La donación de órganos suele presentarse como un gesto de solidaridad extrema, una decisión tomada en el momento más difícil para transformar una pérdida en una posibilidad de vida para otros. Pero para el doctor Luis Esquivel, director del Centro Único Coordinador de Ablación e Implantes de Misiones (CUCAIMIS), el tema debe pensarse también desde otro lugar: como una forma de inteligencia social.
En diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones, el especialista explicó que cuanto mayor sea la cantidad de personas informadas y dispuestas a donar, mayores serán también las posibilidades de que cualquier ciudadano, o sus propios hijos, puedan recibir un órgano o un tejido si alguna vez lo necesitan.
“No es una cuestión de solidaridad solamente. Primero es una cuestión de inteligencia social: saber que mis hijos estarían protegidos con un trasplante en la medida en que yo y cada uno de nosotros estemos dispuestos a ser donantes en caso de fallecimiento”, planteó.
Esquivel remarcó que los resultados en materia de donación no dependen únicamente de la conciencia individual, sino también de la calidad del sistema sanitario. Según explicó, la decisión de donar puede estar atravesada por la experiencia previa que una familia tuvo con hospitales, clínicas, centros privados o servicios de atención.
“Los resultados en donación dependen de muchos factores, no solamente de la conciencia de las personas. Dependen mucho de la calidad de los servicios de salud”, sostuvo. En ese sentido, advirtió que una persona que se sintió mal atendida, que atravesó demoras en diagnósticos o tratamientos, o que percibió algún tipo de maltrato institucional, puede mostrarse luego menos dispuesta a acompañar una decisión de donación.
Por eso, señaló que la procuración y el trasplante no pueden pensarse como áreas aisladas. “Si los hospitales funcionan bien, y los centros privados también, la gente se alinea con el sistema de salud y está más dispuesta a salvar vidas luego del fallecimiento de un familiar o en el momento de registrar si uno es donante o no”, afirmó.
Educar desde chicos para derribar mitos
Otro eje central de la entrevista fue el rol de la educación y de los medios de comunicación. Esquivel destacó que hablar de donación permite construir una mirada más transparente, menos atravesada por prejuicios y temores. “Estamos seguros, porque somos parte de un proceso que involucra a mucha gente, de que los medios de comunicación y la educación en todos los niveles, desde muy chiquitos, desde las escuelas primarias, secundarias y ahora sobre todo en los últimos tiempos las universidades, cambian la manera de ver el tema hacia una mirada más transparente, más limpia, sin tantos mitos absurdos, que son la mayoría”, expresó.
El director del CUCAIMIS, que trabaja en el área desde el año 2000, también valoró el tratamiento que el tema tuvo históricamente en Misiones. “Estoy agradecido a la educación y, por supuesto, a los medios, porque trabajo en esto desde el año 2000 y nunca vi medios amarillistas en la provincia”, destacó.
Para el galeno, informar no significa presionar ni imponer una decisión. Al contrario, sostuvo que el trabajo “se orienta precisamente no a concienciar, sino a informar para que cada persona decida si está de acuerdo, si no está de acuerdo, si quiere salvar vidas o si quiere salvar su propia vida”.
En ese punto, insistió en que la educación también permite comprender que cada persona tiene más probabilidades de necesitar un trasplante alguna vez que de convertirse efectivamente en donante de órganos. Esto se debe a que no todos los fallecimientos permiten la donación.
“Cada uno de nosotros tiene más posibilidades algún día de ser receptor que de ser donante, porque muy pocas personas, en el lugar de su fallecimiento, pueden donar órganos. Son muy poquitos. En nuestro país, no más de 40 por millón de habitantes por año”, precisó.
Una persona puede salvar varias vidas
Consultado sobre cuántas vidas puede salvar una persona que decide donar órganos y tejidos, Esquivel explicó que suele hablarse de un promedio de siete personas. Sin embargo, aclaró que para quien recibe un trasplante, el impacto no se mide en promedio estadístico.
“Se habla de un promedio de siete personas, pero en realidad cuando a uno le toca recibir un trasplante y volver a tener esperanza de vida, para uno es el 100%”, afirmó. Para graficarlo, recurrió a una frase conocida por la película La lista de Schindler: “Quien salva una vida, salva el mundo entero”.
En Argentina, la magnitud del desafío sigue siendo considerable. Según explicó, hay unas 7.000 personas esperando órganos y casi 3.000 más esperando córneas. Por eso, remarcó que la cantidad de donantes es determinante. “La cantidad es importante, sin dudas. Pero si cada persona donara al menos un órgano o un tejido, en el país no habría esa necesidad”, sostuvo.
El especialista también aclaró que el trasplante no solo implica salvar una vida en sentido estricto, sino mejorar de manera profunda su calidad. Mencionó como ejemplo a las personas que atraviesan tratamientos de diálisis, cuya expectativa de vida puede modificarse radicalmente con un órgano.
“El trasplante triplica la expectativa de vida de alguien que está en diálisis. Es decir, si una persona tenía una expectativa de cinco años, el trasplante le regala diez años más, y se puede renovar con un nuevo trasplante”, explicó.
Pero el cambio no es solamente médico. También es cotidiano, social, laboral y afectivo. Esquivel graficó que una persona que dependía de la diálisis muchas veces no podía siquiera organizar unos días de descanso o viajar a lugares cercanos como Salto Encantado o Iguazú. Con el trasplante, esa persona recupera autonomía. “Ahora con el trasplante puede ir a donde quiera. Es libre. El trasplante devuelve incluso fuerza laboral, educativa, y contribuye a la grandeza de un pueblo”, afirmó.
Más trasplantes, pero también más personas en lista de espera
El director del CUCAIMIS reconoció que tanto en Misiones como en el país hay varios factores que permiten que cada vez se realicen más trasplantes. Sin embargo, advirtió que “el problema es que ese aumento todavía no disminuyó la cantidad de gente que está en lista o que va ingresando a la lista de espera”.
Según explicó, cada año se registran más de 3.000 personas trasplantadas, entre órganos y tejidos, pero al mismo tiempo ingresan más de 3.000 nuevos pacientes a la lista de espera. “Siempre estamos empatados, ya desde hace muchos años”, resumió.
Para modificar ese escenario, consideró necesario un cambio más profundo en el sistema sanitario. “Haría falta un cambio drástico en el sistema de salud. Está comprobado en todo el mundo que los trasplantes aumentan y mejoran en calidad cuando el sistema de salud mejora, no solamente cuando la gente se predispone más a la donación”, planteó.
De todos modos, aclaró que la predisposición social sigue siendo esencial. La diferencia, explicó, es que no alcanza con pedir solidaridad si al mismo tiempo no se fortalece la confianza pública en la atención médica y en los procesos institucionales.
Los mitos que todavía frenan la donación
Uno de los puntos más sensibles de la entrevista fue el peso de los mitos. Esquivel explicó que órganos y tejidos pueden donarse después del fallecimiento, pero aclaró que, en el caso de los órganos, la donación solo es posible si la persona fallecida se encuentra sostenida en una terapia intensiva.
Ese dato, sostuvo, permite desmontar uno de los temores más frecuentes: la idea de que a una persona “la van a dejar morir” para extraerle los órganos.
“Hay gente que dice: ‘No seas donante porque te van a dejar morir para sacarte los órganos’. Pero si te dejan morir, tus órganos ya no le van a servir a nadie”, explicó.
En ese mismo sentido, fue categórico al referirse al tráfico de órganos. “En la Argentina no hay un solo caso de tráfico de órganos. No hay ninguno. O sea que ese miedo también es un mito”, remarcó.
Para Esquivel, la información clara y sostenida es la única forma de enfrentar esos prejuicios. También permite comprender que la donación no se limita a órganos sólidos, sino que incluye tejidos y otros procedimientos, como la donación de médula ósea.
“Actualmente, uno puede ser un superhéroe y salvar vidas en Misiones, en Argentina o en cualquier país del mundo”, sostuvo. Luego recordó que hay más de 120 países adheridos a un convenio internacional para donación de médula ósea, que involucra a las células precursoras de la sangre.
En Argentina, agregó, el 60% de los trasplantes de médula se realizan con médula de personas que el paciente trasplantado nunca llegará a conocer.
“Uno vuelve a reenamorarse de la vida”
Después de más de dos décadas de trabajo vinculado a la donación y los trasplantes, Esquivel admitió que los equipos que intervienen en estos procesos conviven con buenas y malas noticias. Sin embargo, escuchar que un trasplante le devolvió la vida a una persona sigue teniendo un impacto profundo.
“Todo el equipo que trabaja en esto está muy acostumbrado a las buenas y a las malas noticias. Pero nos ayuda cada vez más cuando uno piensa: ‘Sí, yo amo la vida’”, expresó.
Y agregó: “Cuando uno ve esos casos, es como que vuelve a reenamorarse de la vida y a dar todo lo que puede para que cada vez haya más gente que viva mejor, por un lado, y que se salve cuando está al borde, por otro”.
También recordó que el 30 de mayo se conmemora un episodio ocurrido en 1997, cuando una mujer trasplantada dio a luz a una criatura. En aquel momento, explicó, fue un hecho novedoso. Actualmente, si bien no lo definió como algo rutinario, señaló que ocurre con mayor frecuencia.
Actividades en escuelas, universidades y hospitales
En el marco de las acciones de promoción e información, Esquivel contó que durante todo el mes se realizaron actividades en escuelas, colegios secundarios y universidades. Además, anticipó acciones en tres hospitales de la provincia.
“Hubo actividades durante todo el mes en escuelas, en colegios secundarios y en universidades. Y hoy tres hospitales van a hacer eventos en sus ingresos, en los halls de entrada: el Madariaga, el de Oberá y el de Eldorado”, detalló.
El mensaje de fondo, insistió, es que la donación no debe aparecer solo cuando una familia atraviesa una pérdida, sino mucho antes: en la conversación cotidiana, en la escuela, en la universidad, en los medios y en el vínculo de confianza con el sistema de salud.
Porque detrás de cada operativo, de cada lista de espera y de cada registro de donantes, hay una posibilidad concreta: que alguien recupere tiempo, autonomía, trabajo, estudio, proyectos y vida.





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