Un informe de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) traza por primera vez un panorama integral de la salud respiratoria infantil en el país. Los números revelan un sistema en tensión: rebotes postpandemia, coberturas vacunales subóptimas, un vapeo ilegal que se normaliza entre adolescentes y un mapa de vulnerabilidad ambiental que divide al territorio argentino en una brecha de hasta 26 veces.
Pero detrás de las estadísticas hay un mensaje claro: la salud respiratoria de los niños no depende solo de virus o bacterias, sino del aire que entra a sus casas, del combustible con el que cocinan sus familias y de las políticas públicas que tardan en llegar.
Virus, vacunas y el rebote que no termina
Cada año, Argentina registra alrededor de 650.000 consultas por enfermedades tipo influenza (ETI) en menores de 20 años. Tras el freno impuesto por las medidas de 2020, los virus respiratorios volvieron con fuerza: 2022 marcó un pico histórico y, aunque 2025 mostró una leve baja, la circulación sigue por encima de los niveles prepandémicos. La variante H3N2 dominó la temporada, manteniendo el corredor endémico en zona de alerta.
El problema no es solo la circulación viral, sino la protección insuficiente. Las coberturas de vacunación antigripal en menores de 2 años y embarazadas no alcanzan el 70%, con diferencias interjurisdiccionales que pueden superar los 30 puntos porcentuales. Lo mismo ocurre con el neumococo (alrededor del 80% frente a la meta del 95%) y la coqueluche, que ya muestra un repunte cíclico preocupante en 2025-2026, con más de 1.100 casos confirmados y una distribución geográfica concentrada en la región Centro y el NOA.
La única luz viene de la vacunación materna contra el VRS: con una cobertura cercana al 68%, ya se observa un descenso sostenido en hospitalizaciones y mortalidad por bronquiolitis en menores de 1 año. Sin embargo, la heterogeneidad territorial (provincias por encima del 90% frente a otras por debajo del 60%) amenaza con convertir una innovación sanitaria en un privilegio geográfico.
Tuberculosis: el silencio que delata transmisión comunitaria
Mientras las infecciones virales siguen sus ciclos estacionales, la tuberculosis avanza en silencio y sin estacionalidad. Los casos en adolescentes de 15 a 19 años crecen de forma sostenida desde 2021, consolidándose como un marcador de transmisión comunitaria persistente y fallas en el rastreo de contactos adultos. Cada caso en un menor de 5 años es una alerta roja que exige quimioprofilaxis y búsqueda activa.
A diferencia de otras patologías, la TB pediátrica no responde a campañas de vacunación ni a temporadas climáticas. Su aumento refleja determinantes sociales, barreras de acceso al diagnóstico e interrupciones en la cadena de atención. Como advierte el informe, cada adolescente diagnosticado es la punta de un iceberg que obliga a mirar hacia los hogares, las escuelas y los barrios donde la transmisión se sostiene.
Asma y fibrosis quística: cuando la falta de datos pone en riesgo políticas públicas
El asma, una de las enfermedades crónicas más frecuentes en la infancia, carece en Argentina de un sistema de vigilancia específico. Solo existen datos de egresos hospitalarios del subsector público: 20.895 internaciones en 2022, con una tendencia ascendente que ya supera la época prepandémica.
Entre 2019 y 2023, 42 niños y adolescentes murieron por asma o estado asmático. Sin un registro nacional que mida prevalencia, control o acceso a medicación, el país planea a ciegas.
Algo similar ocurre con la fibrosis quística. Pese a un marco legal sólido (Leyes 26.279 y 27.552) y un registro nacional (ReNaFQ) que cuenta 1.987 casos al inicio de 2026, persisten brechas críticas: casi un tercio depende exclusivamente del sistema público, el 13% no tiene controles actualizados y más de la mitad de los registros carecen de datos sobre la pesquisa neonatal.
Las consultas ambulatorias en neumonología y otorrinolaringología también reflejan esta fragmentación: La Pampa registra 83 consultas por cada 1.000 menores, mientras Mendoza, San Luis y Río Negro están entre las más bajas. No es solo demanda; es acceso, recursos y disponibilidad de especialistas.
El entorno que enferma: de las garrafas al vapeo ilegal
La salud respiratoria de los chicos no termina en la puerta del consultorio. El informe traza un mapa de exposiciones ambientales que condicionan cada respiro:
- Monóxido de carbono: En 2024 se notificaron 850 casos en menores de 19 años, la tasa más alta de los últimos años. Tierra del Fuego supera en 10 veces la media nacional, y la Patagonia y Cuyo concentran los mayores valores. El 31% de las internaciones ocurre en menores de 14 años.
- Gas en garrafa: Usado por el 44% de la población para cocinar. En el NEA más del 80% de los hogares lo utiliza, frente a menos del 10% en CABA y Santa Cruz. Una brecha de 26 veces que habla de desigualdad estructural y contaminación intradomiciliaria.
- Proximidad a basurales: Más de 1,8 millones de personas viven en viviendas a menos de tres cuadras de un vertedero, con picos del 25% en Tucumán, Corrientes y Jujuy. La exposición se correlaciona directamente con tasas de mortalidad infantil y quintiles de privación.
- Calidad del aire exterior: Argentina carece de una red nacional de monitoreo continuo. Las estaciones locales registraron picos de material particulado (PM10) y ozono en 2023, atribuidos en gran medida a incendios forestales por sequía.
- Vapeo adolescente (Estudio REMAP 2025): 36,7% de los chicos de 12 a 17 años ya probó cigarrillos electrónicos, y 20% los usó en el último mes. El 29,1% accedió a ellos, mayoritariamente a través de terceros. El 24,1% los considera “menos dañinos” que el tabaco tradicional, y 4 de cada 10 no vapeadores se declaran susceptibles a probarlos. La normalización social, la exposición en streaming y la influencia de pares están construyendo una nueva epidemia respiratoria en tiempo real.

La desigualdad que se respira
Todos estos indicadores convergen en un mismo eje: la inequidad. El 35,8% de la población argentina depende exclusivamente de la cobertura de salud pública, con picos superiores al 50% en Santiago del Estero, Formosa y Córdoba.
Esta dependencia se entrelaza con los quintiles de privación convergente y con las tasas de mortalidad infantil: donde hay más pobreza estructural, hay más exposición a garrafas, más viviendas cerca de basurales, menor acceso a vacunas y mayor carga de enfermedad respiratoria. No son coincidencias; son determinantes sociales que se inhalan.
Proteger los pulmones es proteger el futuro
El informe de la Sociedad Argentina de Pediatría no es solo un compendio de estadísticas; es un diagnóstico estructural. Los comités de Neumonología y de Salud Infantil y Ambiente coinciden en que la mirada sobre la salud respiratoria infantil debe ser integral: fortalecer la vigilancia del asma, cerrar brechas vacunales, regular con eficacia el mercado ilegal de vapeo, garantizar energía limpia y viviendas dignas, y convertir la consulta pediátrica en un espacio de detección temprana y educación sanitaria.
La evidencia es contundente: las enfermedades respiratorias no solo se tratan, se previenen. Y su prevención exige cruzar la puerta del consultorio para intervenir en el hogar, la escuela, la normativa ambiental y la política pública. Porque el aire que respiran los niños hoy definirá la salud que tendrán mañana. Y eso, no debería depender del código postal.
El informe completo aquí 👇
Informe situacion Enfermedades Respiratorias en PediatriaFuentes: Informe de la Situación de las Enfermedades Respiratorias en Pediatría y las Influencias de los Factores Ambientales (SAP, mayo 2026). Datos del SNVS 2.0, DEIS, INDEC, ENFR 2022, Proyecto REMAP 2025 y Boletines Epidemiológicos Nacionales N°791-792.






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