Lo que pudo haber terminado en una tragedia familiar en el norte misionero se detuvo gracias a la lucidez de dos menores y la inmediatez de la tecnología. En la noche del viernes, en el corazón del Paraje Piray Guazú (Pozo Azul), una mujer de 41 años fue detenida tras protagonizar un violento episodio contra sus propias hijas de 8 y 13 años.
El drama salió a la luz cuando el padre de las niñas empezó a recibir una serie de audios de Whatsap que erizan la piel: sus hijas, en medio del llanto, le suplicaban ayuda. En los mensajes relataban que su madre, en evidente estado de ebriedad, había comenzado a agredirlas físicamente.
Tras la denuncia inmediata en la comisaría local, una patrulla se desplazó hacia la zona rural. No fue una detención sencilla. Al llegar al domicilio, los efectivos se encontraron con un escenario de alta tensión. La mujer, lejos de deponer su actitud al ver los uniformes, reaccionó con mayor violencia e intentó atacar al personal policial, lo que obligó a los agentes a realizar una maniobra de reducción para esposarla.
Luego de los exámenes de rigor en el hospital de San Pedro -procedimiento estándar para constatar el estado de intoxicación y descartar lesiones previas-, la acusada fue alojada en la Comisaría de la Mujer, donde quedó a disposición de la Justicia de Instrucción.
Más allá de lo judicial, la prioridad fue el estado psicofísico de las niñas. Tras ser asistidas, las menores fueron entregadas formalmente a su padre bajo un acta de resguardo. El caso pone de relieve, una vez más, la vulnerabilidad de las infancias en contextos de ruralidad y consumos problemáticos.





