Aunque suele asociarse a enfermedades del pasado, el tétanos continúa representando un riesgo potencialmente mortal y los especialistas insisten en que la vacunación sigue siendo la única defensa realmente eficaz frente a la enfermedad.
Se trata de una infección grave del sistema nervioso provocada por una bacteria que habita de forma silenciosa en la tierra, el polvo y distintos tipos de materia orgánica. Puede ingresar al organismo a través de cortes, heridas punzantes, quemaduras o lesiones aparentemente menores.
Una vez dentro del cuerpo, la bacteria libera una toxina que ataca directamente el sistema nervioso y provoca rigidez muscular extrema, espasmos dolorosos, dificultades respiratorias y complicaciones que pueden poner en riesgo la vida.
Según explicó la directora médica nacional de Ospedyc, Valeria El Haj, el tétanos no se transmite entre personas y haber padecido la enfermedad tampoco genera inmunidad natural.
“La única barrera real es la prevención y haber tenido tétanos no genera inmunidad natural, por lo que la vacunación es fundamental en todas las etapas de la vida”, sostuvo la especialista.
Uno de los aspectos más delicados de la enfermedad es que no existe una cura específica capaz de eliminar la toxina una vez que se fija al sistema nervioso. La medicina actual puede controlar síntomas y complicaciones mientras el organismo atraviesa el proceso, pero el tratamiento depende principalmente del soporte intensivo y de la evolución del paciente.
“El tratamiento se centra en controlar los síntomas y las complicaciones hasta que desaparezcan los efectos de la toxina del tétanos”, remarcó el informe médico.
El tipo más frecuente es el denominado tétanos generalizado, cuyos síntomas suelen aparecer de manera progresiva y empeorar a lo largo de aproximadamente dos semanas.
Los primeros signos generalmente comienzan en la mandíbula y luego avanzan hacia el resto del cuerpo. Entre los síntomas más frecuentes aparecen los espasmos musculares dolorosos, rigidez extrema, dificultad para mover la mandíbula, tensión alrededor de los labios, problemas para tragar y endurecimiento de los músculos del cuello y del abdomen.
Con el avance de la enfermedad también pueden presentarse espasmos generalizados similares a convulsiones, arqueamiento de la espalda, contracción involuntaria de brazos y puños, además de severas dificultades respiratorias.
Los especialistas advierten que incluso estímulos menores como sonidos fuertes, una corriente de aire, el contacto físico o la luz pueden desencadenar espasmos intensos. Además, el cuadro puede acompañarse de fiebre, sudoración extrema, alteraciones en la presión arterial y aceleración del ritmo cardíaco.
Frente a heridas producidas por clavos, alambres, mordeduras, quemaduras o lesiones con presencia de tierra, los médicos recomiendan consultar de inmediato y no esperar la aparición de síntomas, ya que el período de incubación puede variar entre tres y 21 días.
En esos casos, el personal de salud evalúa el historial de vacunación y determina si corresponde aplicar una dosis de refuerzo o gammaglobulina, una intervención clave para evitar cuadros graves.
El esquema nacional de vacunación gratuito contempla la aplicación de la vacuna pentavalente a los 2, 4 y 6 meses de vida, con posteriores refuerzos de DPT entre los 15 y 18 meses, al ingreso escolar y a los 11 años mediante la vacuna dTpa.
En la adultez, los especialistas recuerdan que es necesario aplicarse un refuerzo de vacuna doble adulto cada diez años.
También las personas gestantes deben recibir una dosis de dTpa en cada embarazo a partir de la semana 20 para proteger tanto a la madre como al recién nacido.
“La prevención empieza antes de que ocurra un accidente. Revisar los carnets de vacunación de toda la familia y mantener los esquemas al día es una medida simple y fundamental”, concluyó la Dra. El Haj.
Fuente: Agencia de Noticias NA





