El oftalmólogo Roberto Albertazzi recibió en Florencia el premio Giglio d’Oro, un reconocimiento internacional a la innovación, durante el Tercer Congreso Mundial de Queratocono, por una innovación quirúrgica que promete modificar el abordaje del queratocono, una enfermedad progresiva de la córnea que afecta principalmente a adolescentes y adultos jóvenes y que, si no se diagnostica a tiempo, puede derivar en pérdida severa de visión e incluso en la necesidad de un trasplante. El especialista es cofundador de la International Keratoconus Society y expresidente de la World Keratoconus Society.
La distinción fue otorgada por el desarrollo de la técnica quirúrgica denominada By-Limbic, aplicada a la colocación de anillos intracorneales. El procedimiento fue desarrollado desde el Centro de Ojos Quilmes, con el asesoramiento y apoyo científico del doctor Roger Zaldívar, y logró proyectarse desde un consultorio bonaerense hacia el debate internacional de la oftalmología.

El queratocono es una condición en la que la córnea, la capa transparente que cubre la parte anterior del ojo, se adelgaza progresivamente y se deforma hasta adoptar una forma cónica, en lugar de conservar su curvatura natural. Esa alteración provoca visión borrosa, distorsión de las imágenes, halos alrededor de las luces y dificultades para ver de noche.
Albertazzi explicó que la enfermedad “se desarrolla con mayor frecuencia en adolescentes y adultos jóvenes” y suele progresar durante aproximadamente 10 a 20 años antes de estabilizarse. Por eso, advirtió, no se trata de una patología asociada a la vejez, sino de un problema que puede irrumpir en una etapa clave de la vida: cuando una persona estudia, empieza a trabajar o comienza a manejar.
Aunque la causa exacta todavía no está completamente determinada, los especialistas señalan una combinación de factores genéticos, ambientales y hormonales. Uno de los desencadenantes más frecuentes y evitables es el hábito de frotarse los ojos de manera reiterada. Además, quienes tienen antecedentes familiares deben realizar controles oftalmológicos desde la adolescencia temprana.

Durante años, uno de los principales problemas fue el diagnóstico tardío. Según Albertazzi, durante mucho tiempo el paciente con queratocono era derivado directamente al uso de lentes de contacto, sin que eso frenara necesariamente la progresión de la enfermedad. “Esto provocaba que las personas siguieran con estadios avanzados y perdieran un tiempo precioso”, señaló.
Ese retraso puede marcar una diferencia decisiva. En etapas iniciales, los anteojos pueden mejorar la visión, pero no corrigen el problema estructural de la córnea. Cuando el cuadro avanza, las lentes de contacto pueden dejar de ser suficientes y, en los casos más graves, la alternativa termina siendo el trasplante de córnea.
La técnica que le valió el reconocimiento a Albertazzi modifica el modo tradicional de colocar los anillos intracorneales, dispositivos biomédicos que se implantan para cambiar la geometría de la córnea y estabilizar su deformación. Si bien este tipo de tratamiento existe desde hace décadas, el aporte argentino consistió en rediseñar la vía de implantación.
“El By-Limbic es una técnica diferente para colocar anillos intracorneales. Viene a modificar la técnica de los anillos que fue desarrollada hace 40 años y la modifica con la técnica del fentolaser, implantándolo por el limbo”, describió el especialista.
El limbo es la zona de transición entre la córnea y la esclerótica, la parte blanca del ojo. Al ingresar por ese sector, y no mediante una incisión directa sobre la córnea, el procedimiento permite mantener un túnel corneal cerrado, alejar los implantes de la incisión y realizar cambios de segmentos, arcos, perfiles e incluso volúmenes. También abre la posibilidad de colocar segmentos de 360 grados.
La ventaja central, según Albertazzi, es que esta modalidad reduce de manera significativa una de las complicaciones más temidas de la técnica clásica: la protrusión del anillo, es decir, su desplazamiento hacia la superficie ocular. “Bajan drásticamente las complicaciones de los implantes y el cierre definitivo de la incisión ocurre entre los 15 y 20 días: ya no se encuentra la incisión”, explicó.
Para el oftalmólogo, se trata de “un cambio de paradigma” porque abre el camino a diseños más previsibles, menos invasivos y con mayor capacidad de adaptación a las necesidades de cada córnea.
El desarrollo ya fue aprobado y publicado en bibliografía médica certificada. Ahora, Albertazzi y su equipo trabajan en nuevos diseños ya patentados, con planificación basada en gráficos vectoriales, para avanzar hacia una técnica con mayores índices de predictibilidad y repetitividad.
El abordaje del queratocono, explicó el especialista, no depende de una sola intervención. Requiere un proceso que incluye el tratamiento de la superficie ocular, la estabilización estructural de la córnea y, finalmente, la recuperación de la visión. La técnica By-Limbic actúa sobre la segunda etapa, considerada clave para detener la progresión.
“Vimos que en el ojo que está inflamado progresa el queratocono. Hay que desinflamarlo, mejorar la superficie, estabilizar la córnea -ya sea con un injerto, con un anillo o con lo que la córnea necesite- y después hacerlo ver”, resumió Albertazzi.
Aunque las primeras descripciones del queratocono datan del siglo XVII, el especialista remarcó que su manejo moderno todavía está en evolución. “La estamos aprendiendo a manejar desde los últimos años. No se conoce mucho porque es de baja incidencia”, señaló.
El reconocimiento internacional vuelve a poner en escena la capacidad de innovación de la medicina argentina en un campo altamente especializado. En este caso, el aporte no solo tiene valor académico o quirúrgico: también puede significar una mejora concreta para pacientes jóvenes que, con diagnóstico oportuno y técnicas menos invasivas, podrían evitar cuadros avanzados y tratamientos mucho más complejos.
Fuente: Agencia de Noticias NA






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