Luego de un año en que los depósitos atados al Índice de Precios al Consumidor (IPC) sufrieron una marcada caída, los plazos fijos UVA comienzan a mostrar una recuperación en el stock de pesos del sector privado. Este mecanismo, pensado para resguardar el poder de compra de los ahorristas frente a la suba de precios, vuelve a perfilarse como una de las herramientas más eficaces para obtener rendimientos superiores a la inflación. El repunte se vincula a nuevas estrategias de la banca pública y a un reacomodamiento en las carteras de inversión.
La clave del atractivo del plazo fijo UVA está en su unidad de cuenta: la Unidad de Valor Adquisitivo (UVA), que se ajusta diariamente siguiendo el Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER), vinculado al IPC. Esto asegura que el monto invertido conserve su poder de compra, independientemente de la inflación. Además, los bancos deben sumar una tasa real sobre el capital ajustado, lo que tiende a garantizar un rendimiento positivo en términos reales.
El renovado protagonismo de este instrumento se relaciona con la necesidad de los inversores de protegerse frente a la volatilidad. Durante buena parte de 2025, la tasa fija permitió superar la inflación en meses de menor presión de precios; sin embargo, ante un repunte inflacionario, el plazo fijo tradicional vuelve a quedar rezagado frente a las opciones indexadas.
La alternativa del Banco Nación
En este contexto de renovado interés por cobertura inflacionaria, el Banco Nación implementó cambios en la estructura de este producto. La entidad estatal apunta a captar fondos del sector privado mediante un esquema que atenúe la principal desventaja del instrumento: la falta de flujo durante el periodo de inversión.
La nueva modalidad del plazo fijo UVA del Banco Nación permite cobrar intereses mensuales con una tasa anual del 4,5 por ciento. A diferencia del esquema habitual, donde los intereses y el capital ajustado se cobran al vencimiento del plazo (al menos 180 días), la alternativa lanzada por el BNA acredita los intereses por ajuste cada 30 días en la cuenta del cliente, mientras que el capital actualizado se paga al finalizar el contrato.
Para acceder a esta opción, el plazo mínimo es de 90 días y el máximo de 1.095 días, con un monto inicial de 1.500 pesos. Este formato está orientado a quienes necesitan una renta periódica sin quedar expuestos a la erosión inflacionaria, pero sin perder liquidez total.
Repunta el uso del plazo fijo UVA
En 2025, la utilización de estos depósitos se redujo de forma notoria. El descenso se mantuvo constante por la preferencia de los ahorristas por alternativas más líquidas o instrumentos de tasa fija, que en algunos periodos de menor inflación ofrecieron retornos competitivos sin exigir la inmovilización de fondos típica del sistema UVA. Los datos muestran que el stock promedio mensual de estos depósitos pasó de $840.500 millones al cierre de 2024 a $698.400 millones en diciembre de 2025, según valores constantes.
Pese a la caída acumulada en el año, las cifras del primer bimestre de 2026 muestran que la tendencia descendente se interrumpió. Según el Banco Central (BCRA), en febrero de 2026 el sistema financiero registró $375 mil millones en plazos fijos ajustables por UVA. Esta cifra representa una suba real mensual del 18,7% frente a enero, aunque sigue reflejando el impacto de 2025: implica una disminución real interanual de 51,6% respecto al mismo mes del año anterior.
Entre las dos categorías principales de este stock, los plazos fijos UVA tradicionales sumaron $154 mil millones, mientras que los precancelables alcanzaron $221 mil millones. La preferencia por la opción precancelable evidencia que el ahorrista busca preservar su capacidad de compra ante la inflación pero desea mantener la posibilidad de disponer de los fondos antes del vencimiento, aun resignando la indexación y obteniendo una tasa inferior.
En contraste, los depósitos a tasa fija mantienen volúmenes mucho mayores. Los plazos fijos tradicionales totalizaron $57.716 miles de millones en febrero de 2026, con un alza interanual real del 6,9 por ciento. Este segmento sigue siendo el principal destino para el excedente de pesos a corto plazo, favorecido tanto por la política de tasas del Banco Central como por la búsqueda de previsibilidad nominal.
Fuente: Infobae.





