Más de 27 millones de peruanos votan este domingo en una segunda vuelta presidencial que enfrenta dos proyectos políticos antagónicos y que puede definir el rumbo institucional de un país golpeado por la inestabilidad, la inseguridad y el descrédito de su clase dirigente. La disputa se concentra entre la derechista Keiko Fujimori, referente de Fuerza Popular, y el izquierdista Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, quienes fueron los dos candidatos más votados en la primera vuelta.
La elección se desarrolla en un clima de fuerte polarización y con una sensación extendida de resignación entre votantes que llegan al balotaje más por rechazo al adversario que por adhesión plena a alguno de los dos postulantes. El país elige a quien deberá gobernar hasta 2031, en un contexto en el que completar el mandato ya aparece como un desafío mayor: Perú tuvo una sucesión de crisis políticas, presidentes destituidos, congresos enfrentados al Ejecutivo y una ciudadanía cada vez más desconfiada de las instituciones.
Las mesas de votación abrieron a las 7 y está previsto que cierren a las 17. Los primeros resultados preliminares podrían conocerse durante la noche, aunque la confirmación oficial podría demorar, como ya ocurrió tras la primera vuelta del 12 de abril, cuando los resultados definitivos fueron difundidos más de un mes después.
Los peruanos llegan a esta jornada entre la polarización y la resignación de votar por el “mal menor”. “Voto por Keiko porque ella es la mejor opción que pueda haber porque estoy en contra del comunismo”, explicó al medio RFI Araceli, una joven estudiante. En cambio, Gladys, vendedora en un mercado, sostuvo su apoyo al candidato de izquierda: “Voto por Sánchez porque considero que es lo mejor frente a Keiko que es un desastre y que ha traído una destrucción al Perú”.
Una elección sin favorito claro
Las encuestas previas mostraron una leve ventaja de Keiko Fujimori, aunque dentro de un escenario extremadamente ajustado. La candidata de derecha concentra mayor respaldo en Lima y en sectores urbanos conservadores, mientras que Sánchez aparece más fuerte en regiones del interior, especialmente entre votantes rurales y sectores que reivindican el legado político del expresidente Pedro Castillo.
La primera vuelta dejó una señal clara de fragmentación política. Fujimori fue la candidata más votada, con cerca del 17,18%, mientras que Sánchez alcanzó alrededor del 12,03%. Entre ambos no llegaron a reunir un tercio del electorado, lo que expone la debilidad de origen del próximo gobierno y anticipa un Congreso difícil, fragmentado y probablemente hostil.
El escenario electoral está atravesado por la inseguridad. El avance del crimen organizado, las extorsiones, la minería ilegal y la violencia contra transportistas y comerciantes dominaron buena parte de la campaña. En ese terreno, Fujimori buscó instalarse como la opción de “orden” y prometió una política de mano dura contra la delincuencia, militarización de zonas sensibles y mayor control del sistema penitenciario.
La candidata cerró su campaña en Lima reivindicando parte del legado de su padre, el fallecido expresidente Alberto Fujimori, condenado por corrupción y violaciones a los derechos humanos. Keiko aseguró que espera gobernar con firmeza frente al delito y presentar una propuesta de orden y progreso, al tiempo que atribuyó a su rival el riesgo de caos, retroceso económico y mayor confrontación institucional.
Del otro lado, Roberto Sánchez intentó capitalizar el rechazo al fujimorismo y presentarse como “la voz de los excluidos y los pobres”. En el cierre de campaña recordó al expresidente Pedro Castillo, destituido y encarcelado tras su fallido intento de cerrar el Congreso, y prometió indultarlo si llega a la Presidencia. También planteó una agenda de justicia social, reformas políticas, lucha contra la corrupción y recuperación de la división de poderes.
Dos visiones opuestas para un país en crisis
La elección expresa una fractura profunda. Fujimori representa una derecha que promete orden, seguridad, apertura a la inversión privada y estabilidad económica. Sánchez propone un giro hacia una mayor presencia del Estado, reformas institucionales y políticas orientadas a sectores populares y regiones postergadas.
Esa disputa excede a los dos candidatos. Detrás de Fujimori aparece el voto conservador, urbano, anticomunista y de sectores que priorizan seguridad y estabilidad económica. Detrás de Sánchez se agrupa parte del voto antifujimorista, rural, popular y de quienes consideran que el modelo político y económico peruano dejó afuera a amplios sectores del país.
El desafío para cualquiera de los dos será gobernar un país exhausto. Perú arrastra años de inestabilidad, con presidentes que no completaron sus mandatos, una relación permanente de choque entre Ejecutivo y Congreso, denuncias de corrupción, crisis de representación y una inseguridad que se volvió central en la vida cotidiana.
La criminalidad, en particular, aparece como una de las mayores preocupaciones sociales. El crecimiento de las extorsiones, los ataques contra transportistas y la expansión de economías ilegales instalaron una demanda de respuestas urgentes. Fujimori promete enfrentarlas con mano dura. Sánchez plantea reformas policiales y una agenda anticorrupción, aunque también busca diferenciarse de la derecha en materia social y económica.
La jornada electoral definirá si Perú vuelve a darle una oportunidad al fujimorismo, esta vez con Keiko en su cuarto intento presidencial, o si opta por una alternativa de izquierda vinculada al universo político que emergió con Castillo. En cualquiera de los dos casos, el próximo presidente recibirá un país dividido, con escaso margen político y con una ciudadanía que ya no parece dispuesta a extender cheques en blanco.
El resultado puede ser ajustado y el conteo será observado con atención. La demora de más de un mes en la oficialización de la primera vuelta dejó dudas, tensiones y denuncias cruzadas. Por eso, más allá de quién gane, la legitimidad del proceso y la aceptación del resultado serán tan importantes como la diferencia final de votos.
Perú vota este domingo entre dos opciones opuestas, pero también entre dos miedos: el regreso del fujimorismo para unos y el avance de la izquierda para otros. En el medio queda una sociedad cansada de crisis, violencia e incertidumbre, que vuelve a elegir presidente con la esperanza mínima de que el próximo gobierno consiga algo que en los últimos años se volvió excepcional: durar, gobernar y ofrecer respuestas.
Fuente: Agencia de Noticias NA y Medios Digitales






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