El amor por la tierra que la vio nacer llevó a la artista Gina Anders a crear un mural dedicado a Caraguatay y fue descubierto el pasado miércoles, en ocasión del centenario de esta localidad. La obra fue realizada junto al artista plástico Gerónimo Rodríguez y rescata la historia de la familia de Gina, que llegó desde Alemania, y vivió aquí hasta la trágica muerte de su padre, Enrique.
La pintora y bailarina de tango expuso los pormenores de este trabajo y de su vida, durante una entrevista con la FM 89.3, en compañía de su amiga, Teresa Marina “Teté” Moras, directora de la Escuela 1, de Posadas. “Hace un año tenía la idea de dejar algo en ese lugar donde nací. Y como soy amiga de Gerónimo Rodríguez -Teté me lo presentó hace muchos años- le pregunté: ¿por qué no haces una obra para mí? un mural. Respondió: ‘vamos a hacerlo juntos’. En Alemania me puse a revolver el baúl de fotos que tenía de mi niñez, de mi papá, del taller, de cómo fueron los inicios, los ayudantes que teníamos, los perros, ya que mi mamá -Steffani Müller-, había documentado todo con mucho amor”, comentó. Con las primeras cinco fotos que envió, Rodríguez se puso a trabajar y “así surgió esta obra de arte donde se muestra el taller mecánico con herramientas de la época, una máquina de coser y lo que me conmueve es la jarra de cerámica de Bautzen -ciudad alemana donde se producía cerámica en ese estilo, con esos puntitos y ese azul tremendo”. Esa vasija sobrevivió a la Primera Guerra Mundial junto a su abuela y a la Segunda, con su madre, que la trajo a Misiones al casarse con Anders, después de escribirse cartas durante once años. “Cuando fuimos a Alemania, en 1968, la empaquetamos y dejamos las cosas que no podíamos llevar en tres cajones grandes. Cuando volví a Misiones, con 20 años, encontré esa jarra, mamá me contó la historia y me volví loca. La llevé de regreso a Alemania, a mi casa en Múnich. El año pasado, la tenía en la mano y pensé ¿qué hacer con ella? No tengo hijos, la voy a llevar a Gerónimo para que la integrara al mural”, recordó.

“Papá falleció cuando yo tenía 7 años y mi mamá decidió volver a su país junto a sus tres hijos (Esteban, Máximo y Regina), porque le costaba mucho seguir acá sin él, que era el gran amor de su vida. Pero la tierra colorada me quedó impregnada. Tardé mucho en volver porque trabajaba por todo el mundo, tenía mucho éxito en la moda, en los 80, 90 y principios de 2000. En 2008 me enamoré en Buenos Aires y de ese amor me quedó el tango, que para mí es como una adicción. A partir de ahí, volvía por dos cosas: la tierra colorada y el tango. Siempre buscaba la ocasión para escaparme unos días, porque tenía mucho trabajo en Alemania, para visitar a mi familia que está en Montecarlo”, agregó.
En 2018 comenzó a frecuentar a “Teté”, “que es mi amiga de la infancia. Renovamos el vínculo después de muchos años sin vernos. Como al pasar, le mostré lo que estaba haciendo y enseguida me dijo: ‘tenemos que hacer algo con esto’. Finalmente, pude exponer en el Museo Juan Yaparí en 2018 y 2019.
Eso ayudó a que en Alemania me vieran como artista, muchas veces tenes que salir a otro país para que te reconozcan donde residís”, añadió. Mientras realizaban la actividad en Caraguatay, alumnos de la Escuela 467 “Seifert Moras”, se acercaron a ver el proceso. Los artistas pudieron transmitirle parte de su vivencia, su sentimiento y su amor. Los chicos cantaron a Gina la canción “Mi Pueblito Lindo”, compuesta por el maestro Emiliano Rejala. Se empezó a cantar en la década del 60 y está vigente. Las actividades por el centenario continuarán hasta el domingo.






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