Colaboración: Francisco
Pascual y Martín Ghisio
La llegada de las bajas temperaturas marca también el inicio de una temporada clave para numerosos horticultores de Misiones. En distintas zonas productivas de la provincia, especialmente en el departamento San Ignacio, cultivos como repollo, coliflor y brócoli se consolidan año tras año como una alternativa de invierno que permite diversificar ingresos, abastecer mercados locales y sostener el trabajo en las chacras durante meses donde otras hortalizas encuentran mayores limitaciones.
En localidades como Gobernador Roca, Corpus y Jardín América, los productores aprovechan las condiciones ambientales del otoño e invierno para el desarrollo de estas especies, conocidas técnicamente como “coles”. Según explicó Ariel Villasanti, extensionista de INTA Santo Pipó especializado en horticultura, las temperaturas más frescas y la duración de los días favorecen el crecimiento y la formación de las cabezas, especialmente en el caso del repollo y la coliflor. “El cultivo más demandado sigue siendo el repollo, tanto para consumo fresco como para industria”, señaló el técnico. En Misiones, gran parte de la producción se comercializa en verdulerías, supermercados y ferias francas, aunque también existe una importante demanda industrial vinculada a la elaboración de chucrut y pickles.
Entre las variedades más difundidas se encuentran el repollo redondo tipo Globemaster y el denominado “corazón de buey”. También se producen coliflor híbrido y brócoli, aunque en menor escala. En los últimos años comenzó además a aparecer el kale, una hortaliza todavía poco difundida en la provincia, pero que despierta interés por sus propiedades nutricionales y por demandas puntuales de consumidores.
Producción adaptada a la realidad local
El manejo del cultivo combina prácticas tradicionales con tecnologías que algunos productores comenzaron a incorporar para asegurar mejores resultados. La producción inicia generalmente con la siembra en bandejas de 128 celdas y, tras unos 30 o 35 días, las plantas son trasplantadas al campo.
En la región conviven distintos sistemas productivos. Mientras algunos horticultores dependen exclusivamente de las lluvias, otros avanzan en la incorporación de riego por goteo, una herramienta que permite garantizar el abastecimiento de agua y sostener los rendimientos incluso en períodos secos. “El riego implica una mayor inversión, pero asegura la productividad del cultivo y permite llegar a cosecha con el peso y tamaño adecuados”, explicó Villasanti.
La fertilización suele realizarse con cama de pollo o estiércol vacuno, y uno de los aspectos centrales para obtener buenos resultados es respetar las distancias de plantación, ya que las coles requieren espacio suficiente para desarrollar correctamente sus cabezas. Los ciclos productivos rondan los 90 días desde la siembra hasta la cosecha, aunque algunas variedades pueden acortar ese período a cerca de 80 días.
Producción organizada para abastecer la industria
Uno de los ejemplos más representativos del trabajo organizado en torno a estos cultivos es el de la Cooperativa Flor de Jardín, donde productores de la zona articulan la producción hortícola con la elaboración industrial de alimentos envasados. Allí, buena parte del repollo producido se destina a la elaboración de chucrut, mientras que la coliflor se utiliza para la producción de pickles mixtos.
Ayrton Max Bosë, responsable técnico de la cooperativa, explicó que el esquema productivo se organiza a partir de una planificación anual vinculada directamente a la demanda comercial. “En función de las ventas del año anterior se hace una proyección y, a partir de eso, definimos la cantidad de kilos que necesitamos producir. Desde la parte técnica generamos los plantines y los distribuimos entre los productores”, indicó.
Actualmente son unos 20 productores los que participan de esta cadena productiva. Algunos realizan el cultivo en el campo hortícola de la cooperativa y otros llevan los plantines a sus propias chacras para luego entregar la producción destinada a industria. Bosë destacó además que el modelo permite sostener una producción coordinada y asegurar abastecimiento continuo para la elaboración de alimentos envasados que luego se comercializan en todo el país. “Lo que es repollo se hace todo chucrut y lo que es coliflor va a pickle. Son productos que se venden en distintas provincias, tanto a través de la página web como en el salón de ventas de la cooperativa”, explicó.
A esto se suma el movimiento turístico que recibe la cooperativa en Jardín América, donde muchos visitantes recorren la yerbatera y luego acceden a productos regionales elaborados localmente. Además, la distribución mayorista permite llegar a comercios y supermercados de distintas provincias.








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