Desde que la Colectividad Paraguaya comenzó a participar de la Fiesta Nacional del Inmigrante, cuando todavía se desarrollaba en el complejo deportivo “Ian Barney”, y a lo largo de 24 años, la modista de alta costura Blanca Concepción Ibarra (84) se ocupó de confeccionar el traje típico para la joven que los representara.
“Con ese trabajo obtuvimos la reina de la colectividad, la reina de Oberá y la reina nacional del inmigrante, además del traje típico de Paraguay, que me costó mucho hacerlo porque no conseguía todo lo que necesitaba para armar un vestido como el que yo había diseñado”, manifestó orgullosa esta mujer coqueta que nació en Encarnación y en 1960 se radicó en Posadas, donde contrajo matrimonio con Abelardo Arnaldo Cuquejo, también encarnaceno. En la capital de Misiones vivieron durante cinco años y tuvieron tres hijos -el cuarto nació en Oberá-. Por un tiempo corto se establecieron en Puerto Leoni y, más tarde, en Oberá, donde su esposo era auditor de la Cooperativa Agrícola Limitada de Oberá -era su auge- y de la firma Ford.
En Villa Svea, mientras Cuquejo trabajaba para la familia Urrutia, Blanca comenzó a coser para los vecinos y sus hijos. Después fueron a vivir a Loma Porá, donde, con un grupo de amigos, conocidos y parientes formaron el Centro Paraguayo, que está frente al hospital.
“Teníamos sede propia e hicimos un hermoso salón, pero una tormenta levantó el techo y tuvimos que hacer una rifa para volver a levantarlo. A partir de la Fiesta del Inmigrante, que se hizo en el complejo deportivo, comencé a hacer los trajes típicos del Paraguay y continué por 24 años, por amor a la colectividad”, rememoró la madre de: Norma, César, Mirian y Hugo. Indicó que era mucho trabajo y responsabilidad porque las chicas tenían distinta estatura, distinta medida.
“Todos los años había que cambiar de traje y, en ocasiones, necesitaba reciclarlos para poder hacer algo que sea más llamativo”, agregó quien estudió en la Escuela profesional de Diseño de Alta Moda Italiana, primera en Misiones en su especialidad. Los más recordados fueron: el traje donde se apreciaba la Flor de Mburucuya, flor nacional paraguaya y otro confeccionado en ñandutí, tejido de hilo de algodón fino, de elaboración artesanal, que resultó premiado.
Hace unos años dejó de coser para la colectividad “pero seguí en mi casa, haciendo de modista, cosiendo para mucha gente. Dos años antes de la pandemia, dejé de coser por problemas de columna, porque son casi 60 años en esto. Empecé con 27 años, era muy jovencita”. Tras estudiar en Posadas, se dedicó exclusivamente a vestidos de 15 años, novias, recepciones. En la época de las recepciones trabajaba de 14 a 16 horas por día, sin sábado ni domingo, porque lo hacía sola, y tenía que cumplir con los pedidos. “Era muy puntillosa con mi trabajo. Así que terminaba de coser en mi piecita de costura, cenaba al caer la noche, y lo que había que hacer a mano lo terminaba en mi dormitorio”, dijo quien empezó cosiendo con una máquina Singer, alemana, automática, pero de mesa, “que pesaba un montón, y la conservo como recuerdo. Después la cambié por otras máquinas”.
Explicó que en sus diseños siempre trataba de mezclar “lo que llaman típico con un poco de lo moderno. Tal es así que hay vestidos que bordé a mano en punto cruz, que me llevó un mes. Siempre traté de cambiar, darle una forma distinta para que la chica luzca, porque también es cansador cuando se repite siempre el ñandutí”. Entiende, por lo “que leí y lo que vi en Internet, el traje típico se armó un poco con la gente que vino de Europa, por eso la parte de abajo de la falda tiene mucho volado, porque se copió de los españoles y también un poco de Francia, ya que Madame Lynch, era la esposa de Mariscal Francisco Solano López, y también impuso la moda de la época”.
Recordó que a Oberá vinieron en 1967 y “nos recibieron muy bien. Para ir al cine caminábamos por las calles de tierra y patinábamos en el bajo porque acá todo es desnivel, así que había que sostenerse uno del otro para poder caminar en el barro”.






