Colaboración: Francisco
Pascual y Martín Ghisio
Con la participación de más de 200 representantes de organizaciones de agricultores, técnicos e instituciones de investigación de Argentina, Brasil, Bolivia y Colombia, se realizó del 27 al 30 de abril en Puerto Iguazú el taller internacional del proyecto Raíces, una iniciativa orientada a la conservación, el rescate y el mejoramiento genético participativo de semillas criollas y nativas.
El encuentro reunió a productores de Misiones y Jujuy junto a delegaciones de Brasil y Bolivia, mientras que Colombia participó como país invitado con interés en replicar estas experiencias en sus territorios.
En total, participaron más de 25 organizaciones de agricultores y pueblos originarios, además de referentes de instituciones académicas y técnicas de la región, entre ellas EMBRAPA de Brasil, INIAF de Bolivia, INTA de Argentina y AGROSAVIA de Colombia.
El proyecto Raíces es financiado por el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), con apoyo de la Unión Europea y ejecución del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA). En Argentina, la iniciativa es coordinada por el INTA y prevé trabajar con 1.200 familias agricultoras, distribuidas entre Misiones y Jujuy.
Intercambio regional
Durante las jornadas desarrolladas en Iguazú, el foco estuvo puesto en compartir estrategias de conservación, producción, circulación y uso de semillas adaptadas a distintos contextos ambientales. Las actividades incluyeron capacitaciones y espacios de intercambio donde se abordaron tanto aspectos técnicos como desafíos vinculados al registro, circulación y comercialización de semillas criollas.
Uno de los momentos centrales del encuentro se desarrolló en el paraje Santa Cruz del Monte, donde los participantes recorrieron el primer corredor de agrobiodiversidad demostrativo implementado en Argentina en el marco del proyecto. El espacio está integrado por 12 familias agricultoras que desarrollan sistemas productivos diversificados, combinando maíz con otros cultivos como girasol, crotalaria juncea, poroto sable y maní, promoviendo la fertilidad del suelo y el manejo sustentable de las chacras.
El maíz “100 días”
En ese contexto se realizó una jornada de trabajo en territorio centrada en el proceso de mejoramiento genético participativo. Allí se llevó adelante la cosecha y selección de espigas de maíz previamente identificadas en el campo, bajo la coordinación técnica del investigador de EMBRAPA, Altair Machado, referente regional en esta metodología.
La experiencia se desarrolló sobre una variedad criolla conocida como “100 días”, cultivada desde hace más de 40 años por el productor Valdir de Paula. Se trata de un material adaptado a las condiciones locales, con buen rendimiento y resistencia frente a sequías, tormentas, plagas y enfermedades.
“Desde niño aprendí la selección de semillas y hoy veo a jóvenes interesados en continuar”, expresó Valdir durante la jornada, destacando el valor intergeneracional del trabajo comunitario con las semillas.
La investigadora de INTA Cerro Azul y responsable del proyecto en Argentina, Silvina Fariza, explicó que el enfoque busca acompañar a los agricultores “en sus chacras, usando sus semillas y respondiendo a sus necesidades”, brindando herramientas y conocimientos para mejorar la calidad y conservación de estos materiales. Además, remarcó que los productores “son los principales mejoradores”.
Saberes locales
Desde Colombia, la productora María Echavarría destacó el valor cultural de estos procesos al señalar que muchas comunidades históricamente realizaron mejoramiento de semillas sin reconocerlo de esa manera. “Nos hicieron creer que eso se hace solamente en laboratorios, pero nuestros antepasados lo vienen haciendo desde hace miles de años”, señaló.
Durante el taller también se puso en valor el rol de las Casas de Semillas -más de 20 actualmente en Misiones- como espacios comunitarios para la conservación, clasificación e intercambio de variedades locales.
La oficial técnica del FIDA y responsable del proyecto Raíces, Doina Popusoi, destacó que la iniciativa apunta a fortalecer la autonomía de los productores y avanzar hacia sistemas alimentarios más resilientes frente a los desafíos climáticos, promoviendo además la participación de mujeres y jóvenes en los sistemas productivos.
Como parte del cierre, los participantes visitaron una comunidad guaraní de la zona de Puerto Iguazú, donde se generaron intercambios sobre saberes tradicionales vinculados al uso y conservación de semillas. Estas actividades permitieron integrar una dimensión cultural al abordaje técnico del encuentro, reforzando la importancia histórica de las comunidades en la preservación de la agrobiodiversidad agrícola.
De esta manera, el taller consolidó redes de cooperación entre productores, instituciones y países, fortaleciendo experiencias territoriales orientadas a conservar y proyectar la diversidad de semillas criollas y nativas en la región.






