Anahí Fleck
Magister en Neuropsicología. 0376-154-385152
En el entramado profundo entre cuerpo, territorio y conciencia, los sentidos no son meros receptores pasivos: son portales vivos que nos vinculan con lo que somos y con lo que nos rodea. El olfato que evoca memorias, el tacto que reconoce texturas del monte y el oído que escucha el murmullo del agua. Cada sentido es una vía de acceso al mundo, y también una vía de retorno a nosotros mismos.
Cuando estos canales se alteran -como ocurre en diversos trastornos neuropsicológicos- el vínculo con el entorno se fragmenta. Personas con trastornos del espectro autista, ansiedad sensorial, depresión o deterioro cognitivo experimentan el mundo de forma distinta, a veces dolorosa, a veces hipersensible, a veces desconectada. Sin embargo, en esa diferencia también hay posibilidad: posibilidad de diseñar entornos que sanen, que sostengan, que agraden. Posibilidad de reinterpretar realidades y formas de vivir que seguramente serán válidas también.
El oído y el olfato son externosceptores clave para el cuidado personal y comunitario: el olfato actúa como detector precoz de enfermedades neurodegenerativas y regulador emocional, y el oído sostiene la comunicación, la cognición y la prevención del aislamiento que aumenta el riesgo de demencia.
El olfato: la anosmia o hiposmia preceden a veces la clínica motora o cognitiva; su evaluación puede integrarse en cribados comunitarios para identificar personas en riesgo y activar intervenciones tempranas. En rehabilitación olfatoria, el control de factores ambientales (contaminantes, tabaco), y programas nutricionales que usen aromas para estimular el apetito y la memoria pueden resultar en alternativas viables.
El oído: la hipoacusia incrementa aislamiento social y demanda cognitiva; la intervención temprana con audífonos o implantes puede reducir la carga cognitiva y mejorar la participación social. El cribado auditivo en adultos mayores, la rehabilitación auditiva, el entrenamiento en comunicación y entornos sonoros accesibles son alternativas que disminuyen riesgos y ayudan en la adaptación que requiere la hipoacusia, por ejemplo.
Desde la ecosanación, el cuidado integra salud humana y salud ecosistémica: restaurar paisajes sonoros (reducción de ruido y protección de corredores de aves), preservar la biodiversidad aromática (jardines nativos y medicinales) pueden resultar en intervenciones que benefician olfato y oído simultáneamente. Los espacios verdes reducen estrés, mejoran sueño y favorecen la estimulación sensorial segura para personas con vulnerabilidad neuropsicológica. Adelante que la naturaleza sabe cómo hacerlo.






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