La industria textil atraviesa uno de los momentos más complejos de los últimos años. El último Boletín Económico Sectorial de Fundación Pro Tejer expone una situación de fuerte deterioro productivo, con caída de la actividad, baja utilización de la capacidad instalada, pérdida de empleo, menor inversión y un avance de productos importados terminados dentro del consumo.
El dato más contundente del informe aparece en la capacidad instalada: en el promedio del primer trimestre, siete de cada diez máquinas permanecen paradas en las fábricas textiles. La industria textil trabajó con apenas 40,2% de su capacidad instalada, un nivel similar al de los dos años anteriores, pero muy por debajo de 2023. En la comparación contra ese año, la caída fue de 12,3 puntos porcentuales, lo que confirma que el sector no logró recuperar ritmo productivo pese a la desaceleración inflacionaria y a la leve mejora que muestran algunos canales de venta.
La producción también muestra un retroceso profundo. Según el relevamiento, en marzo de 2026 la industria textil registró una caída de 23,3% interanual en su nivel de actividad. Si la comparación se realiza contra marzo de 2023, la contracción asciende a 31,3%. En el acumulado del primer trimestre, la producción textil cayó 26,9% interanual y quedó 33,7% por debajo de 2023.
La fabricación de prendas de vestir, cuero y calzado también se mantuvo en terreno negativo. En marzo, el sector retrocedió 8,9% interanual y acumuló una baja de 22% frente a marzo de 2023. En el primer trimestre, la caída fue de 15,2% interanual y de 19% respecto de 2023.
El informe advierte que todos los rubros textiles registraron bajas en la comparación interanual. Dentro de ese universo, uno de los golpes más fuertes se observó en tejidos y acabado de textiles, con una caída de 34% interanual y de 53,3% frente a marzo de 2023. En calzado y sus partes, la baja fue de 13,8% interanual y de 39,5% respecto de 2023.
La otra señal crítica aparece en el empleo. Mientras el empleo asalariado registrado privado total cayó 3% desde diciembre de 2023, equivalente a 194.783 puestos menos, la cadena de textiles, confecciones, cuero y calzado sufrió una baja de 18%, la peor caída porcentual entre todos los sectores relevados por el informe, incluso por encima de la construcción, que retrocedió 11%.
En términos concretos, la actividad perdió 22.156 puestos de trabajo registrados desde diciembre de 2023. La cifra confirma que la crisis no se limita a una baja transitoria de producción, sino que ya impacta directamente en la estructura laboral del sector.
La reducción también se observa en la cantidad de establecimientos productivos. A febrero de 2026, el país registraba 25.730 establecimientos productivos menos que en diciembre de 2023. En la industria manufacturera, la pérdida fue de 3.215 establecimientos. Dentro de la cadena textil, indumentaria, cuero y calzado, la baja llegó a 803 establecimientos, lo que representa una caída de 13%. El golpe más fuerte en cantidad se dio en indumentaria, con 385 empresas menos, mientras que cuero y calzado mostró la mayor baja porcentual, con una contracción de 20%.
Una recuperación que no llega a las fábricas
El informe muestra una aparente contradicción: mientras la producción cae y las máquinas permanecen paradas, algunos indicadores de consumo muestran mejora en términos reales. En supermercados, las ventas reales de prendas, calzado y textiles de hogar crecieron 5,5% interanual entre enero y marzo de 2026 y avanzaron 23% frente al mismo período de 2023.
Sin embargo, esa mejora no implica necesariamente una recuperación de la industria local. El propio boletín advierte que gran parte de esas ventas se realiza a precios por debajo de los costos, con rentabilidad negativa, y que una porción importante del consumo se orienta a productos importados.
En shoppings, el escenario es menos favorable. Las ventas totales reales cayeron 14,5% interanual en el primer trimestre, mientras que el rubro indumentaria, calzado y marroquinería retrocedió 3% frente al mismo período de 2025. Frente a 2023, el segmento muestra una mejora de 2,8%, pero dentro de un contexto general de caída del consumo en centros comerciales.
La dinámica de precios ayuda a explicar parte del fenómeno. El rubro prendas de vestir y calzado registró en abril una suba mensual de 3,2%, por encima del nivel general. Pero en términos interanuales acumuló apenas 12,7%, muy por debajo de la inflación general, que fue de 32,4%. Desde diciembre de 2023, prendas y calzado aumentaron 125,4%, contra 221,6% del nivel general.
Ese menor aumento relativo puede aliviar parcialmente al consumidor, pero también revela una presión fuerte sobre los márgenes del sector. La ropa sube menos que el promedio de la economía, las ventas se sostienen en algunos canales, pero la producción no reacciona, el empleo cae y muchas operaciones se realizan con rentabilidad negativa.
El avance de los productos terminados importados
Otro punto sensible del informe aparece en el comercio exterior. Entre enero y abril de 2026, las importaciones de productos textiles e indumentaria alcanzaron 107.136 toneladas y 571 millones de dólares. En términos generales, eso representó una caída interanual de 18% en toneladas y de 1% en valores.
Pero el dato de fondo no está solo en el volumen total, sino en la composición de las compras externas. Fundación Pro Tejer advierte que crecieron las importaciones de bienes finales, como indumentaria y confecciones para el hogar, mientras cayeron las compras externas de los primeros eslabones de la cadena, como fibras, hilados y tejidos.
Ese cambio es clave porque muestra una sustitución de dinámica productiva. No se trata únicamente de importar insumos para fabricar localmente, sino de una mayor presencia de productos ya terminados que compiten directamente con la producción nacional.
El informe detalla que las importaciones de indumentaria crecieron 79% en toneladas y 48% en dólares, hasta alcanzar 23.482 toneladas y 333 millones de dólares, un récord histórico para el período. Las confecciones también avanzaron con fuerza: subieron 55% en toneladas y 25% en dólares.
En cambio, los primeros eslabones de la cadena mostraron caídas muy fuertes. Las importaciones de hilados bajaron 53% en toneladas y 51% en dólares; los tejidos planos cayeron 51% en toneladas y 55% en dólares; y los tejidos de punto retrocedieron 30% en toneladas y 43% en dólares.
La lectura industrial es clara: ingresan más productos terminados, pero se compran menos insumos para producir. En un sector con baja utilización de capacidad instalada, empleo en retroceso y caída de inversiones, ese cambio en la composición importadora profundiza las tensiones sobre fábricas, talleres y proveedores locales.
La inversión también se frena
El deterioro productivo convive con otro indicador preocupante: la caída de la inversión. Entre enero y abril de 2026, las importaciones de bienes de capital para textiles y confección totalizaron apenas 26 millones de dólares, con una baja de 43% interanual y de 65% frente al mismo período de 2023.
El dato resulta especialmente relevante porque la cadena venía de un proceso reciente de modernización. Según el informe, entre 2020 y 2025 el sector invirtió más de 782 millones de dólares en bienes de capital. En 2022 alcanzó uno de los niveles más altos de los últimos doce años, con 250 millones de dólares, y en 2023 llegó a 215 millones.
Sin embargo, en 2025 la inversión ya había mostrado señales de debilidad, con 131 millones de dólares en bienes de capital importados, un nivel 39% inferior al de 2023. Si el ritmo observado en los primeros cuatro meses de 2026 se mantuviera durante el resto del año, la inversión cerraría en torno a 77 millones de dólares, una de las cifras más bajas a nivel histórico.
La combinación de datos configura un escenario difícil para la industria textil argentina. El sector produce menos, utiliza una porción cada vez menor de su capacidad instalada, pierde empleo registrado, reduce establecimientos productivos, frena inversiones y enfrenta una mayor competencia de bienes finales importados.
La paradoja es que parte del consumo puede mostrar señales positivas, pero no necesariamente tracciona producción local. En ese punto se concentra el problema central: la ropa puede venderse algo más en determinados canales y subir menos que la inflación, pero la industria que debería abastecer ese mercado trabaja con máquinas paradas, márgenes deteriorados y menos trabajadores registrados.
En un contexto de apertura comercial, caída del poder adquisitivo y presión sobre los costos, el desafío ya no pasa solo por vender más prendas, sino por saber cuánto de ese consumo sostiene producción, empleo e inversión dentro del país. El informe de Pro Tejer deja una advertencia concreta: sin recuperación productiva, la mejora parcial de algunas ventas puede convivir con una industria cada vez más chica.
“Pantallazo”

El informe completo aquí👇






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