de pesos por mes.
Frente a esa realidad, el municipio decidió restringir algunas inversiones y ralentizar obras consideradas no prioritarias para garantizar el funcionamiento básico de la administración. Zarza señaló que se encuentran realizando un fuerte esfuerzo de ordenamiento para afrontar los compromisos salariales de los próximos meses.
El intendente sostuvo que la situación financiera es particularmente sensible para localidades alejadas de los grandes centros urbanos, donde gran parte de los recursos también deben destinarse a garantizar servicios que exceden las obligaciones estrictamente municipales.
En ese sentido, explicó que Puerto Esperanza continúa realizando traslados sanitarios para pacientes que deben atenderse en Posadas, Eldorado e Iguazú, aunque debió reducir la frecuencia de algunos recorridos debido al incremento de los costos operativos.
“Antes íbamos dos veces por semana a Posadas y ahora estamos yendo solo los miércoles, porque un viaje a Posadas solo nos sale 500 mil pesos entre combustible, viaje y viático”, indicó.
Sin embargo, el dato que más inquietud le genera no surge de los números de la administración sino de lo que observa diariamente en el contacto con los vecinos. Zarza aseguró que comenzó a recibir pedidos de asistencia de personas que anteriormente no necesitaban recurrir al Estado municipal.
“Lo que me preocupa, que cada vez recibo un mensaje de gente nueva, que son de la clase media, trabajadora por decirlo así, y que no llegan con los servicios”, afirmó.
Según relató, muchas familias deben recurrir a tarjetas de crédito, préstamos o financiamiento para cubrir gastos corrientes y luego enfrentan dificultades para afrontar esos compromisos. Esa dinámica, advirtió, genera un círculo de endeudamiento que termina deteriorando aún más la economía doméstica.
“Veo mucho eso, que usa la tarjeta y después a fin de mes tiene que pagar la cuota. No le está llegando porque tiene que ocupar parte de su sueldo para pagar eso y a la vez saca otro préstamo para cubrir eso”, explicó.
Como consecuencia, el municipio registra una creciente demanda de ayuda alimentaria y de asistencia para gastos vinculados a la salud, especialmente combustible para traslados de pacientes.
“Lo que estoy viendo crecer mucho es la asistencia alimentaria. Estoy recibiendo bastante ayuda también de gente que necesita porque no llega”, sostuvo.
El panorama económico también impacta sobre los principales sectores productivos de la región. Zarza reveló que recientemente mantuvo una reunión con un empresario forestal de la zona que le transmitió su preocupación por la caída de la actividad y la acumulación de stock.
Según comentó, el empresario le advirtió que, si la situación no mejora en los próximos meses, podría verse obligado a reducir significativamente su plantilla de trabajadores. “Me decía que si no genera ventas, lamentablemente en cinco meses más o menos va a reducir al 50 por ciento el personal”, relató el intendente.
A ello se suman las dificultades que enfrentan los pequeños productores agrícolas. El jefe comunal mencionó particularmente el caso de quienes cultivan mandioca, una actividad cuyos costos de producción y transporte ya no encuentran correlato con los precios que reciben al momento de comercializar la cosecha.
“Entre la plantación, la limpieza, la cosecha y el traslado ya no le cierran más. Están pagando 120 o 130 pesos el kilo”, señaló. Ante esa situación, el municipio brinda apoyo logístico para cubrir parte de los costos de flete, ya que muchos productores directamente evalúan no levantar sus cultivos porque la actividad dejó de resultar rentable.






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